Primera rueda

Concurso: La Clave trajo una fiesta de crítica y colorido al Collazo

Sarabanda mostró un destacado nivel y Aristophanes hizo una gran segunda parodia

La Clave 2019. Foto: Twitter @teatrodeverano
La Clave 2019. Foto: Twitter @teatrodeverano

La murga La Clave cerró en gran nivel una nueva noche de carnaval en el Teatro de Verano, colocándose entre el selecto grupo de las que parecen pelear por puestos destacados en la principal categoría del carnaval. El repertorio se denomina La fiesta de la queja, y se desarrolla construyendo un fuerte clima de crítica y humor, dos de las vertientes que el grupo ha manejado con singular calidad en varios de los últimos repertorios.

La propuesta reivindica también el conjunto de festividades y celebraciones que existen en nuestro país, invitando al espectador a visualizar la singularidad e identidad de cada una de ellas, algo que muchas veces queda fuera del alcance del radar del montevideano.

A nivel escénico brilla un vestuario que propone una explosión de color, y una puesta en escena e iluminación de primer nivel, áreas en las que el grupo suele estar ternado año a año.

Hay un medio bueno, satisfactorio y parejo, que apuesta al humor y consigue un buen rédito global, a pesar de que hay algunos cuplés que tienen terreno para una mejor devolución de la platea. Dentro del planteo cómico también hay espacio para un cuplé sobre los inmigrantes, que tras unas primeras cuartetas humorísticas, da un giro de espiral hacia el costado reflexivo, alcanzando también muy buenos momentos y climas.

El tenor del espectáculo es esencialmente colectivo y transcurre con gran intensidad, pautado por una musicalidad punzante e intensa, que no da chance al espectador siquiera a tomar una bocanada de aire.

El conjunto de virtudes, que requerirán algunos ajustes en el plano sonoro para evitar que se escapen algunos remates en solos y dúos, posicionan otra vez al grupo entre las mejores propuestas que han pasado hasta el momento por el Collazo.

Apertura

Murga

La etapa fue abierta por la murga La Pregonera, que presentó el espectáculo Sopa de letras, desarrollado con un estilo tradicional. La murga tuvo un trabajo más que aceptable.

Mostró un medio con altibajos. No obstante, se las ingenió para proponer golpes humorísticos y varios pasajes de crítica, momentos donde, definitivamente, estuvo la mayor comunicación.

Los puntos fuertes de la murga son su coro, musicalidad y arreglos —a cargo del experimentado Jorge Velando— y una destacada apuesta de vestuario, tanto para sus medios como para su despedida.

No es una de las murgas que más proponen escénicamente, pero eso se entiende desde su postura clásica, que no requiere mayor énfasis en la parte interpretativa. Se destacó el trabajo de Pablo Barrios en el cuplé del diferente, donde La Pregonera encontró sus pinceladas de mayor profundidad.

A tercera hora

Parodismo

El tercer turno de la noche fue para los parodistas Aristophanes, que se reencontraron con su sello carnavalero basado en muy buenos libretos, luego de un 2018 donde las expectativas no fueron colmadas.

El trabajo tuvo dos representaciones: Corazón Valiente y el Movimiento Tacurú, obras que presentaron fluidez y una buena respuesta del público, en especial la segunda, una vez que el elenco superó algunos problemas de audio, al inicio.

La segunda parodia tuvo una mejor respuesta, tal vez porque se trata de un relato cuyas generalidades ya están en conocimiento del público, y por ende, el espectáculo no necesita detenerse en mayores explicaciones. Además, ayudó el hecho de que se trata de una historia con trasfondo humano, tema que suele ser la especialidad del grupo.

A nivel escénico se apuesta por la participación colectiva, que se complementa con las buenas individualidades.

Dentro de un conjunto de importantes virtudes relativas al texto, vale señalar también que el grupo da algunas ventajas a nivel escénico y de vestuario. Sin embargo, aciertan notoriamente en un rubro central de la categoría: el texto, que fue cálido, emotivo y muy bien construido.

A segunda hora

Candombe

A segunda hora actuó la comparsa Sarabanda, que una vez más se posiciona como una importante animadora de la categoría. Presentó una muy atractiva propuesta que reivindica las necesidades del cuidado del planeta, en tiempos de destrucción, amenazas y desintegración, producto de la acción devastadora de hombre.

El trabajo tiene muy buenas interpretaciones a nivel de solistas y música, donde se destacan Pedro Díaz, Daniel Sastre, Oriana Madruga y Jacqueline Mor. Combina una serie de personajes que, a modo de fábula, hacen un alegato a favor de la naturaleza y el medio ambiente. El texto, en algunos cuadros también descentra hacia el llamado a la justicia, la solidaridad y la libertad, entre otros temas propios de este tiempo.

Hay un muy buen vestuario y una exigente propuesta visual, área en la que también hay espacio para mejorar en el plano coreográfico, donde se observaron algunas leves pero notorias imprecisiones.

El conjunto de elogios y la ambiciosa propuesta van en sintonía con el feliz regreso al carnaval de Ángela Farías, que estuvo alejada algunas temporadas, pero que ahora regresó para calzarse la dirección de un espectáculo que también apunta alto en la comparsería.

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