CARNAVAL 2019

Concurso: Cayó la Cabra pateó el tablero murguero

Hubo una muy buena actuación de Araca; Zíngaros tuvo altibajos en parodias

Cayó La Cabra en el Teatro de Verano. Foto: @teatrodeverano
Cayó La Cabra en el Teatro de Verano. Foto: Twitter @teatrodeverano

Cayó la Cabra cerró estupendamente la noche del domingo en el Teatro de Verano, luego de tres jornadas sin función a causa de las Llamadas y del mal tiempo.

Mostró un espectáculo sólido, coherente y muy bien desarrollado, narrado a través de su característico código de humor, cuya clave es explorar y caricaturizar las contradicciones y acciones de los individuos, a través de una mirada satírica sobre los microscópicos trazos de la cotidianidad.

Es un espectáculo de naturaleza política, porque toma como concepto central la idea de los buenos modales y el deber ser, de modo que asume la existencia de un mundo de reglas consagradas, donde salirse del renglón está prohibido, es impensado o resulta vergonzante.

En consecuencia, el texto tiene una ardua tarea: describir, desordenar, transgredir y desenmascarar ese universo de lo normal, formal y establecido, usando el imprescindible condimento de la risa como lenguaje primordial, aunque no único.

Conviven en escena múltiples recursos persuasivos. Por momentos los personajes se expresan desde la ironía, otras veces usan un poco de sana tontería, otras veces se recuestan sobre una deliberada ingenuidad y también hay escenas donde apelan a la popular viveza criolla, si es que el texto requiere cortar grueso y pasar bruscamente a la siguiente escena.

El cuplé de la independencia del hogar es una extensa pieza de excelencia, donde los remates desopilantes recrean el día a día de aquellos que cortan el cordón umbilical con la familia, debiendo encarar las nuevas fórmulas de convivencia. Se trata de una temática que opera de modo práctico para conectar con una generación juvenil que, a su vez, es la que se encarga de expandir un clima de fiesta, vibrante, con un altísimo voltaje de carcajadas.

También, inesperadamente, Cayó la Cabra tiene opinión política partidaria, una zona virgen en sus textos hasta este carnaval.

Lo hacen en un cuplé donde, bajo el mecanismo de designación directa, se despliega una áspera crítica a los posicionamientos políticos de un candidato de la oposición, en temas como seguridad o la nueva agenda de derechos. El momento fue uno de los más aplaudidos de la noche.

Prosigue un cuplé sobre la sexualidad, que es otro de los puntos brillantes del repertorio, porque otra vez reaparece la tensión que combina y problematiza, jocosamente, sobre lo prohibido, lo privado, lo personal, lo “normal” y lo sujeto a pautas hegemónicas, en un tema profundamente personal e importante en la vida de los individuos.

El cierre del show, que ya había hecho un alegato en favor de una vida regida por nuestras propias reglas, profundiza su sentido humanista en favor de la libertad de opciones de los individuos, momento al que se le suma una bellísima despedida que —anuncian— estará dedicada las cosas perdidas. Pero a medida que avanza, propone una sutil poesía para hablar de las posibilidades de encuentro, igualdad y justicia.

Al deleite de sus textos se suma una exquisita ambientación escénica, con personajes que parecieran pertenecer a un mundo circense o del clown, más un coro claro, justo, preciso y acorde a las necesidades interpretativas, donde la sutileza de los énfasis e intenciones es más importante que el despliegue de volumen por sí mismo.

Más murga

Araca La Cana

La segunda hora fue protagonizada por Araca la Cana, en su mejor presentación de las últimas temporadas.

La murga de Catusa Silva había asomado muy buenos destellos en la prueba de admisión, y ahora lo confirmó gracias a la sumatoria de momentos muy logrados en el texto, coro y escena.

El espectáculo abre el telón con un vestuario en blanco y negro. Su libreto invoca a los personajes de la comedia del arte para recuperar el color de carnaval en una buena y ágil presentación, que da paso al desarrollo de una propuesta dividida en varios momentos de humor, crítica y reflexión.

La trama se sitúa en un callejón, en el cual se van desarrollando los distintos bloques. A diferencia de años anteriores, donde el grupo dividía su propuesta en segmentos largos, esta vez se trabajó con cuadros mucho más breves y humorísticos, definiendo un territorio de comunicación que no siempre era el más explorado por La Bruta.

Hay cinco momentos centrales parejos y equilibrados: un salpicón político, un cuplé al “Colorado de Omar”, otro al Partido Colorado, uno sobre la publicidad y los jingles, y uno final sobre el despreocupado.

En el salpicón predomina la crítica, en los tres cuplés centrales llega el turno del humor, y en el pasaje final vuelve otra vez la crítica, pero ahora enfocada sobre temas más conceptuales como la marginalidad, cuyas definiciones van trasuntándose desde el inicio del repertorio.

Es en este pasaje final donde Araca saca a relucir su modo punzante y directo, al tiempo que una despedida vibrante —cuyo comienzo puede ser mejorado para la segunda vuelta en materia coral— le dan el impulso justo para recibir un gran aplauso.

A falta de una segunda rueda para la totalidad de las agrupaciones, la murga del Paso Molino consolidó un importante salto de calidad y tiene argumentos para pelar por a uno de los lugares en la ronda final, de los que en las últimas temporadas estuvo lejos.

PARODIA Y HUMORISMO

Zíngaros y Los Bergoglios

El tercer turno de la noche correspondió a parodistas Zíngaros, cuya propuesta puede analizarse desde dos ópticas antagónicas, en el marco de un resultado dispar.

La primera y más positiva corresponde a sus aristas técnicas, que otra vez resultaron descollantes. Los elogios son contundentes para sus voces, música, vestuario, escenografía y coreografías, áreas en las que el grupo nunca falla. En cambio, el efecto de sus parodias no fue el esperado.

A la primera —El Padrino— le costó concentrar el clima humorístico y ritmo, como resultado de un texto irregular. La segunda—Colombina, basada en la canción de Jaime Roos— tiene una concepción un tanto más original.

También tiene terreno para superarse en el humor, aunque encuentra climas acertados y un final destacado, con actuaciones cálidas del siempre genial Luis Alberto Carballo y de Rosina Benenati, que hizo un buen debut en la categoría.

Se espera una segunda rueda con mayor desarrollo escénico, agilidad y más contundencia general, tomando en cuenta que es un elenco plagado de figuras y con mucho oficio de concurso.

La apertura de la etapa fue con los humoristas Los Bergoglios, cuya propuesta tuvo escasa devolución de la platea.

El grupo de Claudio Ramos había sido muy criticado el pasado año a raíz del uso de un estilo de humor de brocha gorda, de modo que este año buscó nuevos mecanismos de elaboración que, aunque no le hayan dado dividendos inmediatos, merecen considerarse positivamente, ya que se corresponden con una sensibilidad mucho más en sintonía con los tiempos que corren.

La propuesta está dividida en dos bloques: una humorada sobre las ancianas y otra sobre los planetas del sistema solar. Ambas tienen un amplio territorio de mejoras en materia interpretativa y de rendimiento del humor, que son esenciales a la hora de mirar la globalidad.

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