Cine

Zoolander 2: "Los modelos no somos idiotas"

Ben Stiller y Owen Wilson vuelven a burlarse del mundo de la moda en su nueva película.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Ben Stiller y Owen Wilson en Zoolander 2. Foto: Philippe Antonello

Cuando empieza Zoolander 2, con una persecución en auto al mejor estilo "Misión imposible" en las calles de Roma, Derek Zoolander —una vez un modelo rídiculamente fachero y triple ganador del título Modelo del Año— brilla por su ausencia.

Pero cuando las máximas estrellas de la música en el mundo empiezan a ser víctimas de un misterioso asesino —todas ellas haciendo el patentado gesto de Zoolander "Blue steel" en las últimas fotos que suben a las redes sociales— el increíblemente tonto pero querible modelo sale de su retiro autoimpuesto para ayudar a Interpol. Y se encuentra con un mundo de la moda que apenas reconoce.

También es diferente la manera en la que la industria del cine respondió a la nueva película, 15 años después de que Derek (Ben Stiller) y su némesis Hansel (Owen Wilson) hicieron su debut.

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"La primera vez, éramos unos outsiders en el mundo de la moda", dice Ben Stiller, director, protagonista y co guionista de ambas películas. Para la nueva entrega —anunciada para estrenarse este jueves en Montevideo— tanto diseñadores como modelos clamaron por formar parte de la película. O al menos de la estrategia de marketing de ésta en las redes sociales, tan creativa como insistente.

La larga ausencia de Derek y Hansel de la pantalla bien puede ser una ventaja. La industria de la moda, desde entonces, ha abrazado las redes sociales para objetivos cada vez más globales. Y la simbiótica relación entre cultura pop y moda es aún más estrecha.

"Esto es sobre vanidad y ego", dice Stiller sobr el idea original de la película. "Y creo que algo ha pasado en ese sentido desde que nuestros teléfonos se convirtieron en cámaras que conectan con la idea de estar obsesionados con nosotros mismos".

La obsesión con uno mismo es algo en lo que la industria de la moda es experta. En el proceso de producción de la primera película, la mayor parte de los popes de la industria no sabía muy bien cómo interpretar las intenciones de Stiller. Wilson recuerda que varios modelos se fueron del rodaje, indignados por cómo se retrataba a su oficio.

Prácticamente todos los bolos de la primera película (incluido Donald Trump) se consiguieron con un estilo de filmación "guerrillera" llevando la cámara a la alfombra roja de los VH1 Fashion Awards. Y se eligeron a actores parecidos a varias figuras importantes de la industria para filmar la escena en la que se arma el complot del villano Mugatu (Will Ferrel)

En Zoolander 2 están los popes de carne y hueso. Los diseñadores Marc Jacobs, Tommy Hilfiger, Valentino y Alexander Wang se sumaron a la producción para hacerse publicidad y, de paso, intercambia insultos con el personaje de Ferrell. Jacobs es tan fanático de la primera película que hace poco filmó un breve homenaje a la escena en la que Zoolander sale con amigos a tomar café (Mocca Frappucino con naranja).

La guía de Stiller en este extraño e intimidante mundo fue Anna Wintour, la todopoderosa árbitro de estilo y creadora de carreras desde su puesto de editora en jefe de la revista Vogue. "Tenerla a ella para que validara lo que estábamos haciendo fue lo mejor, nos abrió un montón de puertas", dice Stiller.

Siendo admiradora de la primera película, Wintour dirigió a Stiller hacia diseñadores relevante y modelos, y le explicó las redes sociales pusieron al mundo de la moda patas para arriba.

Wintour lo puso en contacto con los directores creativos de Valentino —Maria Grazia Chiuri y Pierpaolo Piccioli—, lo que resultó en el desfile de Derek y Hansel en la muestra de Valentino durante la Semana de la Moda en París, que fue el anuncio de que se venía Zoolander 2. Fue una jugada sorpresiva que acaparó muchos titulares, y mucho más efectiva que un comunicado oficial. Wintour, por supuesto, aparece en la película, haciendo de ella misma y también enfrentándose a Mugatu.

Justin Theroux, que en la primera película interpretaba al diabólico DJ y que escribió el guión junto a Stiller para la secuela, dice que las películas de Zoolander —que tienen un toque más liviano que, por ejemplo, Ready to wear de Robert Altman— son parecidas a otra parodia en la que él también participó como guionista: Una guerra de película (2008), también dirigida por Ben Stiller.

"Esa es la belleza de este tipo de sátira. Muchos van a poder decir Sé qué tipo de actor es ese. O He trabajado con modelos como ese. Pero ninguno va a pensar que son ellos a quienes parodiamos. Es un juego maravilloso de señalar ciertas cosas, pero nadie sale ofendido y todos lo disfrutan". Y tanto los modelos como los diseñadores entienden que puede ser redituable, en una cultura globalmente interconectada, reírse un poco de sí mismos.

La red.

Instagram es el vehículo perfecto para una industria como la de la moda, impulsada por la imagen. Y los supermodelos de hoy entienden que un post en el cual muestran una imagen más humana y personal (si se autoparodian, mejor) tiene más resonancia que la última tapa para una revista.

Y los responsables de Zoolander 2 están sacándole el máximo jugo a esas conexiones. Cara Levigne, por ejemplo, acompañó el estreno de la película en París dándole a sus 26 millones de seguidores en Instagram lo mejor y lo peor de sus tres horas con Derek.

En Italia, Derek y Hansel posaron en la vidriera de la tienda oficial de Valentino, en una serie de movimientos que luego se editaron en video que se subió, por supuesto, a Instagram.

Stiller, por su parte, parece asombrado por toda la atención que la nueva película está recibiendo: "Es como si Derek renaciera. Estuvo unos años fuera del negocio, pero volvió y lo hizo con mucho éxito. Finalmente llegó a la tapa de Vogue. Me alegro mucho por él. El negocio de la moda es implacable".

Una película de culto que que se hizo exitosa.

Estrenada en setiembre de 2001, la película generó la modesta suma de 45 millones de dólares en la taquilla de Estados Unidos, pero gracias al DVD, Zoolander (con su tonterías y sátiras) estiró su vida y se fue convirtiendo en una película de culto. "No creo que haya hecho una película en la que hay una conexión tan fuerte con los fanáticos como esta", dijo Stiller.

Casi cada vez que Stiller andaba promocionando una película, escuchaba lo mismo: "¿No habrá secuela de Zoolander? Por favor!". Finalmente, luego de muchas idas y vueltas, Paramount le dio el visto bueno a la secuela. En parte, porque el presidente de este estudio, Brad Grey, sabe que Stiller es una casi una anomalía en la industria: una estrella estadounidense al que le va mejor en el extranjero que en su propio país.

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