El legendario escritor Dalton Trumbo es recreado por Bryan Cranston

De Walter White a una famosa víctima de la "caza de brujas"

Es posible que para Bryan Cranston sea la oportunidad de saltar definitivamente del estrellato televisivo a la gran pantalla. Naturalmente, el actor ya ha hecho cine, pero en el imaginario colectivo está instalado, sobre todo, como el Walter White de la serie Breaking Bad.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Esta vez su arma no son las drogas, sino su máquina de escribir.

Actualmente, sin embargo, Cranston encabeza el elenco e interpreta el papel titular de Trumbo, película dirigida por Jay Roach que se presentó el pasado jueves en Londres, en la que encarna al famoso guionista cinematográfico y novelista norteamericano Dalton Trumbo, famosa víctima de la "caza de brujas" anticomunista de Hollywood en los años cincuenta. También actúan en el film Elle Fanning, Diane Lane y Helen Mirren, esta última como Hedda Hopper, la temible chismógrafa de Hollywood.

Cranston dijo a la prensa al presentar el film que la de Trumbo "es una historia admonitoria", que "sucedió en Estados Unidos cuando fue violada la Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos referente a la libertad de expresión, y Trumbo fue a prisión sin haber cometido ningún crimen. Creemos que tiene una resonancia internacional".

Tiene razón, por supuesto, pero conviene añadir contexto a la historia de Dalton Trumbo. Fue uno de los "Diez de Hollywood", guionistas o directores de cine (los otros: Herbert J. Biberman, Lester Cole, Edward Dmytryk, Ring Lardner Jr., John Howard Lawson, Albert Maltz, Samuel Ornitz, Adrian Scott y Alvah Bessie) que se negaron a colaborar con la Comisión Sobre Actividades Antinorteamericanas del Congreso de los Estados Unidos, presidida por J. Parnell Thomas, que investigó la infiltración comunista en la industria del cine, y fueron procesados por desacato. Normalmente se supone que en eso tuvo algo que ver Joseph McCarthy, pero es un error: McCarthy era senador, no congresista, nunca se metió con el cine, y más bien se dedicó a denunciar a comunistas reales o imaginarios en el gobierno.

Tampoco es exacto que los acusados fueran "supuestos" comunistas. Todos ellos eran integrantes del Partido o lo fueron en algún momento, aunque varios pusieron a cierta altura los pies en polvorosa, con algún extremo desagradable de delación en Dmytryk, un empeño en mantenerse en su trece de John Howard Lawson, y un sensato giro hacia la socialdemocracia en Paul Jarrico, que no estuvo entre los "Diez" pero fue uno de los acusados.

En 1940 (aunque oficializó su afiliación en 1943), Trumbo seguía la línea del Partido de oponerse a la entrada de Estados Unidos a la Segunda Guerra Mundial (en ese momento Hitler y Stalin eran socios), pero cambió de opinión cuando la Wehrmacht invadió la Unión Soviética. Luego comenzó a tomar distancias. Se desafilió en 1948 y se alejó más después, sobre todo luego de conocer las denuncias de Nikita Kruschev contra Stalin en el famoso XX Congreso del Partido Comunista de la URSS de 1956.

Nada de eso cuestiona la inmoralidad esencial de las investigaciones de la Comisión: ser comunista en Estados Unidos no era delito, y la persecución fue arbitraria. Su peor consecuencia fueron las "listas negras", que oficialmente la industria no admitió que existieran, pero que empujaron a muchos al desempleo o al exilio.

El caso de los actores era insoluble, porque cuando se ponían ante el lente de una cámara terminaban siendo descubiertos en la sala de cine. Lo que ocurrió con los libretistas "prohibidos" fue más hipócrita. Casi todos continuaron escribiendo con seudónimo, o utilizando testaferros que les sirvieron de pantalla.

El ejemplo de Trumbo fue paradigmático. Tenía ya un considerable prestigio en Hollywood cuando le cayó encima la Comisión, pero siguió escribiendo sin que su nombre apareciera en los créditos. Llegó a ganar dos Oscar que no pudo recoger, por La princesa que quería vivir (1953) de William Wyler, y por El niño y el toro (1956). En 1960 Kirk Douglas decidió que era hora de que figurara como libretista de Espartaco. "¿Qué van a hacer, meternos presos?", preguntó Kirk. Ese día se acabaron las listas negras. Trumbo y otros salieron de la clandestinidad, y nuestro escritor pudo firmar otros trabajos para Douglas (Último atardecer, 1961; Los valientes andan solos, 1962)), Preminger (Éxodo, 1960), Minnelli (Almas en conflicto, 1965), Franklin J. Schaffner (Papillon, 1973) y varios más. También llevó al cine como director su novela antibélica Johnny Got His Gun (1971). Murió en septiembre de 1976.

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