Cambios

"Lo que el viento se llevó", el clásico que se colocó en el centro de un debate político

En medio de las protestas sociales, la cadena decidió retirar la película de 1939 de su plataforma de streaming y volverla a subir con un contexto histórico de su tratamiento de la esclavitud

Lo que el viento se llevó
Hattie McDonnell como la fiel esclava

Aunque siempre ha habido unanimidad en cuanto a sus notables aspectos formales, otra clase de críticas acompañan a Lo que el viento se llevó desde su estreno hace 81 años. Ya entonces, el guionista afroestadounidense, Carlton Moss, habló de su caracterización de los personajes negros como “perezosos, torpes, irresponsables” y la acusó de mostrar una “radiante aceptación de la esclavitud”, según recordaron ayer agencias de noticias.

Esa acusación, que podría ser aplicada a otro montón de los grandes clásicos de la cultura mundial sin que mengüen su estatus de obras maestras, se ha repetido desde entonces con mayor o menor intensidad y desde varios frentes.

Esta semana -en medio de la ola de protestas en Estados Unidos que denuncian la violencia policial contra los afroestadounidenses- la cadena HBO anunció que retiraba Lo que el viento se llevó de su servicio de streaming, HBO Max. Lo hacía por considerarla “un producto de su tiempo” y representar “algunos de los prejuicios étnicos y raciales que, desafortunadamente, han sido comunes” en la sociedad estadounidense. “Estas representaciones racistas estaban mal entonces y hoy también. Sentimos que mantener este título sin una explicación y una denuncia de esas representaciones sería irresponsable”.

La plataforma aclaró sobre ese último punto anunciando que la salida de la película de su grilla, en realidad, es temporal y que volverá en otras condiciones: “con una discusión de su contexto histórico y una denuncia de esas mismas representaciones, pero se mostrará tal y como se creó originalmente, porque hacer lo contrario sería lo mismo que afirmar que estos prejuicios nunca existieron", según informó The Hollywood Reporter.

“En cualquier circunstancia, censurar una obra es la peor decisión”, le dijo a El País, Valentín Trujillo, director de la Biblioteca Nacional.. “Con respecto a Lo que el viento se llevó, por suerte se puede ver de otras formas. Es un peliculón que tiene el mérito de haber sido una producción muy compleja con tres o cuatro directores distintos. A pesar de cambios de criterios, lograron hacer una obra épica y monumental, más allá de lo que uno puede opinar. Uno puede analizar el argumento y creer que efectivamente hay racismo, o que unos personajes negros estén tratados de determinada manera, pero eso no quita su valor artístico”’.

Basado en una novela de Margaret Mitchell publicada en 1936, Lo que el viento se llevó es considerada, y con justicia, una de las películas más importantes de la historia del cine. Sigue siendo una de las más taquilleras y se hizo de ocho Oscar, incluyendo uno para Hattie McDaniel, la primera afroestadounidense en estar nominada y en ganar un premio de la Academia.

Es un melodrama épico e histórico vistosamente contado que dura cuatro horas y abarca la peripecia dramática de una familia sureña durante la Guerra de Secesión. Presenta el sur como un territorio idílico en el que la esclavitud es parte del paisaje y no necesariamente una contrariedad.

McDaniel -a quien no se le permitió ir a la ceremonia a recibir el Oscar- interpreta, desde un lugar común y acrítico, a Mammy, la esclava que es ama de llaves, nanny y confidente de Scarlett O’Hara, el personaje central que interpreta Viven Leigh. El final con la patrona sorteando todos los inconvenientes es una oda al empoderamiento femenino que ya estaba en la novela de Mitchell, uno de los grandes best sellers de su tiempo. La novela tiene menciones benévolas hacia el Ku Klux Klan que el productor David O. Selznick evitó en la película.

En Uruguay, de acuerdo al sitio Cinestrenos, Lo que el viento se llevó se estrenó el 25 de enero de 1940 en el cine Metro. Desde entonces se volvió a exhibir en 1941, 1948, 1950, 1955, 1962, 1968, 1974, 1979, 1981, 1984 y 1989. Ese tipo de permanencia es insólita en la industria del entretenimiento y su factura y su historia son un gran ejemplo del alcance artístico e industrial del cine.

“Más que cualquier película sobre la Guerra Civil, Lo que el viento se llevó revela la habilidad astuta con la que la supremacía blanca crea sus propios mitos”, escribió, en 2017, la periodista afroestadounidense Angelica Jade Bastién.

“Es necesario examinar esta clase de contenidos y producciones audiovisuales”, le dijo a El País, la artista plástica y activista uruguaya Mayra Da Silva, quien trabaja sobre la afrodescendencia. “Pero el desafío no radica en levantar la película para no ver estas acciones, sino generar una conciencia antirracista, y que cada vez que las personas reproduzcan la película puedan dimensionar lo que allí se ve y retomar su compromiso. Ya no basta con no ser racista, es necesario ser antirracista”.

En el comienzo de Infiltrado en el KKKlan, su película del año pasado, el director Spike Lee editorializa sobre el papel de la política y el cine en la consolidación de estereotipos raciales. Los ubica como parte de esa desventajosa grieta racial que se ha hecho explícita en la violencia policial y en los cientos de manifestaciones pacíficas que han salido a condenarla.

Infiltrado en el KKKlan -que le dio a Lee un Oscar por su guion- se inicia, justamente, con una de los momentos más dramáticos de Lo que el viento se llevó, ese en el que Scarlett busca a Ashley entre las víctimas de la guerra mostrada en todo su espanto en un plano único de grúa que termina con una bandera confederada, rota pero flameando, en primer plano. Es una de las grandes escenas del cine mundial.

Pero Lee no está hablando de sus calidades, sino que la equipara con un discurso racista de la década de 1950 y escenas de otra película, El nacimiento de una nación, el clásico mudo de David W. Griffith. En ella, el bando de los buenos lo representaba el Ku Klux Klan y los villanos eran negros irreverentes y pendencieros. Lo que el viento se llevó no es ni remotamente tan racista como ese antecedente, pero Lee deja clarísimo su punto.

En esa misma línea, el lunes en un suelto editorial de Los Angeles Times, el autor de 12 años de esclavitud John Ridley escribió que Lo que el viento se llevó debía ser retirada porque no solo se queda corta respecto a la representación" sino que ignora los horrores de la esclavitud y perpetúa "algunos de los más dolorosos estereotipos de la gente de color".

Y así un día, ese clásico venerado por un montón de generaciones, se convirtió en uno de los daños colaterales de un revisionismo cultural que termina siendo, irónicamente, bastante policial.

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