Crítica

La vida, al final, es como una gran rueda gigante

Woody Allen vuelve a demostrar en La rueda de la maravilla, su talento como guionista en territorios que le son familiares

Tráiler de "Wonder Wheel"
Kate Winslet, una mujer en el medio de un drama a lo Woody Allen

Hay varios Woody Allen de La rueda de la maravilla, su última película que está en cartel en varias salas pero que se estrena oficialmente el jueves.

Está el autor nostalgioso y autoreferencial con la acción transcurriendo en Coney Island, el balneario con parque de diversiones neoyorquino, y en la década de 1950. Es más o menos el mismo universo de La rosa púrpura de El Cairo y Días de radio, y que roza toda una parte de una filmografía que abarca ya más de 50 películas. La nostalgia es acá un accesorio.

Pertenece, además, a un género que Allen ha explotado en entornos más contemporáneos: un drama familiar tapizado por deudas (de las que se pagan al contado y de las morales), adulterios y otras mentiras, corazones rotos y personajes que, en definitiva, condensan las miserias más humanas. Allen es un guionista que siempre está recurriendo a los clásicos, sean griegos (los inventores de todas las historias) o, para el caso, el teatro de Eugene O’Neill que acá es una referencia implícita y explícita. La rueda de la maravilla es una pieza teatral, v  un detalle que la fotografía de Vittorio Storaro no disimula. Es la segunda colaboración de Allen con Storaro (el fotógrafo de Bertolucci y Apocalypse Now); la otra fue Café Society.

En el centro está una mujer defraudada con lo que le tocó en suerte que, al osar cambiar de suerte termina siendo castigada. Ese tono la emparenta con Blue Jasmine, un drama implacable al que algunos le vieron un tono misógino al duro retrato de una mujer que entonces era Cate Blanchett y ahora es Kate Winslet.

Ficha

La rueda de la maravilla (* * * *)

Estados Unidos, 2017. Título original: Wonder Wheel. Escrita y dirigida por Woody Allen. Fotografía: Vittorio Storaro. Productora: Gravier Productions / Amazon Studios. Edición: Alisa Lepselter. Diseño de vestuario: Suzy Benzinger. Diseño de producción: Santo Loquasto. Con: Kate Winslet, Justin Timberlake, Juno Temple, James Belushi, Max Casella, Michael Zegarski. Duración: 101 minutos. Estreno: 4 de enero.

Hay viñetas con la mafia, vista, como siempre, con la estereotipada distancia con la que Borges miraba a los malevos; está, como siempre, la música, una sucesión de éxitos prehistóricos que dialogan con la anécdota y hay algo de comedia concentrada en el personaje más Woody Allen de la película, un niño piromaníaco.

Esas autoreferencias pueden hacer creer que La rueda de la maravilla es más de lo mismo; es verdad pero eso no es nada malo. Desde Match Point Allen estrenó 12 películas, entre ellas Si la cosa funciona, Medianoche en París, Blue Jasmine, Hombre irracional y Café Society, todas cómodamente instaladas entre lo mejor que ha hecho.

Wonder Wheel
Vea el trailer de  "La rueda de la maravilla", la nueva película de Woody Allen

Winslet es Ginny, una camarera que alguna vez soñó con ser actriz, que vive en pleno parque de diversiones, una de las causas de su migraña crónica. Las otras son un hijo (el piromaníaco) y que vive con Humpty (James Belushi) el encargado de la calesita quien viene controlando su ira alcohólica como puede. Esa “armonía” familiar se rompe por dos hechos: el regreso de Carolina (Juno Temple), la hija de Humpty que vuelve cansada a la casita del viejo y perseguida por la mafia, y un salvavidas poeta y picaflor (Justin Timberlake) que ilusiona a Ginny.

Así, La rueda de la maravilla es un amor unilateral que es más frustración y salvataje que todo una vida juntos. Winslet está formidable (al nivel de Blanchett en Blue Jasmine) en su composición de esta Mildred Pierce enamoradiza y sin suerte, sin tantas luces. El entorno masculino es hostil pero inevitable.

Storaro embellece el entorno y le da un ambiente de fantasía que se enfrenta con la realidad. Su uso del neón en un escenario teatral permite contrarrestarlo con el luminoso paisaje playero de postal de la primera toma. Esa rueda gigante que da título a la película aplica acá y en casi todas las películas de Allen: hay algo de inevitable en el devenir de estos personajes que dan vueltas con la esperanza de que el paisaje vaya a cambiar pero eso, nos lo enseñó Woody Allen, suele ser un sueño imposible.

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