JACK NICHOLSON

Una vida digna de ser contada

Celebridad, mujeriego, artista elogiado y símbolo del cine tiene reveladora biografía.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Jack Nicholson. Foto: AFP

De símbolo de la contracultura —Busco mi destino (dirigida por Dennis Hopper)— a uno de los villanos más famosos del cine —su "Guasón" en Batman (Tim Burton, 1989)—, la vida de Jack Nicholson acaba de aparecer en un libro biográfico (todavía sin editarse en Uruguay) por la editoral Lumen.

En su carrera, Nicholson ha sido aspirante a Marlon Brando, coleccionista de arte, vividor y mujeriego, pero sobre todo un actor excepcional que ha convertido a sus personajes en iconos del cine y que, con 12 candidaturas a los Oscar, es el actor más nominado de la historia de los premios.

La biografía escrita por Marc Elliot, autor de libros sobre otras celebridades como Clint Eastwood o Cary Grant, incide en algunos de los aspectos más morbosos de su vida, como sus numerosas parejas, entre las que destaca su relación intermitente y tormentosa a lo largo de dieciséis años con Anjelica Huston.

También describe sus experiencias con las drogas, cuando en su casa acogía fiestas en las que no faltaban el ácido, la cocaína o la marihuana. Para el recuerdo queda aquel episodio en el que se vio involucrado cuando una menor acusó a Roman Polanski de haber abusado de ella en la residencia del actor.

Pero uno de los episodios más turbios de su historia fue descubrir, siendo ya un actor consagrado, con 37 años, que quien creía que era su madre, Ethel May, era en realidad su abuela, y su verdadera madre era su supuesta hermana mayor June. Su padre era un artista de variedades llamado Don Rose.

Nacido en Nueva Jersey en 1937 en el seno de una familia obrera, Nicholson se trasladó a Los Ángeles en los años 50. Allí se sumó a los nuevos rebeldes, aspirantes a actores que querían emular a Marlon Brando y James Dean alimentando sus sueños a base de cool jazz y de leer a Jack Kerouac (En el camino), pionero de la "Generación Beat".

Su primer trabajo en la industria fue como oficinista en el departamento de animación de Metro Goldwyn Mayer, que compaginó con sus primeras clases de interpretación.

Nicholson se estrenó en Broadway en 1953 con un papel de apenas dos frases en la obra Té y simpatía gracias a la cual conoció a Roger Corman, productor y padrino del grupo que cambió Hollywood en los 70 —de James Cameron a Martin Scorsese— y pionero del cine independiente de bajo presupuesto.

Con Corman rodó su primera película, The Cry Baby Killer (Jus Addiss, 1958), definida como "una especie de Rebelde sin causa a base de anfetaminas" y otras muchas en las que también desarrolló su faceta menos conocida de guionista.

La explosión llegó con Busco mi destino (1968), el filme de moteros de Dennis Hopper y Peter Fonda que supo conectar con la generación de Woodstock y que lanzó a Nicholson al estrellato, con su primera candidatura a los Oscar como mejor actor de reparto.

Fue en esa época cuando se compró su casa en la mítica Mulholland Drive en Los Ángeles, vecina de la de su admirado Brando, y empezó su colección de arte, que incluye obras de artistas importantes como Picasso, Matisse o Andy Warhol.

Su rol como el detective Gittes de Chinatown (Roman Polanskim, 1974), el rebelde encerrado en un manicomio de Atrapado sin salida (Milos Forman, 1975), el buscavidas de El cartero llama dos veces (Bob Rafelson, 1981) o el terrorífico escritor de El resplandor (Stanley Kubrick, 1980) forman parte de su galería de personajes inolvidables en el cine.

Cuando parecía que había tocado techo gracias a papeles perturbadores, se reinventó en su faceta cómica.

Eso sí, una comicidad estilo Nicholson, que atrae y repele a la vez, en títulos como La fuerza del cariño (James L Brooks, 1983) con quien volvió a trabajar más adelante en Mejor... imposible (1997) o Las confesiones del Sr. Schmidt (Alexander Payne, 2002). Su última película que se estrenó en Uruguay fue Antes de partir con Morgan Freeman.

Tan famosos como los papeles que le elevaron a la cumbre fueron muchos de los que rechazó: ni más ni menos que el de Michael Corleone en El Padrino, Henry Gondorff en El Golpe, que hizo Paul Newman, o El Gran Gatsby, que haría Robert Redford.

Con el "Guasón", además de interpretar a su mejor villano, entró en el universo pop y cerró el círculo de su pasión de infancia.

Cuenta Elliot, su biógrafo, que, siendo niño, la madre de Nicholson le mandó a comprar pan y leche, pero el pequeño Jack se gastó el dinero en sus cómics preferidos, entre ellos uno de Batman. Al llegar a casa, mamá le dio una paliza y le quitó esas historietas.

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