CINE

Venecia se rindió a los pies de Lucrecia Martel

Luego de una década, la cineasta regresó al cine con "Zama".

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Lucrecia Martel. Foto: AFP

Aunque Zama no compite por el León de Oro, la película de Lucrecia Martel eclipsó al resto en el Festival de Cine de Venecia. Su regreso, luego de una década sin dirigir, fue ovacionado por la crítica, que describió a la obra con adjetivos como "inteligente" y "hermosa".

La cineasta argentina (uno de los cuatro rostros que están pintados en la fachada de Cinemateca 18) atrajo la atención con su vicio de fumar puros cubanos, mirar a través de unos lentes puntiagudos y la lucidez de sus respuestas. Durante la conferencia de prensa, cuando le preguntaron por qué se demoró tanto en dirigir, ella dijo que es una cuestión de "ecología": "No hay que llenar las góndolas de películas de uno ¿Tanto tenés para decir? Yo no tengo tanto para decir ni tantas ganas de trabajar", le contestó al diario La Nación.

En la misma nota, contó que durante estos años, tras el estreno de su tercera película, La mujer sin cabeza (2008), "estuvo distraída haciendo otras cosas que le interesaban aunque no se tratara de hacer cine". Una de ellas fue navegar en un barco de madera por el Río Paraná, a algunos kilómetros de su Salta natal. Durante unos de esos paseos fue que leyó la novela de Antonio di Benedetto, que tiene mucho de admiración por el agua como lugar de movimiento, y que la inspiró a volver al ruedo, en un rodaje que dijo, fue "inolvidable" y "en libertad". Explicó: "Para los sudamericanos el pasado es un lugar complejo hacia dónde ir y este es un film sobre el pasado, es un film de época. Los films de época son más caros y cada vez cuesta más lograr hacerlos si no es en lengua inglesa".

Si no puede ver el video, haga click aquí.

Zama está protagonizada por el mexicano Daniel Giménez Cacho (que por estos días también puede verse en La cordillera) y la española Lola Dueñas, una de las "chicas Almodóvar". De hecho, Pedro Almodóvar financió esta producción junto la productora mexicana de los actores Gael García Bernal y Diego Luna.

El film sucede en un Uruguay colonial, en una zona remota, en la que un funcionario de la corona espera el traslado a un puesto mejor. "Lo que a mí me interesó de la novela es que habla de la identidad como una trampa. Si uno fuese más flexible respecto a quién es uno, el fracaso sería algo menos estrepitoso. El fracaso es cuando uno tiene una expectativa concreta de lo que quiere y una idea muy particular de quién es. La identidad es algo rígido y la rigidez hace que el individuo se quiebre", opinó durante esa entrevista.

Acerca de lo aferrado que está el protagonista de esta historia a las "miniestructuras de poder", lo que no lo deja partir de un lugar que lo harta, dijo: "Todo lo que está fijo sufre. Todo lo que va y viene con el agua sobrevive. Pero sin embargo nuestra cultura se ha empecinado en la rigidez, la identidad, el individuo, el sujeto, ser alguien, tener un título, tener un título de lo que sea. Todas esas cosas que nos alejaron de lo nómada nos han vuelto lo psicópatas que somos".

La directora de la inolvidable La ciénaga (2001) sorprendió cuando contó que no suele ir al cine, "yo me crié con la televisión y leyendo". Y al confesar que su fuente "absoluta" de inspiración es la conversación con la gente, "escuchar lo que dicen".

A su vez, acerca de cuáles son los personajes que la motivan, explicó que son los que están en los márgenes del poder, "los que no lo tienen, la gente que está rasguñando los bordes del poder."

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