Entrevista

El uruguayo traductor de imágenes con poder en los Oscar

El director de fotografía Pedro Luque ya forma parte de la Academia de Hollywood

Pedro Luque
Pedro Luque

¿Cómo el fotógrafo uruguayo de una banda de hardcore se convirtió en un miembro de la Academia Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos? Pedro Luque, el nuevo integrante en cuestión, no conoce la respuesta, pero de algo está seguro: aún sigue sorprendido por la invitación.

El director de fotografía radicado en Hollywood estuvo en Uruguay en la misma semana que se enteró que la Academia quiere que formar parte, junto a otros 900 artistas internacionales, de los nuevos votantes que decidirán quién ganará los Premios Oscar.

Luque, que aceptó sin dudar la invitación, terminó recientemente de filmar La chica en la telaraña, su segunda colaboración con su amigo, el director Fede Álvarez. Al igual que el cineasta, con quien también trabajó en No respires, Luque vive en Los Ángeles, lugar que ya le ha permitido ingresar en proyectos de grandes estudios y Netflix.

Sobre su camino hacia la industria del cine estadounidense, Luque conversó con El País.

¿Cómo explicarías lo que hace un director de fotografía?

El director de fotografía es el que se encarga de cómo se ve la película. Hacés una dirección porque manejás un equipo que supervisa el efecto fotográfico y el manejo de la imagen.

Tenés un historial largo en el cine uruguayo, pero "La casa muda" fue crucial para tu carrera. ¿Te abrió profesionalmente?

Fue fundamental. De La casa muda salieron dos cosas: John Bailey, que hoy es el presidente de la Academia, me entrevistó y además de eso apareció un director inglés, Ross Clarke, que tenía una película (Desiree) y quería que yo se la haga. Antes habíamos hecho el corto de Fede (Álvarez), Ataque de pánico, y con ese yo fui a Estados Unidos, me conseguí un agente y me hice una visa de trabajo.

¿Cuándo te fuiste a trabajar a Estados Unidos?

En 2013 me fui a Estados Unidos a filmar Desiree en Nueva Orleans. Después volvimos a Los Ángeles con mi familia. Primero vivimos en lo de Fede y después nos alquilamos una casa y ahí empezó el viaje de Los Angeles.

¿Qué estabas buscando?

Es una pregunta que hacés mucho cuando te vas para afuera. Pensás: “Hice todo estos kilómetros, lejos de todo el mundo y ¿qué estoy buscando?”. Yo de alguna manera estoy buscando hacer las películas que yo veía cuando era chico. Hacer las Indiana Jones, Volver al Futuro, Matrix. El cine me gusta en todas sus formas, pero me di cuenta que me gustaban las películas que eran exitosas comercialmente y además, narrativamente.

¿Cómo reaccionás cuando leés un guion?

Todo empieza con una idea. Cuando me lo dan a mí, yo veo imágenes. Pero también son distintas a las que ve el director. Es fundamental, como director de fotografía, llevar a cabo la visión del director. El éxito es decir: “Esto es lo que quería el director. Tiene una constancia visual.

¿Qué sería para ti una semana normal en Los Ángeles?

Lo que hay mucho en Los Ángeles son reuniones. El lunes al mediodía te reunís con tal director. El martes a las dos de la tarde tenés una corrección de color. El miércoles otra reunión con otro director o con un director de arte y después vida familiar. Trato de estar lo que pueda con mi mujer y mis hijas. Es tan “on/off”, con seis meses afuera, seis meses adentro.

¿Cómo la llevás?

Relativamente bien. La mayoría de los directores de fotografía están divorciados. Dos o tres veces (risas)

¿Qué te pareció el rodaje de "La chica en la telaraña"?

Estuvo increíble. Para mí fue el mejor set en el que estuve.

¿Cómo sentís la comparación con la película anterior de David Fincher?

Fincher es un crack, tremendo director. A mí me resulta un poco frío a nivel expresivo. Con Fede decidimos que si bien tiene que convivir con ese mundo, queríamos algo más expresivo. Nuestra película empieza más naturalista y se va transformando en una cosa expresiva.

¿Qué significa para vos ingresar a la Academia?

Tremenda sorpresa. Pensé que iba a llegar más tarde. Por otro lado, es una legitimación de mi trabajo y me alegra que la Academia esté abriendo la cancha. Y también me divierte votar en los Oscar. Ya hacía con mis amigos. En Los Ángeles hacemos una gran penca, un asado y nos matamos de risa. Ahora voy a votar de verdad.

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