OSCAR MARTÍNEZ

"Trato de no creerme demasiado nada"

Acaba de ganar el Platino del público por su papel en El ciudadano ilustre y es uno de los grandes favoritos a llevarse el que se entrega hoy a la noche en la cuarta gala de los Premios Platino. Con el trofeo en la mano, Martínez charló un ratito con El País.

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"Argentina es muy destructiva en lo cultura, no queda nada". Foto: EFE

—Acaban de entregarle el premio del público en esta edición de los Platino. ¿Cómo recibe esa clase de reconocimientos?

—Tengo la fortuna de estar muy familiarizado con los premios porque esta carrera me ha dado muchas satisfacciones: gané todos los premios que existen en Argentina. No dejo de vivirlo como una forma privilegiada del reconocimiento y me produce al mismo tiempo cierto pudor que me premien por algo que ya es un privilegio hacer, que me gusta, que me da notoriedad y que me pagan bien por hacerlo. Así son las reglas del juego y uno termina acostumbrándose. Pero siempre me hace preguntar si voy a estar a la altura de la circunstancia, no me pega para decir "ya está", más bien al contrario. Siento que cuando se te da este lugar de privilegio también se te pide acorde a lo que se te da: nada es gratis. Si el 4 erra un penal, no pasa nada, si lo erra Messi, no es lo mismo. Algo de eso pasa. Hay mucha exigencia y uno tiene que responder a esa exigencia y ya con la mía me sobra, imaginate. Son formas de difusión, de promoción y de reconocimiento muy halagadoras.

—¿Y cómo le pega en el ego?

—Trato de no creerme demasiado nada. Todo pasa.

—Pero usted se ha mantenido...

—Afortunadamente...

—¿Cuál ha sido su secreto?

—He trabajado mucho, me he esforzado mucho y he tenido, aunque me ha ido bien siempre, momentos de marea alta y marea baja. Es inevitable en una profesión como esta donde no estás siempre en la cresta de la ola. A mí por suerte la ola nunca me revolcó y nunca tragué agua, pero a veces estás mejor que otras veces, a veces es mejor lo que te viene, otras no.

—¿Hay alguna característica del actor argentino? ¿Una escuela bien característica?

—Hay una tradición, sí, pero Argentina es muy destructivo en lo cultural. No queda nada. Acabo de editar un libro (Ensayo general) para actores jóvenes o en formación entre otras por eso. En mi época teníamos referentes muy grandes en actuación. Y desde esa época que no hay quien haya levantado esa bandera. Y siento como que los chicos quedaron huérfanos. Pero sí hay una tradición y para el joven que es ávido y de verdad quiere hacer las cosas bien, tiene material para ver. Más allá del teatro que es efímero y muere con nosotros, hay cine y hay televisión y otras cosas para que un chico diga "ah, es por acá", "este es mi referente", y saque sus conclusiones. Fui por primera vez a un festival importante a los 35 años, al Festival de Berlín, con miles de periodistas de todo el mundo, y era 1985, habíamos salido de la dictadura y casi todos elogiaban ya entonces al actor argentino. Así que sí, algo de eso hay.

—¿Cómo es seguir hablando de El ciudadano ilustre después de haberse desprendido hace tanto del personaje?

—Es raro. Todo esto ya lo hice en Venecia, después en Madrid, lo hice antes en Argentina. Es como andar en bicicleta, no te olvidas nunca y es increíble lo que pasa con esta película.

—¿Es consciente cuando filma algo del potencial que tiene la película?

—No. Hasta que no la confrontás con la gente, no sabés.

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