la columna de ana laura pérez

Las trampas

Caemos siempre en la misma trampa. Dirty dancing, Footlose, Mujer bonita, Amor a segunda vista, Otoño en Nueva York, 27 bodas y un largo etcétera. El "cine para mujeres" ha cambiado los envases, pero la trampa se mantiene intacta.

No importa qué tan roto esté él, cuánto miedo le tenga al compromiso, cuán infiel sea. Vos serás la mujer que lo cambiará para siempre. Contigo conocerá el amor, las ganas de casarse, tener hijos y dejar atrás el pasado. Desde tiempos inmemoriales, las mujeres encontramos lógica en lo que no la tiene: enamorarse de un hombre y tratar de convertirlo en otro.

Aunque esté disfrazada con referencias al mundo del sadomasoquismo y el bondage, 50 Sombras de Grey está a kilómetros de ser la excepción. ¿Transgresora? Cómo puede serlo, si desde hace décadas los mismos cines que ahora se llenan de mujeres en hipnosis colectiva, estrenaron El imperio de los sentidos (1976), Crash (1996, la de Cronenberg), y La secretaria (2002) por nombrar casos que exploraron límites más profundos.

50 Sombras de Grey es un manual que dibuja los límites de lo aceptado. Es el permiso para encontrarle más de un uso a tus bufandas y pañuelos, mientras te asegurás que igual te va a querer para esposa y madre. Porque aunque venga con un envase hermoso y diferente, no son los látigos y las cadenas, lo que llena esa fila interminable de mujeres. Es, invariablemente, la misma trampa, y el mismo cine de siempre.

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