Entrevista

“Soy totalmente adicta a YouTube”

Una charla con Lucrecia Martel, la directora argentina de la película del momento en Europa, "Zama"

Lucrecia Martel
Lucrecia Martel, la más prestigiosa de los directores argentinos

La prestigiosa directora argentina estuvo en Uruguay, invitada por Cinemateca Uruguaya, para hablar de Zama, su última película que ya se vio en Uruguay y ahora está siendo recibida con elogios en el hemisferio norte. Sobre su momento y el del cine en general habló con El País.

 —Su imagen, junto a la de Hitchcock, Fellini y Buñuel es parte de ese mural/altar que Cinemateca 18 tiene en su frente. ¿Qué sintió cuando se enteró?

—Me vino genial, mi familia al final reconoció en lo que estaba. Una cosa que me gustó mucho fue la arbitrariedad de la Cinemateca de tomar esa decisión que me favoreció y me divirtió aunque no creo, por supuesto, que sea verdad.

—Es un buen piropo...

—Está buenísimo. Me saqué una foto y es la mejor selfie de mi vida.

—Cuando terminó Zama, ¿le quedó parecida a algo?

—Me cuesta mucho porque no tengo una cultura cinéfila y lo último que se me ocurriría es pensar esas cosas. Lo que sí que cuando la estábamos haciendo la productora me dijo “el guión me hizo acordar a El desierto de los tártaros”. Cuando ella dijo eso y la vi a la película, pensé que había una proximidad. Y otra productora me dijo que le sonaba a La armada Brancaleone.

—¿Cómo es recibida Zama por públicos de todo el mundo?

—En el hemisferio norte hay algo psicodélico porque les entusiasma y les divierte una visión de la colonia un poco torcida. Es muy distinta a la lectura en Brasil, Colombia, México, donde de lo que terminamos hablando fue más interesante que la psicodelia o la locurita.

Daniel Giménez Cacho en Zama, dirigida por Lucrecia Martel
Vea el trailer de "Zama", la película de Martel que Uruguay conoció en 2017

—En el British Film Institute pidió paciencia al público...

—Sí, porque la gente está acostumbrada a estar esperando algo rápido y acá era muy difícil. Y paciencia tengo que pedir con todas mis películas.

—¿Cómo cambió la percepción de su cine en el mundo?

—Me sorprendió ahora que he logrado como un respeto por el camino que hice. El respeto uno se lo gana, pero también te lo dan. A mí me lo han dado.

—Estamos en medio de un gran cambio tecnológico.

—Esta transición tecnológica en un momento hizo pensar que iba a haber muchas más posibilidades de diversidad en la circulación de películas en internet, pero con Netflix estamos volviendo al mundo de las majors tomando decisiones por todos. El otro día hablaba con los que dirigen Amazon y me decían que van a aparecer muchas plataformas como Netflix y Amazon, van a competir, se van a matar, van a gastar muchísimo dinero y después van a quedar pocas. Ellos saben. A mí me parece que hay una generación que se está criando eligiendo muchísimo lo que quiere, a qué hora lo ve y cómo lo ve. Hay que ver ese mundo de público qué cosas va preformando. De afuera va a venir un intento de otra vez configurar el mercado como era pero digitalmente. Igual me da la impresión que aún la industria no sabe cómo cambió el público. Yo tampoco. El big data va a hacer sus patrañas, en algún momento se darán cuenta de lo atroz que puede ser ese mundo.

—¿Le interesa explorar las nuevas plataformas?

—No tengo ninguna nostalgia por lo analógico y cada vez me tienta más, no las series que están dominadas por el sistema, pero sí me interesan las atrocidades que hay en YouTube. Soy totalmente adicta a YouTube.

—En una lista que organizó la BBC sobre las mejores películas del siglo XXI, su Mujer sin cabeza estaba en el top 100. ¿Es su mejor película?

—No creo en eso. Este año hacen una lista de 100 y están unas, el año que viene estarán otras. Es un deporte del periodismo y lo entiendo pero no es un deporte que practique yo. No veo así mis películas.

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