CRÍTICA - CINE

Un tesoro bajo tres metros de historia

El origen de la cuarta película del rumano Corneliu Porumboiu tiene que ver con una leyenda, con la amistad y con una película ajena. Uno de sus amigos, Adrian Purcarescu, filmó parte de un film sobre un mito según el cual su tatarabuelo había escondido un tesoro antes de la llegada de los comunistas.

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El Tesoro. Foto: Difusión

Purcarescu no tenía fondos para hacer la excavación y rodar, así que su colega contrató una empresa de detectores de metales, llevó un equipo y filmó la búsqueda. Porumboiu dijo sentir que estaban inmersos en un agujero negro. Eso lo motivó a armar una historia que rodeara a esta escena robada.

El tesoro se desarrolla en Bucarest. Un vecino le propone a otro desenterrar un cofre y repartirse el botín. De esa manera ambos podrían pagar sus deudas debido a las altas tasas de interés de las hipotecas. Porumboiu articuló el relato como un repaso de la historia rumana reciente y cargó las acciones de simbolismo político.

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La casa donde buscan el tesoro estuvo ocupada por alemanes y comunistas: fue un hogar, un jardín de infantes, bar y central eléctrica. Por eso, a medida que cavan, los personajes parecen ir retirando capas de memoria y de identidad. A su vez, para evaluar la posibilidad de la existencia del tesoro, repasan la postura de los pobladores entre medio de dos revoluciones, una a mediados del siglo XIX y otra que puso fin a la era comunista.

El convencimiento de uno de ellos en toparse con monedas de oro y la desmotivación gradual del otro van tornando el relato en comedia. Y en cierta medida en un cuento de hadas. Si se hallara el botín estos vecinos se convertirían en héroes modernos, mientras que simbólicamente sería el pueblo ganándole una pulseada al pasado.

En su película anterior Cae la noche en Bucarest (2013), el personaje central (que es un cineasta) dice que filma sus películas con escenas de 11 minutos de duración, una característica propia del cine de Porumboiu: la brillante escena final de su obra más premiada Policía, adjetivo (2009), tiene esa extensión. Lo mismo sucede con El tesoro.

Porumboiu —uno de los directores más inteligentes— tiene la virtud de utilizar escenarios austeros, personajes de pocas palabras, planos fijos y lejanos a los actores y tomas largas, para hacer emerger un subtexto que va inundando la cáscara aparentemente simple de la historia.

Aquí, el nudo es el lugar de las generaciones en un país que pasó de mano en mano. Ante el fracaso, siempre hay una esperanza de que los más jóvenes revuelvan el pasado y mejoren el futuro.

El tesoro [****]

Rumania, 2015 Título original: Comoara. Dirección y guión: Corneliu Porumboiu. Fotografía: Tudor Mircea. Montaje: Roxana Szel. Con: Toma Cuzin, Adrian Purcarescu, Corneliu Cozmei, Cristina Cuzina Toma. Duración: 90 minutos. Lugar: Cinemateca 18.

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