Cómo se ha ocupado el cine del drama de la violencia con fines políticos 

Terroristas, de lo real a la pantalla

Los atentados de París han puesto dramáticamente sobre el tapete el tema del terrorismo, e intentar un panorama de lo que el cine ha hecho acerca del tema corre el riesgo de hacer algo largo y farragoso.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
"Múnich", en film mayor de Steven Spielberg.

Desde las vulgares películas de acción donde los terroristas, del bando que sea, son simplemente el blanco del héroe de turno, hasta intentos más serios de ocuparse del tema con una dosis de realismo, hay mucho material sobre el asunto.

Puede ser más sensato limitarse a un puñado de films que se han inspirado en casos reales, omitiendo toda la ficción sobre el tema que ha movilizado desde Arnold Schwarzenegger hasta Chuck Norris. Un buen punto de partida puede ser Munich (2005) de Steven Spielberg, una de las películas más maduras de su director, donde un atentado auténtico (el asesinato de varios atletas israelíes por un comando palestino durante las Olimpíadas de 1972) permitía una exploración de violencias y asesinatos subsiguientes. Una de las virtudes de la película era su negativa a simplificar su asunto en un enfrentamiento entre Buenos y Malos: el judío Spielberg dejaba claro que los "malos" no eran en todos los casos los musulmanes, para indignación de algunos maniqueos. Incidentalmente, el tema había asomado ya en una película previa y menor, 21 horas en Munich (1976) de William Graham, con William Holden, Shirley Knight y Franco Nero.

Un episodio que pobló en su momento los titulares fue el secuestro y asesinato, en 1978, del ministro italiano Aldo Moro por integrantes del gruño ultraizquierdista Brigadas Rojas. El cine italiano propuso en 1986 una primera versión del asunto, El caso Moro, protagonizada por Gian Maria Volonté y dirigida por Giuseppe Ferrara, que sugería —aunque no se atrevía a afirmar— algunas responsabilidades políticas que acaso no fueran las que parecían a primera vista. En 2003, el también italiano y ex "enfant terrible" Marco Bellocchio volvió sobre el tema en la superior Buenos días, noche, que discutía menos los alcances políticos del asunto que su dimensión ética: el énfasis estaba puesto sobre el debate dentro del propio grupo de secuestradores, y el eterno dilema acerca del fin y los medios.

Para hablar de atentados más cercanos hay que recordar 18-J (2004), película en episodios, cada uno de ellos realizado por un director diferente (Daniel Burman, Adrián Caetano, Lucía Cedrón, Alejandro Doria, Alberto Lecchi, Marcelo Schapces, Carlos Sorin, Juan Bautista Stagnaro, Adrián Suar, Mauricio Wainrot), que narraba una serie de historias conectadas por el atentado contra la mutualista judía AMIA en Buenos Aires el 18 de julio de 1994.

La estructura episódica de ese film copiaba la de otro dedicado a los atentados contra las Torres Gemelas, 11 de setiembre: el día que cambió al mundo (2002), en el que se le pidió a once directores la confección de un corto que durara exactamente once minutos, nueve segundos y una imagen. El resultado era irregular, con cosas talentosas (los capítulos de Claude Lelouch, que debe ser lo único bueno que ese director francés ha hecho desde Un hombre y una mujer; Samira Makhmalbaf, Sean Penn y alguno más) o por lo menos interesantes (Amos Gitai), acercamientos menores (Youssef Chahine, Danis Tanovic, Idrissa Ouedraogo, Ken Loach, Mira Nair) y un par de desubicadas tonterías (Alejandro González Inárritu e, inesperadamente, Shoei Imamura).

Los episodios del 11 de setiembre también inspiraron a Oliver Stone en La torres gemelas (2006), centrada en el destino de dos policías que se introducían entre las ruinas de los edificios buscando sobrevivientes y que, afortunadamente, omitía cualquier teoría conspiranoica. Hay otras películas sobre el tema, pero la mejor debe ser Vuelo 93 (2006) de Paul Greengrass, que inevitablemente tiene que inventar un amplio margen de anécdota por la simple razón de que no se saben muchas cosas que ocurrieron en los últimos minutos del vuelo del título y no hubo sobrevivientes. El acierto del film es el aire de inmediatez y autenticidad, con una suerte de tono casi documental para su reconstrucción de los hechos.

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