El director dice que está a tres películas de salirse del cine

Tarantino ya empieza a entonar su retirada

Quentin Tarantino, ganador de dos premios Oscar, aseguró el lunes en Brasil que sus películas "no son para estadounidenses" y que Estados Unidos, para él, "es simplemente un mercado más".

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Violencia: "En la vida real la sangre asusta, pero en cine es sopa de frambuesa, fantasía y diversión".

"Puede que sea un director estadounidense, pero no hago películas para Estados Unidos", afirmó Tarantino, quien presentó en San Pablo junto al actor británico Tim Roth su último filme, The Hateful Eight, que se estrenará el diciembre en el mundo y en Uruguay el 6 de enero.

"Mis películas han ido bastante bien en Estados Unidos, pero un poco mejor en el extranjero", admitió el director, productor y guionista. Y agregó: "a pesar de que son en inglés y lidian con el tema americano, no son películas estadounidenses per se, son para todo el mundo".

Brasil es el primer país en el que desembarca la gira de presentación del octavo trabajo de Tarantino, un "western" ambientado años después de la Guerra de Secesión y rodado íntegramente en 70 milímetros.

Tarantino estuvo a punto de abandonar el proyecto después de que se filtrara el guión. El film preludia también la pronta retirada del cineasta, quien confirmó que dejará de hacer películas cuando culmine su décimo proyecto.

"Siento una gran presión por mantener el nivel de trabajo del que estoy satisfecho, y me decepcionaría mucho si la gente esperara cierta calidad y no la encontrara", comentó. Y continuó: "tengo suerte, no tengo mujer ni hijos y no hay nada que se anteponga a mis películas, son lo más importante, todo lo demás es secundario".

Tras Django sin cadenas, Tarantino vuelve a la carga con un género sobre el que, dice, tiene mucho con lo que contribuir.

"La manera con la que estoy lidiando con la raza en Estados Unidos, especialmente la negra, que es básicamente ignorada en los westerns, o incluso con la esclavitud, la época posterior a la Guerra Civil... siento que tengo algo que decir", añadió.

Preguntado sobre la posibilidad de llegar a trabajar junto al cineasta Spike Lee, con quien ha tenido varios roces, respondió con un categórico "jamás".

"Sólo me quedan dos films y no voy a perderlos trabajando con Spike Lee. El día que trabaje con él sería el día más feliz de la vida de ese pequeño desgraciado", insistió.

Tarantino también hizo un repaso a su carrera, que comenzó con Perros de la calle y que se ha consolidado con la violencia como firma inapelable. "El color rojo está definitivamente en mi paleta, pero igual que en la vida tiene diferentes significados dependiendo de cómo se usa", explicó.

Según Tarantino, "la sangre en la vida real no es tan bonita, da miedo y asusta, pero en el cine es sopa de frambuesa. Hablamos de fantasía y diversión y para mí es como su fuese pintura, que a veces sirve para hacer algo bonito, otras para asustar y otras para hacer una broma".

El director también reflexionó sobre sus más de dos décadas de profesión y señaló que desde Kill Bill ha habido "una evolución hacia lo teatral y lo literario en los guiones, sobre todo en los diálogos".

Por eso, el cineasta trató de incorporar al elenco actores con los que ya había trabajado antes, un grupo de privilegiados que el propio director denomina "las superestrellas de Tarantino".

Eso sí, concluyó, "si tuviera que escoger una actriz con la que nunca he rodado y con la que me encantaría trabajar, es Kate Winslet".

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