SOFIA COPPOLA

Una talentosa señora de una buena familia cinematográfica

Hoy estrena su nueva película, El seductor con Kidman, Farrel y Dunst

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Sofía Cóppola. Foto: AFP

El cine de Sofia Coppola está lleno de mujeres. Desde aquellas Vírgenes suicidas hasta El seductor que se estrena hoy en Montevideo, esta directora las ha retratado en un universo cinematográfico propio donde se cruzan lo nuevaolero con el cine clásico.

Eso quedó bien claro en su capacidad para retratar tanto el aburrimiento de Scarlett Johansson y su compinchismo con Bill Murray en Perdidos en Tokio, como el tedio de fanfarria de la corte francesa que decapitó la revolución en María Antonieta, quizás su película más experimental. Junto con Vírgenes suicidas y algo de Adoro la fama completan su obra imprescindible. Eso solo deja afuera a la errática En un rincón del corazón (sobre padre actor que debe hacerse cargo de su hija) y el divertimento A very Murray Christmas que hizo para Netflx.

Cuando Coppola nació, en mayo de 1971, su padre —es decir Francis Ford Coppola— estaba en plena tarea de filmar El Padrino, esa ópera americana que lo consagraría. En esa película debutó Sofía en el cine como el bautizado del final de la película. También estaría en la segunda parte (fugazmente como una niña inmigrante) y en la tercera como Mary Corleone, un papel secundario destacado al que llegó en una mezcla de casualidad y nepotismo y por el que fue vapuleada por la crítica.

Mejor suerte tuvo con su carrera como directora que empezó en 1999 con Vírgenes suicidas, una adaptación de la novela de Jeffrey Eugenides sobre hermanas que viven encerradas en casa después que una intentó, precisamente, suicidarse. Era llamativa, hacía un buen uso de la fotografía y del diseño, tenía una banda de sonido bien combinada y escenas resueltas con esmero.

Presentaba también algunas constantes de su cine: Kirsten Dunst; personajes en un ambiente amablemente hostil y una tendencia hacia contemplar las cosas desde una mirada juvenil.

Eso estaba claro en su proyecto más importante, Perdidos en Tokio (2003) que le dio un Oscar a mejor guión original (además de estar nominada a mejor película y como mejor directora) y abrió su cine a un público amplio. Estaba buenísima desde ese primer plano de la cola de Johansson hasta eso que le dice al oído al final a Bill Murray y que nunca sabremos qué es, aunque el "Just Like Honey" de Jesus and Mary Chain, la canción con que cierra la película, da una idea bastante aproximada.

María Antonieta la volvió a reunir con Dunst en un ambiente juvenil (aunque en un Versailles, que filma en todo su esplendor) y también se hizo con un Oscar (en este caso a mejor vestuario). Coppola contaba el desdén con el que se vivía en la corte mezclándolo con sonidos más modernos (aportados por su esposo, Thomas Mars, líder de los franceses Phoenix), dando una idea que esa soltura y despreocupación sería un fenómeno que no se limita a la aristocracia francesa del siglo XVIII.

Un poco de lo mismo hablaba Adoro la fama con Emma Watson como una ladrona de millonarios al servicio de satisfacer las vanas necesidades de la nueva generación. Junto con Spring Breakers de Harmony Korine conforman un buen resumen de la juventud de su tiempo.

Con El seductor, su nueva película, Coppola vuelve al pasado y a una historia que ya se conoció el cine. Es la adaptación de la novela de Thomas Cullinan que dirigió en 1971, Don Siegel y estelarizó Clint Eastwood y que en Uruguay se estrenó como El engaño (el título original es The Beguiled). Actúan, además de Dunst, Nicole Kidman y Colin Farrell, como el soldado norteño que llega a un hogar de señoritas sureñas en tiempos de la Guerra Civil y de la que la crítica anda por acá cerca.

"No estaba familiarizada (con la película de Siegel) que en Estados Unidos solo conocen los cinéfilos", le dijo Coppola a The Guardian. "Pero Anne Ross, mi diseñadora de producción y vieja amiga, me dijo que debería verla y hacer una remake. Se volvió un chiste entre nosotras pero la vi y me quedó porque es rara. Y me encantó la premisa. Pensé que la historia de un soldado enemigo llegando a un ambiente de mujeres sureñas era muy interesante, y me gustó la idea de darlo vuelta: contarlo desde el punto de vista de las mujeres. No una remake, sino una reinterpretación. Remake es una mala palabra en mi familia, así que no me atrevería".

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