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Los superhéroes solo quieren divertise

Capitán América: guerra civil [****]Estados Unidos, 2016. Título original: Captain America: Civil War. Dirección: Anthony Russo, Joe Russo. Guión: Christopher Markus y Stephen McFeely sobre una novela gráfica de Mark Millar sobre personajes, y Joe Simon y Jack Kirby. Fotografía: Trent Opaloch. Música: Henry Jackman. Con: Chris Evans, Robert Downey Jr., Scarlett Johansson, Sebastian Stan, Don Cheadle. Duración: 146 minutos. Estreno: 5 de abril.

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Foto: Difusión

Cualquiera que haya vivido algunos de los años de la Guerra Fría apreciará lo ironía de ver en una superproducción estadounidense a uno de los emblemas de ese bando en la guerra, el Capitán América, de la mano de su mejor amigo: un tipo que luce una muy soviética estrella roja en su brazo.

Es apenas un detalle en una película que mezcla todo el tiempo cosas distintas, y donde hay pocos momentos de sosiego: todo es un preparativo para una pelea, atentado, huida, captura o cualquier otro tipo de acción.

Si el esquema suena familiar es porque casi todos en las películas superheroicas lo usan. Pero no es a menudo que se use con tanta soltura o goce como acá. Donde otras sucumben ante el peso de las expectativas, acumulación de personajes con superpoderes o inconsistencias lógicas, esta película logra superar con una gran sonrisa esos obstáculos. No todos, pero casi.

En vez de lo lúgubre, lo colorido. En vez de los grandes planes para dominar o destruir el mundo, villanos terrenales. En vez de rayos de otros planetas, peleas mano a mano. Y en vez de parlamentos cargados de culpa y gravedad, diálogos ágiles y, a menudo, graciosos. En esto último es posible intuir la mano de los directores y su pasado al frente de la rara (a veces genial) comedia televisiva Community.

La premisa forma parte de los lugares comunes del género: estos seres tan especiales tienen que ser disciplinados por los poderes fácticos: los Estado-Nación y la ONU.

Eso provoca una grieta en Los Vengadores, claro. Iron Man, pragmático y componedor, se pliega enseguida a los designios del poder político. Pero el Capitán América, literalmente inventado por el gobierno de Estados Unidos para la Segunda Guerra Mundial, hace lo mismo que en la película anterior: se rebela contra sus amos.

Iron Man ve los riesgos de un Estado que puede usar a Los Vengadores como pretexto para volverse autoritario, y quiere prevenir esos riesgos cediendo autonomía. El Capitán América es intransigente: si se le permite la entrada al Estado en los asuntos de Los Vengadores, no habrá vuelta atrás y éste ejercerá su poder y coerción en detrimento de la libertad de elección individual.

Los bandos se arman en torno a ellos, pero como la política tiene una obstinada tendencia a cambiar de acuerdo a las contingencias —y como las guerras civiles son asuntos muy complicados porque involucran a gente cercana—algún personaje tendrá razones y oportunidades para ir y venir entre los bandos.

No todo es política. Los Vengadores debaten, pero más allá de parlamentar también se dan con todo en secuencias de acción que además de estar virtuosamente filmadas, entretienen e involucran. Hay en esas batallas fantásticas un palpable entusiasmo. Como si quienes las armaran lo hicieran bajo el influjo de vívidos recuerdos de una infancia en la que ellos y sus amigos jugaban a superarse en imaginarias pruebas de destreza y fuerza. Esa pasión brilla particularmente en una de las peleas, que homenajea, al mismo tiempo, al Gulliver de Jonathan Swift y al acto de jugar con piezas Lego y sentirse como un gigante.

Es, eso sí, una película demasiado larga porque tienen que caber muchísimas, tal vez demasiadas, cosas. Pero la objeción parece más la de un cinéfilo un poco malhumorado que una verdadera queja ante un "blockbuster" lleno de imaginación y colores.

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