la columna de fabián muro

La sumisión

Al fin! No podríamos, como hombres, pedir mejor argumento que el éxito del libro y la película. Acá tenemos, en negro sobre blanco, la prueba de lo que siempre sospechamos: ellas quieren ser sometidas a nuestros caprichos, retorcerse de placer (y —parecería— algo de dolor) bajo nuestra influencia.

En una época en la cual tenemos que adaptarnos a una novedosa feminidad, el libro nos viene a dar un bálsamo de alivio: ahí, entre las sábanas, todavía podemos seguir siendo el sexo fuerte. Que lo haya escrito una mujer lleva aún más agua para nuestro molino.

Claro, el contrato de sumisión que Anastasia acepta viene, también, con algunas condiciones para nosotros. Para poder someterlas y salirnos con la nuestra, al menos según este relato que tanto impacto tuvo entre ellas, tenemos que cumplir previamente con algunas condiciones. A saber: abdominales esculpidos. Cualquiera que supere los 25 años sabe que eso se logra con muchas (muchísimas) horas de gimnasio y dietas que convierten nuestro estado de ánimo en lo que imaginamos es el estado premenstrual de ellas. Una abultadísima billetera también parece sine qua non. Ser joven y tener una cultura general más o menos amplia, como para poder conversar de literatura inglesa, sería otro requisito. Si cumplís con todo eso, el éxito de este libro te allana el camino. ¡Adelante!

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