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El sueño se cumple pensando en grande

Hambre de poder [***]Estados Unidos, 2016. Título original: The Founder. Dirección: John Lee Hancock. Guión: Robert D. Siegel. Fotografía: John Schwartzman.Música: Carter Burwell. Edición: Robert Franzen. Diseño de producción: Michael Corenblith. Con: Michael Keaton, Nick Offerman, John Carroll Lynch, Linda Cardellini, Laura Dern. Duración: 115 minutos. Estreno: Jueves 6 de abril.

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Kroc. Foto: Difusión

Hace tiempo que el director John Lee Hancock se ha dedicado a contar historias de su país, con temas sobre la superación y la lucha contra las adversidades (como El álamo y Un sueño posible), también del emprendedor por antonomasia de Estados Unidos, como en El sueño de Walt.

Ahora Hancock se centra en otro personaje visionario, uno que convirtió a un pequeño establecimiento en California, a un emporio billonario que tiene sedes hasta en el Vaticano. Es que si antes era Walt Disney el personaje central, ahora es el turno de Ray Kroc, el creador de una de las empresas omnipresentes del mundo: McDonalds.

Desde que comienza la película sabemos que a Kroc (Michael Keaton), no le gusta su trabajo transitorio como vendedor puerta a puerta de batidoras, al que sobrelleva escuchando grabaciones motivacionales, como para convencerse de que lo mejor está por venir. También sabemos que está dispuesto a arriesgarlo todo por la nueva corazonada, luego de una serie de fracasos empresariales.

Un día se entera que un cliente quiere seis batidoras y viaja hasta San Bernardino para conocerlos. Los dueños del local son dos hermanos bien distintos en carácter, Dick y Mac McDonald. Uno es todo bonachón, interpretado por John Carroll Lynch (el Lyndon Johnson de Jackie), a quien le sale fácil hacer este personaje. Por su parte Dick (Nick Offerman) es el estructurado, quien aplicó el fordismo a la cocina, donde cada empleado baila una mecánica coreografía en un espacio diminuto.

Si no puede ver el video, haga click aquí.

Kroc queda fascinado con la idea y quiere ser parte del negocio, proponiéndoles crear franquicias (mismo restaurante en distintas direcciones), aunque los hermanos se niegan, porque habían intentado sin éxito este mecanismo antes.

Pese a las reticencias iniciales, se comienza a gestar este imperio, que tuvo un solo ganador, Kroc. Él entendió que la ganancia no estaba en vender franquicias, sino en comprar terrenos, armar locales y luego venderles el paquete entero a los interesados. Claro que los únicos que no se vieron favorecidos con este plan fueron los hermanos McDonald, quienes terminaron vendiendo su negocio, el nombre y hasta el sistema de producción a Kroc.

Es que las ideas de Kroc eran audaces y agresivas (patrocinadores en los menú, malteadas hechas de polvo), y cuando fueron llevadas a la práctica los hermanos se opusieron. Ese debate entre lo ético y lo redituable, la creación artesanal y la industrial es el punto fuerte de Hambre de poder.

Keaton está bien como este empresario, que por momentos tiene destellos de aquel Lancaster Dodd de The Master (Paul Thomas Anderson, 2012) que interpretó Phillip Saymour Hoffman, al unir fidelidad, religión y familia. Una combinación que Kroc pensó y que ha sido el símbolo de esta empresa.

Una vez más Hancock muestra una versión algo edulcorada de un empresario que podría haberse mostrado más real, vil, sin escrúpulos que no se detiene ante nadie ni nada. Y allí radica el problema de la película, no hay profundidad en el personaje más allá de los datos históricos. Hambre de poder también expone los valores del sueño estadounidense, que algunas veces (como en esta) se logran sin pensar en los demás, contrastándola con la versión inocente de los hermanos McDonald.

Aparte de Keaton como el visionario con pocos escrúpulos, se destaca Offerman (un buen cómico), que demuestra su potencial gracias a gestos reprimidos.

Hambre de poder es escasa en emociones, la música, edición y dirección ayudan poco (en manos de otro director podría haber sido excelente). Y si bien no es el mejor retrato de Kroc, el que se merece este antihéroe de nuestros tiempos.

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