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Una sucesión de problemas en un thriller sin mucho que ofrecer

Los padecientes [*] Argentina, 2017. Dirección: Nicolás Tuozzo. Guión: Marcos Negri, Nicolás Tuozzo y Gabriel Rolón, basados en la novela homónima de Rolón. Fotografía: Félix Monti. Música: Sebastián Escofet. Edición: Francisco Freixa. Con: Benjamín Vicuña, China Suárez, Nicolás Francella, Ángela Torres. Duración: 115 minutos. Estreno: Jueves 4 de mayo.

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Los Padecientes. Foto: Difusión

Gabriel Rolón se esfuerza, en la novela que publicó en 2010 y que fue un éxito de ventas, en mantener el eje temático en la búsqueda de la verdad. Una búsqueda que, en manos de este psicoanalista respetable devenido en galante detective llamado Pablo Rouviot, parece caprichosa. Todo su entorno le insiste, cuando aparece Paula Vanussi a pedirle que pruebe que su hermano, el asesino de su mafioso padre, es inimputable, en que no se meta en ese baile porque la pista está embarrada. Y él insiste, cual justiciero.

La de Rolón es una buena historia contada con altos y bajos, que tiene el mérito de sostener, al menos hasta la mitad del libro, el misterio respecto al asesino (aún con un spoiler ridículo en tapa). Pero la adaptación cinematográfica de Nicolás Tuozzo ni siquiera puede adjudicarse ese logro.

Volviendo a aquella búsqueda caprichosa de la verdad, bastan 10 minutos de película para entender que no hay verosimilitud. Los personajes recitan sus líneas de memoria, acartonados —salvo Ángela Torres, que interpreta a Camila Vanussi, la menor de la familia, y es la grata sorpresa entre tanto problema— y tratan de construir a la fuerza un clima turbio que en la novela fluye. Hay, además de una falla en la dirección, un error clave en la adaptación del guión (raro, teniendo en cuenta que el propio Rolón se involucró de lleno en el proceso).

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Porque en la versión original, mucho de lo que Rouviot (Benjamín Vicuña) deduce en su "investigación" tiene que ver con su oficio de psicoanalista: con leer entre líneas, con encontrar pistas donde otros no las verían, con interpretar el lenguaje corporal. Eso es salteado olímpicamente en esta versión, que lleva al espectador a los ponchazos hacia un enigma ni siquiera muy interesante. Porque Vanussi (bien Luis Machín) era un tipo desagradable, y todos están tranquilos con su muerte.

Con esa gran carencia, hay un par de giros que tampoco se explican. Se omite, entre otras cosas, el intento de Paula Vanussi (China Suárez) por seducir a Rouviot, que teniendo en cuenta la historia real entre los actores, al menos hubiese sido un guiño amable para la audiencia. Y se agrega, entre otras cosas, la aparición de una prostituta en el momento más cliché del policial.

Tal vez el adjetivo que mejor le calce a Los Padecientes sea inexplicable. Hay tanto error que uno no sabe cómo reconstruir este puzzle, que aún así ya va camino a ser éxito de taquilla. Es que al final, el público es el que manda.

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