CINE

Star Wars: rebeldes intergalácticos

Se estrena el jueves “Rogue One: una historia de Star Wars”. O cómo empezó la lucha contra el Imperio.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
El jueves se estrena Rogue One: Una historia de Star Wars. Foto: Difusión.

La historia transcurre en una línea temporal que se da entre el fin del Episodio III (La venganza de los Sith, película estrenada en 2005) y el comienzo del Episodio IV (Una nueva esperanza, estrenada en 1977). Como algunos seguramente recuerden, en aquella película (la de 1977) los insubordinados al régimen imperial se disponían a atacar a la Estrella de la Muerte, el arma más potente del Imperio, capaz de destruir un planeta entero.

Para poder tener éxito en ese ataque, era necesario tener el diseño de la Estrella de la Muerte, de manera de saber dónde colocar la bomba que destruiría el arma de destrucción masiva. Antes que Luke Skywalker, Han Solo y los demás se subieran a sus naves para enfrentarse a las tropas imperiales, alguien les dice algo así como "Miren que se hicieron grandes sacrificios para conseguir estos planos".

Esta película cuenta, entonces, la historia de esos sacrificios: cómo los rebeldes llegaron a obtener esos datos. Es un paso al costado de lo que la franquicia —ahora en manos de Disney— venía contando. Porque El despertar de la fuerza (2015) arranca ahí donde terminó El regreso del Jedi, que en la enrevesada línea temporal de Star Wars corresponde al sexto episodio.

En el centro de la acción está Jyn Terso (interpretada por Felicity Jones), una mujer que, al menos por lo que se ha visto hasta ahora en los adelantos, se parece bastante a Rey (Daisy Ridley), la protagonista de El despertar de la fuerza. Esto es: una mujer autónoma, aventurera y de extracción relativamente humilde, a diferencia del principal personaje femenino de las tres películas iniciales (Carrie Fisher), una princesa.

Terso será acompañada en su misión por gente muy disímil y diversa, lo cual subraya el carácter multiétnico, tolerante y políticamente correcto de la nueva Star Wars. Hay un "latino" (Diego Luna), dos "asiáticos" (Donnie Yen, Wen Jiang), un "árabe" (Riz Ahmed) y un "afroamericano" (Forest Whitaker). Las categorías entrecomilladas pueden casi leerse como parte de algún informe policial que hemos visto en centenares de películas de Hollywood, cuando los detectives deben llenar formularios.

Más allá de eso, los responsables de la saga hicieron mínimas modificaciones al "Canon Star Wars", para subrayar de manera sutil que se trata de "una historia" de la franquicia, por fuera de los grandes relatos que se presentan como "Episodios".

De acuerdo a lo que ya se sabe —cada vez más parece que ya hemos visto toda la película antes del estreno— Rogue One no arrancará con el característico texto amarillo que se pierde en el punto de fuga visual, ni tampoco tendrá la pomposidad sonora de John Williams, responsable de la característica fanfarria de la marca, por ejemplo.

Eso sí: estará Darth Vader. La presencia del villano de respiración ruidosa seguramente le dará a la millonada de fanáticos un vínculo hacia ese canon, presumiblemente para estimular la glándula de la fidelidad de quienes hacen de la historia una de las más populares y rentables del cine actual.

La película fue dirigida por Gareth Edwards, un tipo que según el sitio Internet Movie Database cita a George Lucas y Steven Spielberg como sus principales influencias, y que antes de esto dirigió Monsters (2010, sin estreno en cines en Uruguay) y Godzilla (2014).

Con esas credenciales, Rogue One seguramente sea una película de gran despliegue visual y auditivo, hecha por gente capacitada para hacer lo que se espera de ellos y satisfacer a una legión de seguidores que hacen de estas películas un fenómeno que abarca más que la experiencia cinematográfica. Cabe ver si también esa experiencia está a la altura de la gran presencia de la marca.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados