CRÍTICA 

Una sorpresiva heroína de acción

Rodrigo Plá y Laura Santullo vuelven al terreno del thriller, que ya habían explorado en La zona, pero con el conocimiento adquirido de su anterior film La demora, en el que encontraron un lenguaje ideal para combinar la tensión que atraviesan los personajes con una forma de filmar intimista.

El esmero estético de Plá consigue que el espectador entienda su juego, construido a base de distintos puntos de vista sobre una misma acción. Busca demostrar que una historia nunca tiene un único lado, y que todas las lecturas están empañadas de prejuicios y subjetividades.

Aunque la cámara no se mueve, la agilidad está dada porque los planos se ordenan de acuerdo al ritmo de las acciones de los personajes. Para reforzar esta idea, Plá (y los fotógrafos María Secco y Odei Zabaleta) utilizan la profundidad de campo dividiéndola en dos o en tres niveles: uno que muestra al personaje protagónico de la escena, otro que identifica a los secundarios, y un tercero que los ubica en el lugar en el que transcurre la situación. El fuera de foco se usa recurrentemente, afectando a uno de estos niveles de acuerdo al punto de vista que se proponga resaltar el director.

Para reforzar esta intención, los personajes se presentan centrados en el encuadre, con primeros planos, y con planos detalles que revelan algunos rasgos de su comportamiento. En algunas escenas los espejos y los vidrios funcionan como un recurso para narrar a través de los reflejos, y otras veces el plano está interrumpido por puertas entre- abiertas, o muebles, cambiando constantemente la posición de la cámara, lo que favorece el tono tenso del film.

Un monstruo de mil cabezas narra las 24 horas que cambiaron la vida de Sonia Bonet (Jana Raluy), una mujer desesperada que lleva meses observando la lenta muerte de su marido. El seguro médico que pagan desde hace 16 años se niega a aprobarle un tratamiento que podría mejorar su calidad de vida. La protagonista se enfrenta a la burocracia de un sistema de salud en el que los directivos no contestan los teléfonos y se retiran antes de hora, desconocen a los pacientes y rechazan los tratamientos arbitrariamente, para mantener el buen rendimiento del negocio.

Acompañada de su hijo, decide buscar justicia por mano propia, y se dirige a "Alta Salud" llevando un arma en su cartera. Así comienza su quijotesca hazaña.

La narración combina los puntos de vista de los personajes que se cruzan en el camino. El espectador logra empatizar con el drama y ponerse en el lugar de la mujer, siendo testigo de cómo un personaje sin rasgos épicos se convierte en una repentina heroína, que se adentra cada vez más en un escenario donde no tiene posibilidades de triunfar, igual que en algunas películas de acción.

Un monstruo de mil cabezas[****]

México, Uruguay, 2015. Título original: Un monstruo de mil cabezas. Dirección: Rodrigo Plá. Intérpretes: Jana Raluy, Sebastián Aguirre, Hugo Albores, Daniel Giménez Cacho. Producción: Rodrigo Plá, Sandino Saravia Vinay y Matthias Ehrenberg. Guión: Laura Santullo. Fotografía: María Secco y Odei Zabaleta. Montaje: Miguel Schverdfinger. Dirección de arte: Bárbara Enríquez y Alejandro García. Género: Thriller. Duración: 74 minutos.

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