OLIVER STONE

"Estos son tiempos muy peligrosos"

El País habló con el director sobre su nueva película, "Snowden", que el jueves se estrena en Uruguay

Oliver Stone pide que se le repitan algunas preguntas (quizás por el inglés nervioso del periodista) hasta entenderlas apropiadamente. “Hay que ser preciso”, dice. “Me han citado mal tantas veces”.

Parece la respuesta adecuada para un director que ha sido acusado de paranoico. Ese mote (que si uno ve sus películas es exagerado) no se lo va a sacar de encima con Snowden, su última película que es el motivo de la charla y que en Uruguay se estrena este jueves.

Allí, a partir de la figura de Edward Snowden —el contratista de seguridad que reveló el tramado de Inteligencia global que desarrolló Estados Unidos— presenta un nuevo orden mundial en el que todos estamos vigilados y la información es el arma más poderoso. De esas cosas Stone, un tipo de charla seria pero que sabe ser simpático más allá del inglés nervioso del periodista, habló con El País.

─Qué momento para una película como Snowden.


─La actitud de Estados Unidos ha sido de progresiva militarización y miedo al enemigo con un sistema de vigilancia que se volvió global y busca dominar el planeta. Es el sistema más extensamente desplegado en la historia del mundo. Hay escuchas en cada país o al menos eso se intenta, poniéndole micrófonos a presidentes como Dilma (Rousseff) en Brasil o (Angela) Merkel en Alemania.

─Así, el panorama que plantea en Snowden es de un planeta totalmente controlado.


─Había una razón para los programas de vigilancia: el terrorismo. La vigilancia dirigida es aceptada por Snowden y por la mayoría cuando está, precisamente, dirigida a terroristas. Pero una vigilancia masiva de alcance planetario no es por terrorismo: es por el poder y por un control social global. Cuanta más información tiene un país más la puede usar. Por ejemplo, de Brasil, Estados Unidos sabe mucho, lo que se ignora es dónde fue a dar esa información. Si se sabe tanto de Petrobras, uno debe preguntarse si esa información no llegó a los partidos de oposición o si Estados Unidos no estuvo activamente involucrado en el golpe que sacó a Dilma ilegalmente del cargo. Y lo mismo pasa en Ucrania, Turquía, Siria, Libia, Irak.

─Pero originalmente había razones para esa vigilancia.

─Hay momentos en los que se precisa marcar a la gente mala que quiere matar gente. Pero hay diferencias entre una vigilancia dirigida y una vigilancia masiva. De eso habla Snowden.

─Cuando en su película, Snowden le explica a la documentalista Laura Poitras, el alcance de lo que estaba haciendo su gobierno, traza un panorama aterrador del mundo de hoy. ¿Cuándo las teorías de la conspiración se volvieron realidad?

─Snowden presentó evidencia de que la Agencia Nacional de Seguridad hacía cosas que iban más allá de lo que suponía debía hacer. Durante la presidencia de Bush ya sospechábamos que se estaba haciendo algo mal cuando en 2005 se conoció la existencia de escuchas ilegales. Pero en 2013, Snowden aportó evidencia muy fuerte sobre programas masivos que superaban lo que pensábamos. No es teoría de la conspiración, son pruebas.

Si no puede ver el video, haga click aquí.

—En la película, Hank Forrester, el experto en Inteligencia que interpreta Nicolas Cage, en su primer encuentro con Snowden parece el guía de un museo del espionaje…

─Esa escena fue pensada como una suerte de homenaje a la historia de las computadoras al servicio de la Inteligencia.

─¿Es posible que hayamos llegado al punto de ser nostálgicos de aquel espionaje más “benigno” del siglo pasado?


—Si estás en ese mundo, amás la historia de la seguridad nacional y estás muy orgulloso de los logros más significativos. Y sos devoto del arte de la vigilancia. Esos aparatos se usaron durante la guerra, y rompieron códigos secretos que, en gran parte, permitieron ganarle a Alemania y Japón.

─El personaje de Cage dice en determinado momento que todas esas enormes computadoras, hoy las tenemos en un teléfono. ¿Se está haciendo un uso apropiado de esas herramientas?

─Ese es el asunto. De acuerdo a Snowden no las estamos usando de la forma en que deberíamos. Dice claramente que están siendo empleadas ilegalmente para recoger información de todos los ciudadanos, volviéndonos sospechosos y básicamente rehenes en un nuevo mundo. Vivimos en un mundo de 1984 de Orwell o incluso más allá. Es aterrador.

─Usted deja claro las implicancias orwellianas en la escena en que Corbin McBrian, el mentor de Snowden, aparece en una gran pantalla...

─Espero que sí. Orwell no pudo imaginar algunas cosas que tenemos hoy. No sabemos, por ejemplo, qué hace el gobierno con esa información. Y si está en manos de un presidente que puede ser autoritario como Donald Trump -quien ha dicho cosas bastante brutales sobre el terrorismo- no sabemos cómo va a usarla. El presidente Bush abusó de ellas, fue a la guerra contra el mundo y convirtió a todos en sospechosos diciendo que estabas con nosotros o contra nosotros. Muchos no están de acuerdo con las políticas de Estados Unidos pero eso no los vuelve terroristas.

─Otra escena impactante es cuando Snowden explica las posibilidades de interrumpir la energía de Japón, por ejemplo, que tiene esta tecnología.

─Se han plantado virus en la infraestructura civil en caso de que algún día países como Japón dejen de ser aliados.

─En tiempos del presidente Bush, se solía decir que Dick Cheney o Donald Rumsfeld eran villanos. ¿Es un momento de gente aún más malvada?

─Las herramientas para la ciberguerra o la guerra de drones y la vigilancia son ahora más poderosas de lo que eran en 2003. Pero ya se usaron mal entonces, así que imaginate ahora. Hay muy poca información y es por eso que necesitamos periodistas de investigación e informantes como Snowden, Chelsea Manning, Julian Assange. Los gobiernos mienten, engañan y tienen sus propias agendas. Y cuando tenés presidentes como Trump, Bush, Dios mío. Aun Obama que expandió el Estado a niveles inéditos cuando se pensó que haría una reforma hacia la transparencia.

─Decidió cerrar la película con una ovación de pie al verdadero Snowden. ¿Cree que el público valora el grado de valentía que implica lo que él hizo o el alcance de lo que expuso?


─Lo intuye pero estamos hablando de distintas poblaciones. En Alemania y Francia, donde hicimos la película, hay una gran mayoría a favor de Snowden porque tienen una historia de escuchas ilegales. Pero en Estados Unidos, la gente es mantenida en la oscuridad sobre este tema y automáticamente lo ven como un traidor que entregó secretos. Las corporaciones mediáticas, además, apoyan esa interpretación oficial. Y la información es técnicamente compleja: no muchos entienden de qué van esos programas. En la película intentamos explicar la complejidad de esos programas de vigilancia.

─Lo consigue. La escena central donde todo es mostrado de una manera casi infográfica y termina en el ojo de Snowden deja bien claro el asunto.


─Era lo que queríamos. Porque no es solo vigilancia, es también ciberguerra, una de las peores formas de la guerra. Es territorio liberado y puede derivar en una guerra caliente. Estos son tiempos muy peligrosos. Particularmente con Estados Unidos y su escalada contra Rusia. Estados Unidos que ha generado una enorme animosidad contra Rusia que no entiendo por qué. Rusia ha sido, básicamente, un muy buen aliado nuestro y de Europa y es un miembro de la comunidad internacional. Aislarlo es suicida.

─¿La inclusión del verdadero Snowden en el final, era parte del proyecto original?

─No. Durante el rodaje nuestra relación se profundizó y nos pareció que su presencia fortalecía el final para recordarle a la gente quién porque muchos no saben, por ejemplo, que es una historia real. Muchos de los que trabajaron conmigo me decían que sus padres los llamaban para preguntarles si era cierto lo que estábamos contando. Es Estados Unidos, no tenemos tanta educación.

Oliver Stone, un hombre al que le gusta la polémica.
Oliver Stone, un hombre al que le gusta la polémica.

























El ánimo al sur de la frontera

South of the border, su documental/entrevista sobre los gobiernos progresistas de América Latina tiene un tono tan optimista, que parece estar hablando de otro planeta del que habla en Snowden.

─Lo entiendo. Cuando hice South of the Border, ese era el humor que se desprendía de América del Sur. Fue una lucha pero definitivamente se consiguieron cambios que permanecen. Aquellos presidentes no duraron más allá de unos pocos años pero consiguieron logros muy positivos. En Estados Unidos, tuvimos el “New Deal” durante muchos años. Obviamente, mucha gente se opuso pero cuando murió Roosevelt empezaron a enfrentarlo a fines de la década de 1940 y eso es lo que pasa en Brasil, Argentina y quizás pronto, no sabemos, en Venezuela. Son ciclos. En Venezuela hubo cambios fundamentales para mucha gente: hay una nueva clase con educación, salud, bienestar social y esas cosas no se van. No van a volver a como era antes de los gobiernos de Hugo Chávez.

─En la película no estaba Uruguay.

─No había cambiado en Uruguay en ese entonces. ¿Quién es el presidente uruguayo que vivía en el campo?

─José Mujica.

─Ese. Un hombre interesante.

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