Crítica

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Crítica sobre "Norman", una película que tiene uno de los mejores papeles de Richard Gere. 

Richard Gere como Norman. Foto: difusión
La actuación de Richard Gere como Norman, ha sido saludada como de las mejores de una carrera que ya tiene 40 años

Norman Oppenheimer, un habitante de Manhattan bien vestido y bien hablado, interpretado con sentimiento y travesura por Richard Gere, es lo que se conoce en yiddish como macher. Viaja por los circuitos de dinero e influencia con su agenda mental de nombres de los buenos y los grandes, cada uno de ellos “un amigo muy cercano”. Y está encantado de presentártelos.

Sus supuestos amigos -financieros, capitanes de la industria, políticos de Washington y Tel Aviv- lo ven distinto. Un político israelí en ascenso, Micha Eshel (Lior Ashkenazi), le describe a Norman a un asesor como un “judío cálido”. Es lo mejor que alguien puede decir. El asesor, Duby (Yehuda Almagor), tiene otra idea: Norman es, en el mejor de los casos, una pequeña molestia y en el peor, una amenaza para la carrera de su mecenas.

Norman
Vea el tráiler de Norman

No es accidental que algunas de las palabras de Duby sobre Norman -“intrigante” y “chupa sangre”, en particular- evoquen el lenguaje histórico del antisemitismo. Cedar, un cineasta israelí nacido en Nueva York, tiene buen ojo para el conflicto intrajudío, para el narcisismo de las diferencias grandes y pequeñas que pueden hacer que la unidad del pueblo elegido se astille como el matzá. Norman traza líneas de falla, más culturales y temperamentales que ideológicas o religiosas, entre los miembros de la diáspora (al menos la neoyorquina) y sus primos en la Tierra Prometida.

Una de las bromas conceptuales más ingenuas de Cedar -y una de sus provocaciones más audaces en un momento de controversia sobre la raza y la etnia en el casting de películas- es poner actores no judíos en la mayoría de los papeles judíos estadounidenses. (Los israelíes son en su mayoría israelíes, con la excepción de Charlotte Gainsbourg) Además de Gere (que nunca ha estado mejor), está Michael Sheen como su sobrino y Steve Buscemi como rabino.

Es solo después de que la trama se despliega, con elegancia anticuada y descarada imprevisibilidad, que los riesgos se hacen evidentes. Había peligros están en todas partes: humor excesivamente amplio; actuaciones odiosamente acartonadas; tribalismo sentimental; fácil puntaje moral. Ninguno se materializa. Es sorprendente, dada la cantidad de farsa que se exhibe, cómo Cedar produce tanto sentimiento genuino.

Cedar no solo mezcla realismo con absurdo sino que se niega a reconocer distinción entre ellos. Norman, que cruza el centro de la ciudad con una gorra de tweed y un abrigo de camello, conectado al mundo a través de su iPhone, es un habitante absolutamente plausible de una ciudad en movimiento. También es una figura casi mítica, una criatura surgida de los anales de la literatura judía. En las novelas de Saul Bellow y en los relatos de Franz Kafka e Isaac Bashevis Singer, están los de su clase: perdedores, luchadores, mercachifles y soñadores.

Estrictamente, Norman es un estafador, lleno de exageraciones, medias verdades y mentiras absolutas. Esta puede ser la fuente del afecto de Micha hacia él: este futuro primer ministro puede producir su propio vapor retórico seductor, y los dos hombres comparten una inseguridad evidente y entrañable. Quieren agradar, no solo en los asuntos públicos sino también a los que los rodean.

Y hay algo casi desinteresado en el ajetreo de Norman. No quiere la riqueza o el poder tanto tanto como la cercanía a ellos para así entrar en un mundo donde suceden cosas importantes. Él se llama a sí mismo un hombre de negocios o un consultor, pero realmente está ejecutando un tipo de esquema de pirámide social, prometiendo ganancias extravagantes en pequeñas inversiones de bondad y cortesía.

Casi tiene éxito. O tal vez -para adelantar lo menos posible- tenga éxito. Solo al final, con una sutileza emocionante y una claridad impresionante, surge una fábula satírica. Para decirlo de otra manera: es un raro chiste judío en el que el remate está a la altura de la premisa.

FICHA

El hombre que lo conseguía todo: [****]

Estados Unidos/Israel, 2016. Título original: Norman: The Moderate Rise and Tragic Fall of a New York Fixer. Escrita y dirigida por Joseph Cedar. Fotografía: Yaron Scharf. Montaje: Brian A. Kates. Música: Jun Miyake. Diseño de producción: Kaliva Ivanov y Arad Sawat. Con: Richard Gere, Lior Ashkenazi, Michael Sheen, Charlotte Gainsbourg, Steve Buscemi, Dan Stevens, Hank Azaria. Duración: 132 minutos.
Estreno: 11 de enero.

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