Hoy en el Solís, Últimas conversas de Eduardo Coutinho

El silencio y la voz del gran director de Brasil

Eduardo Coutinho murió en febrero de 2014 a los 80 años en su casa de Río de Janeiro, asesinado por su hijo esquizofrénico. Un final que retumbó demasiado trágico para un documentalista que se hizo querer en el mundo entero realizando un cine que se fijaba, primero, en el prójimo, "aquellos que no salen en Google", decía.

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El cine de Coutinho, presente en el festival DocMontevideo.

La Semana del Documental de DocMontevideo, exhibe hoy en la Zavala Muniz, Últimas conversas, la película que Coutinho se aprontaba a finalizar cuando lo interrumpió la muerte. Jordana Berg, que editó más de 12 películas del brasileño, y João Moreira Salles (Santiago), se hicieron cargo de articular la última charla que este artista incansable dejó sin terminar.

Últimas conversas mantiene la estructura austera y teatral de otras películas de Coutinho (como Jogo de cena de 2007 y Las canciones de 2010). Esta vez, los protagonistas son jóvenes de 18 años que ingresan a un salón vacío y dialogan con el director sobre su vida. Berg recibió el material tres semanas antes de la muerte de Coutinho. Pudo discutir con él al menos sobre 10 de los entrevistados. Moreira Salles decidió compartir la autoría y trabajó con la montajista en el corte final.

"Terminamos la película y nos dimos cuenta de que habíamos logrado un resultado muy parecido al que hubiera aprobado, pero Coutinho no estaba", dijo Jordana a El País. "Entonces decidimos ser fieles a nuestro director e incorporamos el proceso del rodaje: lo máximo que podríamos hacer era una película nuestra pero filmada por él".

El film presenta al director de Cabra marcada para morir (que es de 1984 y una de las grandes películas del cine brasileño) como uno de los protagonistas y muestra su carácter artístico detrás de cámara, en este caso, dubitativo del material conseguido a un día de terminar el rodaje. "No tengo memoria. Quiero olvidar mi historia hablando de la de los otros", dijo Coutinho a El País de España. La poca memoria de los jóvenes que entrevistó y la dureza de sus historias lo tenían preocupado: "la adolescencia es miserable, tuve que haber filmado la niñez", se quejó frente a la cámara luego de una charla hilarante con una niña de seis años.

"Su cine tiene como materia prima la memoria y trabajar con adolescentes es trabajar con personas que viven en el presente", dice Berg. "No era de dar pasos atrás en sus decisiones, incluso no lo dio en este caso, pero realmente no creía que pudiera lograr una buena película con estos personajes."

El resultado lo desmiente. Sus amigos lograron articular el material manteniendo la sensibilidad e intimidad que solo Coutinho podía conseguir con sus interlocutores. Convertido en un abuelo que nunca perdió la curiosidad, los jóvenes se abren frente a sus preguntan generales contándole secretos, angustias, pasados terribles e ilusiones de un futuro ideal. Coutinho los despide cariñosamente, agradeciendo y deseándoles suerte. La adolescencia que retrató sí, es miserable pero fascinante.

El secreto de Coutinho fue saber escuchar y entender la importancia del silencio. "Es muy lindo que un documentalista que se apoya integralmente en la palabra le de al silencio el mismo valor".

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