Entrevista con Ana Katz

“Siempre me ven como comediante”

De la actriz y directora argentina se presentará su obra El juego de la silla, en la Sala Delmira del Solís

Ana Katz
Ana Katz. Foto: Difusión

El miércoles en la Sala Delmira Agustini se estrena El juego de la silla, obra de la multipremiada actriz y directora argentina Ana Katz, que significó mucho en su carrera, dado que fue su ópera prima, tanto en cine como en teatro, y le valió un significativo reconocimiento internacional. A su vez, aprovechando el estreno, la artista dará una charla en Montevideo, el próximo viernes 10 a las 18.00 en el INAE (Zabala 1480), para la que es necesario inscribirse en la web del instituto.

La versión uruguaya contará con dirección de Fernando Vannet, participando también en vivo El Cuarteto del Amor. Dará nueve funciones, miércoles, jueves y viernes, a las 20.30. Tickantel, $ 350.

-¿Cómo recordás hoy todo el rodaje de Whisky?

-Whisky me dejó una huella artística muy grande. Y afectivamente también. Fue una película muy cuidada, a la que a cada plano se le dio un valor muy grande. Dentro de mi pequeña participación, como más me recuerdo fue escuchando y mirando al equipo, que trabajaban como si estuviesen hipnotizados, pensando cada parte. Y pienso que eso está en la película. Luego la película cobró ese valor de piedra preciosa, que uno cuida especialmente en el recuerdo.

-De esa etapa inicial de tu carrera también es Mundo grúa, de Pablo Trapero, otro hito de esa nueva forma de hacer cine.

-Sí, fue muy loco, porque apenas terminé la facultad, hice esa asistencia de dirección. Esa película compartió con Whisky, y con El juego de la silla, que tuvieron equipos de personas totalmente involucradas en el proyecto. Integrantes de un equipo de van juntos a la par, como decía Pappo. Creo que en eso colaboró la creación de talleres y universidades de cine, que rompieron con la lógica de producción de cine con una estructura meramente piramidal. Y se volvió un equipo de amigos muy concentrado sobre algo, con esa creatividad tan particular que viene de lo colectivo.

-En cine vos dirigiste a Daniel Hendler y él te dirigió a vos.

-Sí, se cierto, yo lo dirigí a él y él a mí. Por las dudas te aclaro que no estamos más en pareja con Daniel. De todas maneras compartimos la crianza de nuestros hijos y estamos en constante vínculo. No fue desde un lugar conflictivo, para nada. Pero yendo a la pregunta, sí, hemos trabajado mucho juntos y siempre hubo mucha conexión en esa mirada.

-¿Vos de niña eras tímida?

-No, tímida no, siempre fui muy sociable, pero también con grandes momentos con muñecas, jugando e inventando. Viajé bastante con mis padres desde chica, y siempre fui muy curiosa. Y en las reuniones me usaban de medio payasa, creo que por ahí viene la parte de actriz. Y siempre mirando la realidad como asombrada. La forma de decir las cosas de la gente, siempre observando. Soy hija de dos psicoanalistas de izquierda, y siempre estuve como metida en juegos de palabras.

-¿Qué sentís que tu rostro expresa como actriz?

-Siempre me ven como comediante, así que ya lo asumo. Mi relación con el humor es clarísima, pero yo nunca me ocupo del humor. No es algo que yo me proponga. Pero más allá de eso, como actriz, me fui sintiendo más cómoda cuando fui dejando esa edad de los 20, los 20 y pico, que, desde una mirada más ortodoxa, siempre te tocaba hacer la noviecita, la Lolita. Eso me producía un pudor espantoso. Algunas actrices dicen que a medida que crecés se van achicando la posibilidad de papeles, yo siento que a medida que voy creciendo me voy atreviendo a mucho más. Y que me van apareciendo papeles más vinculado con lo femenino más suelto, y no tan eso de la chiquita. No gracias.

-Esta obra que ahora se va a hacer acá, El juego de la silla, fue fundamental en tu carrera.

-Sí, fue mi ópera prima, en cine y en teatro, más allá de unos cortometrajes. Para mí fue un proyecto muy lindo, estuvimos alrededor de un año trabajando en él, improvisando distintas situaciones familiares. Y se empezó a dar una complicidad entre el grupo de actores, y a partir de eso escribí un cuento. La literatura siempre fue un espacio muy hermoso para mí. No sabía en qué se iba a transformar ese cuento. Y luego se filmó la película en mi casa, con la cámara que prestó la Universidad del Cine. Se estrenó tres años después en San Sebastián y tuvo más de 20 premios internacionales.

-Y luego vino la versión teatral.

-Sí, presenté ese texto en el Teatro San Martín, y ganó un premio, y decidí hacerla en teatro. Primera y única que vez que hice con el mismo material cine y teatro, pero era como que me seguía esa nube de la familia Lujine, los protagonistas de la obra. La historia es el reencuentro con un hijo, que hace mucho vive afuera, y tiene una relación tan estrecha como trancada con su familia. Y ahí está la dimensión universal del asunto. Yo la sensación que tengo con respecto a esta obra es la de un hijo ya independizado, que te va contando las cosas que va haciendo. Pero ya no hay acción mía sobre esa obra: solo contemplación, y disfrute.

-¿Trabajaron con el director, Fernando Vannet, la versión uruguaya que ahora se va a estrenar?

-Estuve hablando con Fernando, y según mi mirada, me parece que lo que corresponde es justamente entregar ese texto para que el director pueda hacerlo suyo. Entiendo que el texto está respetado, y me siento muy curiosa de ir a verlo. Sé que vienen trabajando hace mucho rato, para acentuar la intimidad de esas relaciones. Están concentrándose en lo más íntimo. Estoy con muchas ganas de verla.

El juego de la silla
El juego de la silla, versión uruguaya. Foto: Difusión
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