GASTÓN PAULS

"Siempre estoy en guerra conmigo mismo"

Gastón Pauls dice que le llevó 45 películas sentirse libre en un set y con un personaje. Lo logró recién dos años atrás, durante el rodaje del thriller uruguayo El sereno, en el que interpreta a un hombre adicto sumido en una tortuosa oscuridad, algo así como una foto de su antigua vida.

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Gastón Pauls. Foto: Gastón Pauls

La historia tomó forma luego de una charla que mantuvo sobre las adicciones con el guionista Óscar Estévez (La casa muda, Dios local), durante la cual le confesó varios de "sus monstruos internos" para ponerlos al servicio de un relato.

El actor argentino presentó el film (que integra la sección competitiva) en el Festival de Punta del Este junto a su novia, la actriz Valentina Barrios, y el resto del elenco, integrado por Cecilia Caballero, César Troncoso, Álvaro Armand Ugón y Lalo Labat.

Esta película es otra muestra del interés creciente de algunos realizadores por desarrollar una cinematografía de suspenso y terror psicológico. Siguiendo los pasos de Gustavo Hernández, marca el debut de Estévez y Joaquín Mauad en la dirección. Aunque el guión tiene torpezas en la forma en que brinda la información, hay que destacar la calidad técnica de la película, así como la buena dirección y esmeradas actuaciones. Digamos que podría ser un thriller "for export".

Pauls aseguró que esta filmación fue "un exorcismo". Es el protagonista absoluto de una historia que ocurre en dos líneas de acción y tiempo paralelas, y que se rodó dentro de un tenebroso galpón a punto de ser demolido y durante las noches, circunstancias que de por sí atemorizaban a todo el elenco. El próximo 9 de marzo se estrenará en salas comerciales. En una charla con El País, el actor dialogó acerca de cómo una película puede convertirse en un símbolo de recuperación personal.

Link: https://www.youtube.com/watch?v=2KVcSPrn1cM

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—¿En qué momento de tu vida te agarra esta película?

—Me agarra cerrando una etapa, en mi caso una de muchos años. Creo que Dios o la energía cósmica —en lo que uno elija creerme dio la posibilidad de poder reírme de eso y plasmarlo en una foto: sacarlo del todo de adentro mío, terminar de purgar el problema y el dolor. Desde hace algún tiempo disfruto mucho de la luz, del poder reírme y del poder hablar. Para todos los que hemos pasado por la oscuridad de las adicciones esta película es como un broche de cierre. En mi vida antigua la luz era un puntito muy lejos en un túnel, que por suerte ya crucé y ahora lo puedo contar.

—Esta es tu película número 45, ¿cómo se mantiene el interés de actuar luego de tantos proyectos?

—Lo que hago es volver a algo. Parezco místico, pero confío en que el universo me va a proveer, que si uno está haciendo las cosas bien con su vida algo la vida te va a dar. Y la prueba para mí fue esta película: el universo me cruzó con Oscar Estévez en Montevideo, para que tuviéramos una charla sobre la oscuridad y yo le pusiera la cara a esta historia.

—Y te terminaste enamorando de tu compañera de elenco.

—Y me enamoré. Son muchas cosas juntas. Nunca me sentí tan libre como en esta película, fue lo más bello que me pasó laboralmente. Antes sentía que estaba haciendo algo para otros: o mi mamá, o el compañero, o el director, o un crítico… Siempre estaba pensando en alguien más. En esto tiene que ver que me encontré con un equipo que me permitió ser libre, porque para mí la actuación es pararte en una marca y decir la verdad, y la verdad venía de cada uno de los actores que rodaron conmigo acá: todos me guiaron y ayudaron para que saliera eso que necesitaba dejar salir para el personaje. Para mí esta película es una salida de la esclavitud que puede generar una adicción.

—Ya habías filmado antes en Uruguay la película Corazón de fuego (2002), ¿cómo se siente trabajar para filmografías chicas ajenas a las de tu país?

—Tiene el valor distinto de quedar en la memoria audiovisual de un país que no es el tuyo. La primera vez que vine me trajeron mis padres a los ocho años, y siempre me pareció un lugar mágico por la energía de la gente y por los lugares:a mí este país me parece una genialidad. Y cuando además me eligen para filmar acá, es lo que quiero, porque no elijo estar fijo en la televisión aunque sé que el cine es mucho más inestable de lo que se puede suponer.

—Después del éxito de Nueve reinas (2000), ¿te sentiste seguro con el lugar que podrías tener en el cine?

—No. Ocurrió que entendí la literalidad del dicho "a seguro se lo llevaron preso". Un día saliste creyendo que estaba divina la lluvia y cayó un rayo y te mató; y otro día estás esperando el rayo y no viene. Yo no me siento seguro nunca, y si me viene esa sensación me digo: "vámonos para otro lado y busquemos algo nuevo". Veo lo mismo en mis hijos: cuando aprenden cómo funciona un juguete van a otro; y yo soy así.

—¿Ahora de qué tenés ganas?

—De viajar. Me voy a filmar a Colombia y en dos semanas a estrenar una película en Honduras y después tengo otro estreno en Cuba. Me encanta. Yo aprendo mucho en cada rodaje y con el otro, con esta charla, con la conferencia, con todo.

—¿Qué te enseñó tu experiencia como productor, director y conductor de periodísticos?

—A tener más puntos de vista. El otro día lo pensaba, cuando tenía ocho años un día estaba viendo llover y vi a un chico de unos 15 años bailando en la lluvia, mirando para arriba, como agradeciéndole a Dios el agua. Y mi padre que estaba atrás mío me movió la cabeza y me hizo ver a una viejita que estaba a dos metros de este chico, tratando de taparse en un mini techo, con todas sus cosas porque vivía en la calle. Ahí entendí que en seis metros convive el que bendice y el que maldice, y a mí me gusta esa posibilidad de mirar desde los dos lugares: eso es lo que me dio.

—¿Cómo se llevan ahora el Gastón Pauls famoso con el que está lejos de las cámaras? ¿Estás en paz?

—Qué pregunta… qué pregunta. Sigo en la misma. En relación a la paz y a la guerra que tengo dentro sigo igual, es un límite muy fino que a veces divide una pared, otras un hilo y en otros casos directamente no hay división. Estoy continuamente en guerra conmigo mismo, me declaro la paz varias veces por día y cuando estoy abrazándome me pego un cachetazo: así vivo.

—¿Dirigir te ordena?

—Sí, me pone en un lugar más de marionetista de esta situación porque me da una sensación de falso poder. Dirigí en Todos contra Juan y ahora estoy desarrollando una película que es una metáfora porque habla de la desnudez, que vuelve a ser bucear en ese límite muy sutil entre la realidad y la ficción, porque yo soy actor y supuestamente tengo que fingir algo, pero a la vez lo tengo que hacer de verdad; entonces, ¿no tengo que mentir para hacer una ficción? Estoy con este tema en la cabeza, que para mí ahora es el eje de todo.

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