CINE - DIARIO DE UN FESTIVAL

Sexo, gitanos y vampiros en Mar del Plata

El primer día agotó localidades en todas las funciones programadas. Se exhibieron "Amateur", "No sabés con quién estás hablando" y "Moonlight".

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Esteban Lamothe en "Amateur". Foto: Difusión

Curiosamente las dos películas que fueron proyectadas para dar inicio a la Competencia Argentina pertenecen al mismo universo: un cine de género deudor de la Clase B, con narraciones caóticas y desmesuradas, personajes grotescos y predispuestos al humor.

Amateur es un film de vampiros sin vampiros. Es el debut en dirección de Sebastián Perillo, productor de películas como Fase 7 (también cine de género) y de La vida de alguien (un registro completamente opuesto). Jazmín Stuart interpreta a Isabel, una elengante y sexy femme fatal que deja cadáveres a su paso. “Me da pudor ver la película”, aclaró la actriz acerca de las escenas de sexo que protagoniza.

Sus crímenes son descubiertos por Laura (Eleonora Wexler), la extraña conserje de un edificio que administra Guillermo Bottaglia (Alejandro Awada), el temerario marido de Isabel, que además es dueño de un cementerio y de Aura TV, un canal con programas místicos en el que trabaja Martín (Esteban Lamothe), un protagonista con un desarrollo en el guión bastante atípico. Tras las pistas de los homicidios va Seselasky, un detective que sisea y tiene pocas luces.

Amateur es el film de un cinéfilo con ganas de homenajear a ese cine que lo formó, en buena parte policiales argentinos de la década de 1940, 1950 y 1960. El resulto sabe a confusión: hay torpezas en la historia, acciones forzadas y explicaciones innecesarias, escenas que no llegan a tomar forma, caprichos para rendir tributo, y poco desarrollo del personaje malísimo en post de lograr una empatía con Isabel: hubiera sido más interesante que no existiera justificación. Así y todo es un film divertido, que comprendió los códigos de este cine sádico y pegajoso.

No sabés con quién estás hablando fue presentada como una película “argenta”, en la que Germán da Silva se despachaba con todos los clichés del chanta porteño de buen corazón que embauca a un par de perejiles. Es un film de mafia barrial, con videojuegos, mugre, amor a los fierros y ventas por mercado libre. Un film delirante y con gran sentido del humor que recibió dos tandas de aplausos.

Ópera prima de Demián Rugna, dijo que se inspiró en sus amigos para escribirla. Juan, el protagonista, reparte volantes para un viejo gitano que roba y vende autos junto a sus tres hijos mafiosos. Por error tira un paquete de descarte (los volantes que no quiere repartir) en el patio de una casa venida a menos. Entre chatarra de todo tipo, vive Romano (Germán da Silva), un buscavidas que dice haber sido vendedor de pelo, parrillero e inventor de químicos entre decenas de oficios. Allí tiene un Iava 128 destartalado que se convertirá en la obsesión de Juan, que tan pronto como lo arregla lo pierde a manos de su jefe por causa de unas deudas de su nuevo amigo. Juntos idearán un plan para matar a su jefe, preferiblemente de un susto. Así sumarán la ayuda de un joven estudiante de efectos especiales.

Un relato frenético, grasa y lleno de humor

En el Auditorio, una sala multitudinaria donde no quedó una sola butaca disponible, se exhibió Moonlight, un interesante y delicado relato de sufrimiento, racismo, homofobia, bulling, amor y desamor dirigido por Barry Jenkins y producido por Brad Pitt.

El protagonista es Chiron, un niño negrísimo que sufre uno de los males habituales de los pobres norteamericanos: padre desconocido, madre drogadicta, golpes en la escuela, burlas por tener ciertas conductas afeminadas y carácter débil. Chiron conoce a Juan, el dealer cubano que le vende droga a su madre y junto a su novia Teresa se convertirá en una especie de segunda familia para el pequeño.

Estructurada en tres capítulos, la película plantea dos elipsis que muestran el crecimiento del personaje. La segunda parte lo acompaña durante una adolescencia dura, donde todos sus problemas se vuelven más trágicos. La tercera lo encuentra adulto, convertido en un hombre fuerte y ligado al narcotráfico. Sin embargo el director se concentra en las relaciones humanas: con su madre, con Teresa, con su único amigo Kevin.

Filmada con un inmenso amor por sus personajes, en Moonlight hay vida más que acciones. Prima la sutileza en lugar de diálogos sugestivos —sobre todo porque el protagonista es monosibálico—, logrando así unas delicadas y emotivas interpretaciones que se lucen en escenas que fluyen, sin grandes ambiciones.

Es un retrato bello y profundo, sin embargo las elipsis se reciben con gruesas pinceladas que pueden jugarle en contra al espíritu del film. La línea del tiempo que marca parece sugerir que una infancia difícil tiene sí o sí malas consecuencias, borrando con el codo todo la construcción de Chiron como un niño especial y sensible. En ese sentido, podría pecar de efectista y hasta de cliché.

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