CINCUENTA SOMBRAS MÁS OSCURAS

Entre la sensualidad y el thriller

Christian Grey y Anastasia Steele están de regreso con una película que se estrena hoy.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Cincuenta sombras más oscuras. Foto: Difusión

El impacto que tuvo Cincuenta sombras de Grey en el mundo fue clave para la revitalización de la literatura erótica, que desde 2011 a esta parte aumentó generosamente la cantidad de títulos con novelas independientes o franquicias pensadas para ser best sellers, como Calendar Girl de Audrey Carlan. Hasta Chuck Palahniuk se dejó llevar por la tendencia del mercado en su último título, Eres hermosa, aunque siempre desde su particular (en este caso muy desagradable) encare.

Entonces, la llegada al cine de esta historia —devenida en trilogía— creada por la británica E. L. James fue, tras el éxito de ventas de los libros y el desarrollo de un fenómeno impulsado por el boca a boca y las redes sociales, un paso natural. Un paso grande, sí, por lo que significó la campaña de expectativa: la búsqueda de los actores ideales para ponerse en los zapatos del millonario Christian Grey y la jovencita Anastasia Steel se hizo a través de la prensa internacional, con un reporte que fue cambiando prácticamente semana a semana.

La discusión pública empezó cuando los elegidos se anunciaron —fueron Jamie Dornan y Dakota Johnson, dos con relativa poca experiencia—, y se potenció cuando se estrenó hace dos años Cincuenta sombras de Grey, la primera película. Vapuleada por la crítica, consagrada en los Razzies a lo peor del cine y recibida fríamente incluso por los seguidores más fervorosos de esta ficción, lo que dejó fue mucha pena y nada de gloria.


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Eso sí, fue un éxito de taquilla, porque la calidad evidentemente no tiene que ver con la cantidad de público convocado y entradas cortadas.

De cualquier modo, las críticas al producto le costaron el puesto a la directora Sam Taylor-Johnson e hicieron que el propio Dornan terminara pidiendo disculpas públicas por el que reconoció como uno de sus peores trabajos. Vaya sorpresa la que se llevan los que lo encuentran protagonizando en gran nivel la serie The Fall, que está en Netflix.

Y todas esas críticas se colaron en el desarrollo de Cincuenta sombras más oscuras, esta segunda entrega que desde hoy está en las salas locales. James Foley (que entre otras cosas ha dirigido videoclips de Madonna) puso manos a la obra y aunque se rumoreó que tanto Dornan como Johnson estaban dudando de la continuidad de este proyecto, todo fue avanzando a los tumbos hasta llegar a su esperado estreno mundial.

Para esta secuela, la expectativa se apoyó en varios pilares: al cambio de director y la incorporación de la experimentada Kim Basinger al elenco, y a la esperanza de que todo lo que falló en la primera parte fuera mejorado ahora, se le agregaron un par de giros que hacen que este relato pase (al menos debería pasar) de ser una mera cuestión romántico-erótica a un thriller más emocionante.

Al final, ni con todo eso se cambia el curso de este camino que sigue hacia el mismo tedioso lugar. Es —una lástima— otra decepción para los fanáticos.

Espera.

Como en tantos otros países, en Uruguay hubo preventa de entradas prolongada durante casi un mes, además de un preestreno que se realizó ayer antes de la medianoche. También hubo, para invitados, una premiere a lo grande con un evento formal, porque eso es lo que mueve esta ficción: una atención que puede compararse sólo con la que generan las franquicias de superhéroes, pero casi nunca con los títulos que compiten en los premios Oscar (de los que hoy se estrena otro, Talentos ocultos).

Esa presión la sienten los protagonistas, que previo al estreno destacaron lo importante que fue la relación personal que generaron, dado que para la primera entrega de la franquicia tuvieron muy poco tiempo para conocerse. Y eso, cuando el sexo y la desnudez son factores fudamentales y casi omnipresentes, es algo que se siente en la interna y se traduce en lo que recibe el público.

De hecho, uno de los aspectos más criticados de Cincuenta sombras de Grey fue la falta total de química entre los personajes, que acá no es tan evidente. Hay una conexión más natural en las escenas de sexo, pero sobre todo en los pequeños momentos cotidianos, esos que permiten concretar pasajes de comedia romántica que logran aportarle un poco de ritmo a tanto paso cansino, fundamentalmente con los comentarios a pura ironía de Steele a su siempre correcto y dominante Grey.

"La desnudez es algo realmente interesante para un actor. Jamie y yo hemos trabajado increíblemente cerca durante mucho tiempo. No hay vergüenza, son escenas honestas y llenas de confianza", contó Johnson en entrevista con la revista Vogue. "Pero qué riesgo. Es decir, ¿y si él hubiera sido un completo idiota? No hay maquillaje, no hay ropa que te cuente algo de la historia. No hay joyas para darte una pista sobre el estatus social. Se convierte en actuación pura", dice la protagonista, que es quizás la que más cambio muestra en esta segunda entrega, que sigue dejando demasiado gusto a poco. Como la vez anterior, queda la sensación de que hay demasiado ruido, y sí, pocas nueces.

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