NÉSTOR GUZZINI

"Trabajar seguido ayuda al oficio"

De la mano de Adrián Biniez comenzó en el cine y llevan cuatro colaboraciones juntos. Hace solo once años que Néstor Guzzini comenzó a dar sus primeros pasos en el cine, y ya tiene 22 títulos en su carrera, donde ha trabajado con importantes realizadores y actores de la zona.

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Néstor Guzzini. Foto: Archivo El País

“Siempre he tenido la suerte que, al final en los proyectos que he querido estar, los he podido realizar”, dice. Coincidencia o no, dos de sus películas, Mi mundial y Otra historia del mundo, se encuentran en las carteleras del cine local, una situación que le pasó ya con Mr. Kaplan y Zanahoria en 2014. En una pausa de la grabación de su próxima película, Guzzini atiende a El País para charlar de su carrera y formación.

—¿Qué se siente tener en cartel dos películas uruguayas?

—Es una alegría y una experiencia un poco extraña. Por un lado no me gusta que compitan dos películas que podrían tener un público en común, pero es una alegría: cuantas más películas uruguayas estén en cartel, mejor.

—Sos de los que no paran de trabajar, ¿que estás filmando?

—Estamos en la segunda semana del rodaje de Los últimos románticos de Gabriel Drak, en Piriápolis.

—¿De qué se trata la película?

—Es un policial en tono de comedia y digamos que es un subgénero nuevo muy interesante para mí. Es una producción de Argentina y Uruguay, y el equipo y los actores son de los dos países. Está Juan Minujín, Ricardo Couto y está siendo muy interesante el rodaje.

—Drak ya había abordado ese género en su anterior película, La culpa del cordero.

—Repite un poco esa historia, aunque ahora en un medio más amplio. Aquella estaba circunscrita dentro de un lugar y en este caso se abrió más el abanico con realidades de los personajes en diferentes tiempos y lugares. Creo que es una película más amplia.

—¿Cómo te llevás haciendo comedia?

—Es una comedia en el resultado final, porque en los momentos de actuar y realizar la película, los personajes no lo viven como comedia, sino que es su realidad. La comedia se verá desde afuera por las situaciones. En ese aspecto no cambia la manera de actuar, porque al personaje le está pasando la realidad.

—Tenés una filmografía impresionante, ¿qué se siente tener una entrada en el sitio especializado imdb.com?

—No entro muy asiduamente, aunque creo que quienes se encargan de cargar esos datos son los productores. De vez en cuando lo utilizo para actualizar el currículum (risas). Cuando me lo piden, me sirve de ayuda memoria.

—Leí que no tenés una formación formal como actor, ¿cómo llegaste a la actuación?

—No tengo una formación académica. No sé si se hará responsable, pero Jorge Esmoris hizo una escuela dentro de su compañía de teatro. La BCG ha sido una escuela para músicos y actores. Y tanto él como muchas de las personas talentosas que han pasado por ese grupo, han sido la base de mi escuela. Pero evidentemente no es una escuela formal, curricular; pero sí de gente que ha aportado mucho. No solo a mí, a muchos actores más.

—Así que la murga te sirvió como base para la actuación.

—Eso ni que hablar. Además tené en cuenta que la BCG era un grupo de teatro muy particular que un día decidió hacer carnaval. Entonces tenía una mezcla de tendencias y formas de ver el desarrollo del arte muy particular. Era muy ecléctico, entré ahí con 16 años y fue muy removedor.

—¿Cómo llegás a trabajar en varias películas por año?

—Lo que pasa es que ser realizador en el Río de la Plata son procesos de años. Y la intención no es que se acumulen en un tiempo determinado, pero a veces pasa eso. Pero también hay proyectos que no los podés hacer. Más allá de que se sigue filmando todos los años una buena cantidad de películas, lamentablemente a veces los proyectos demoran tanto que al final se terminan acumulando en algún punto, como ahora. Aunque, por suerte, he podido tener trabajo seguido.

—Estás estrenando cerca de dos películas por año, ¿es complicado ser actor acá?

—Es que trabajar seguido ayuda al oficio, porque no hay nada que sustente al hacer. Vos podés intentar formarte lo más posible, pero si no hacés, es muy complicado. Eso se aplica para un actor, director o un técnico.

—¿Cómo surgió esa alianza con Adrián Biniez, que va por la cuarta colaboración juntos?

—Lo primero que hice en cine fue un corto, 8 horas de Adrián. Debutamos los dos, él como director y yo como actor. Es un tipo increíble, un director muy talentoso y agudo con los actores. Tiene una visión general increíble.

—¿Tener esa visión, es importante para un actor?

—Ni que hablar. De hecho, por suerte me ha tocado trabajar con varios directores que hacen mucho énfasis en el trabajo con el actor. Sí es un proceso creativo, porque la actuación es acción y reacción.

—¿Qué te pasa cuando te ves en la pantalla?

—Me pasa que me sigo viendo a mí. O sea, veo el personaje, pero nunca pierdo la sensación que soy yo. Eso no es un problema ni me frustra. En realidad es un tema de tomar conciencia que el instrumento soy yo. Me ocupo de que ese instrumento, mi cuerpo y mi voz, logre transmitir lo que le pasa en cada historia. Me parece que intentar transformarse en algo que no sos vos, no es la actuación que yo persigo.

—¿Y qué buscas?

—Uno intenta modificar y darle diferentes características al personaje, y llegar al lugar que la historia requiere y ver cómo se comporta este personaje. Pero siempre es a ser a través del mismo instrumento, eso es una realidad.

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