Crítica

"Santiago, Italia": Nanni Moretti y su retrato "parcial" de la tragedia chilena

Se estrenó un documental del director de "Aprile" y "Caro Diario" sobre la solidaridad italiana con los exiliados políticos chilenos

Nanni Moretti
Nanni Moretti, y una mirada sobre Chile

Ganadora de un premio David Di Donatello al mejor documental, Santiago, Italia es la primera película de Nanni Moretti desde Mi madre, que se estrenó en 2015.

Es el primer largometraje documental de Moretti, uno de los grandes directores italianos surgidos en la década de 1980. En Uruguay, sus películas han tenido cierta repercusión. Su filmografía incluye comedias en las que Moretti interpreta una versión de sí mismo (Palombella rosa, Aprile, Caro Diaro), comedias satíricas (Habemus papa) y dramas profundos como La habitación del hijo, que le dio la Palma de Oro de Cannes en 2001.

Santiago, Italia es una película atípica en el panorama de su carrera. Es una reconstrucción del gobierno de Salvador Allende en Chile, del golpe de Estado, la represión posterior y, principalmente, el papel de la Embajada italiana en Santiago de Chile, en el exilio de perseguidos políticos.

“Yo no soy imparcial”, le dice Moretti a uno de sus entrevistados, un militar preso por homicidio y secuestro, que le pide un trato justo. El que avisa no traiciona, y la única otra vez que el director se le planta a un entrevistado, a un militar que dice haber desconocido la existencia de torturas.

El resto de las entrevistas (presentadas en el poco original recurso de “cabezas parlantes”) son emotivos y duros relatos de víctimas de la represión. Entre ellos, están los directores de cine Miguel Littin y Patricio Guzmán. Entre todos los testimonios se conforma un retrato generacional de las cosas que pasó Chile.

Para públicos que, por razones de edad o proximidad geográfica, están más cerca de lo que se cuenta, es un repaso histórico de hechos que, más o menos, se conocen. Hay quienes, por lejanía o juventud, descubrirán un momento tristísimo de Chile y el continente contado en primera persona. Ese es un mérito.

El otro, quizás, sea presentar un mundo que pareció rozar una utopía de solidaridad socialista global. Toda la parte final, con los exiliados chilenos contando su experiencia italiana, apoyado por los poblados actos de solidaridad con su causa de la época, es una mirada nostálgica bien propia del director y que dice mucho sobre su mirada al mundo actual y así consigue transmitir algo más que un parcial turismo histórico.

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