entrevista

Con Sandino Saravia, el uruguayo que a través de "Roma" se metió en las grandes ligas

El productor charló por teléfono con El País desde México (donde vive desde hace cinco años) sobre cómo fue trabajar en "Roma", sus inicios, el cine uruguayo y sus próximos proyectos 

Sandino Saravia. Foto: Gentileza Sandino Saravia
Sandino Saravia. Foto: Gentileza Sandino Saravia

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Sandino Saravia Vinay se convirtió en productor casi que por accidente, y lleva 15 años trabajando en la industria cinematográfica. En su currículum destacan la producción ejecutiva de El baño del Papa; dos películas de Rodrigo Plá, con quien tiene la productora Malbicho (La demora y Un monstruo de mil cabezas) y más acá en el tiempo, la coproducción de Pájaros de verano, el elogiado film de los colombianos Cristina Gallego y Ciro Guerra, entre tantas otras películas. Pero ningún proyecto fue tan grande como Roma, la última película del mexicano Alfonso Cuarón (está en Netflix y en Cinemateca), que acaba de recibir 10 nominaciones al Oscar, incluyendo la de mejor película, y que lo tiene como productor asociado. De ganar -tiene con qué- sería la primera película no hablada en inglés en hacerse con la estatuilla mayor.

De cómo fue trabajar en Roma, de sus inicios, el cine uruguayo y sus proyectos, Saravia charló por teléfono con El País desde México, donde está hace cinco años y desde donde avanza con una serie de proyectos que lo tienen ocupado: la siguiente película de Gabriel Mascaro (después de Divino amor); la ópera prima de Gerardo Minutti, Perros; y una película del cubano Marcos Díaz, que cuenta con apoyo de Sundance.

—Primero, la pregunta obligada: ¿cómo terminaste trabajando en la nominada al Oscar Roma?

—Yo hace 15 años que trabajo como productor, en Uruguay, Argentina, Brasil, ahora México. En 2008 conocí un proyecto muy lindo, costarricense, en el cual me quería meter: Agua fría de mar. Y uno de los coproductores era Nicolás Celis, mexicano, productor de Roma. Ahí nos hicimos amigos, yo seguí produciendo en Uruguay, y cuando vine a México en 2014 volvimos a entrar en contacto, y a fines de 2015 decidimos trabajar juntos. Ahí apareció Roma, que era -y es- un proyecto enorme; había que sumar fuerzas y ayudar como se podía. Yo me metí a ayudar, básicamente, y he sido el brazo derecho de Nicolás en el área de legales y de financiamiento en México.

—¿Cuál fue tu primera impresión del proyecto de Alfonso Cuarón?

-En realidad, el proyecto nadie lo conocía, porque el guion nunca estuvo disponible para nadie. Entonces era la película de Cuarón, y había que hacerla con la información que teníamos. Pero obviamente cuando apareció esta posibilidad, que es la posibilidad que uno sueña toda la vida con tener -trabajar con un director de la talla de Alfonso, y con un amigo como Nicolás-, básicamente fue: vamos a hacerlo, ¿qué hay que hacer? Y ya.

—Y cuando vas a buscar un fondo, y lo que sabés es que es la nueva película de Cuarón, y no mucho más, ¿qué hacés?

—Para los fondos nacionales tuvimos que presentar más información, y de hecho se presentó un guion que nosotros no leímos: teníamos un desglose y en base a una escaleta, sabíamos más o menos lo que se necesitaba, que íbamos a filmar nueve semanas en una casa, dos en una playa... Sí se hizo muy difícil con sponsors o empresas que apoyaron; de hecho, los primeros contactos que hicimos eran: “Tenemos un proyecto grande, no podemos decir ni siquiera el director. Y tenés que confiar en nosotros”. Fue muy complejo, pero se logró.

—Desde el rol de productor, ¿cuál fue el aprendizaje que te llevaste tras haber estado en un proyecto así de grande?

—(Piensa) Eso es algo que uno va procesando con el tiempo, no sabría qué decirte. Al final del día se parece mucho a la mayoría de las producciones que hemos hecho, salvando las distancias. Creo que va más por el lado de trabajar con alguien con una visión tan particular y rigurosa como Alfonso, por las dimensiones del proyecto, y yo nunca había hecho una película de época. Construir 200 metros de calle real, con fachadas; tener 150 autos en escena en un día, esas cosas yo nunca las había hecho ni había estado cerca de eso. Tiene exigencias mayores, más gente, mucho más dinero que se mueve, muchos más “problemas” legales que hay que resolver o tener en cuenta. Porque de cada detalle que aparece en la pantalla, tenemos que tener los derechos para poder mostrarlo, desde la taza al cuadro. Digamos que estar en Roma fue como poner un pie en las ligas mayores.

Sandino Saravia. Foto: Gentileza Sandino Saravia
Sandino Saravia. Foto: Gentileza Sandino Saravia

—Estudiaste Comunicación, ¿y te metiste en esa carrera para hacer qué?

—Como la mayoría de los estudiantes de Comunicación, no tenía idea de qué hacer con mi vida. Empecé en 1998 en la universidad pública, en 1999 me cambié a la Católica, y realmente no sabía qué iba a hacer. Y en esa época, en Uruguay no se hacía cine: recién en 2001 salieron 25 Watts y En la puta vida, y fue la primera vez que sentí que acá se podían hacer películas. Lo de productor fue más por accidente, porque mis compañeros de clase me empezaron a invitar a que me hiciera cargo de producciones, porque me veían serio, ordenado, yo qué sé.

—¿Fuiste compañero de Fede Álvarez?

—Sí, fuimos compañeros de clase con Fede. De hecho, produje un corto que él dirigió, y creo que los dos primeros videoclips de Snake, que él dirigió.

—En los próximos días se presenta en Sundance la nueva película de Gabriel Mascaro, Divino amor, que coprodujiste desde Malbicho. ¿Cómo es llevar una película sudamericana a un festival así?

—Es la primera vez que voy a Sundance, y sé que es un festival muy gringo, que se centra mucho en el cine norteamericano. Nosotros estamos más acostumbrados a hacer las premieres de nuestras películas en Europa, en festivales que le dan más espacio al cine independiente latinoamericano, así que para mí va a ser una buena experiencia. Está bueno porque un par de semanas después vamos al festival de Berlín, a la sección Panorama; logramos una buena combinación.

“Mientras siga logrando trabajar en proyectos que me gustan, voy a seguir estando orgulloso”

Sandino Saravia. Foto: Gentileza Sandino Saravia
Sandino Saravia VinayProductor

—Y estás trabajando con la próxima película de Rodrigo Plá. ¿De qué va?

—Se llama El otro Tom, está escrita por Laura Santullo y en julio/agosto vamos a estar filmando en El Paso, Texas, y en México. Es la historia de una madre soltera, mexicano-americana, que tiene un niño al que le diagnostican trastorno por déficit de atención y lo tienen que medicar. Un día el niño se cae del auto, pero ella no sabe qué pasó, y averigua que los niños mal medicados por ese tipo de cosas pueden tener tendencias suicidas. Entonces le quita la medicación, y ahí empieza el problema con las autoridades.

—En un proyecto así, ¿se busca hacer una película uruguaya, mantener una marca de acá, o hacer un cine universal?

—También la pregunta es qué es una película uruguaya. La demora por ejemplo, es una película superuruguaya y superuniversal. Definitivamente no nos proponemos hacer una película uruguaya o mexicana, sino una película que queremos ver, que habla de un tema que nos interesa. Con El otro Tom no es que queremos hacer una película gringa; es que si vos no medicás a tu niño en América Latina, a nadie le importa, nadie te va a obligar. En Estados Unidos sí pasa.

—¿La distancia te cambió la mirada respecto al cine uruguayo?

—No diría que me cambió. Lo que le falta al cine uruguayo es dinero. Hay gente muy talentosa, que ha hecho muy buenas películas, pero si no hay un apoyo sostenido en el tiempo, va a seguir habiendo películas hechas con dos pesos con 50, que la gente escribe los fines de semana, que no se pueden terminar. Así veo al cine uruguayo, como el de cualquier otro país latinoamericano donde el fondo para el cine es muy débil, y todo queda librado a los grandes genios y a la gente que le dedica sus horas libres después de que sale de trabajar. No se van a poder hacer buenas o importantes películas si no hay cierta profesionalización de quienes hacen las películas.

—¿De qué trabajo estás más orgulloso?

—Es medio cliché, pero las películas son como hijos, y estoy muy orgulloso de casi todas las películas en las que he participado, por no decir todas. También yo intento meterme en proyectos que realmente me gustan, y trato de no tener cuatro o cinco proyectos al mismo tiempo, que es muy difícil, porque a veces lo necesitamos para sostener la estructura, la oficina, los gastos. Hasta ahora no he tenido que hacerlo, y mientras siga logrando trabajar en proyectos que realmente me gustan, voy a seguir estando orgulloso de mis proyectos.

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