Cine

Un romance agridulce y pasajero

Se estrenó en Uruguay "Amor de medianoche", película con el hijo de Arnold Schwarzenegger

Amor de medianoche
Vea el tráiler de "Amor de medianoche"

Los amores adolescentes son inquietos, torpes, inseguros, pero también dulces, valientes y fugaces. Son, en resumen, el material necesario para condensar un romance en una fórmula que es inagotable en el cine: chica conoce chico, se enamoran, se pelean, se disculpan y se reconcilian justo a tiempo para vivir felices para siempre.

En los últimos años, sin embargo, Hollywood se inclinó por dificultar los enamoramientos juveniles -que ya de por sí son muy, muy complicados- con enfermedades. Estuvo el cáncer terminal que padecían los protagonistas de Bajo la misma estrella (un drama romántico muy bien logrado) e historias con condiciones más raras como la que sufría la joven en Todo, todo, que podía abandonar los confines de hogar.

En Amor de medianoche, Katie Price (Bella Thorne) sufre de “XP” (xerodermia pigmentosa), una enfermedad que no le permite estar expuesta a los rayos solares. De todas formas, y como se enfatiza en la escena inicial, Katie es bastante feliz. Es una música creativa, estudiosa y amorosa, criada por un padre soltero (Rob Riggle). En plena adolescencia, todos los jóvenes de la edad de Katie empiezan a preferir la libertad de la noche, sin padres ni obligaciones, por lo que tampoco le cuesta socializar.

En la noche de graduación -un momento crucial para la vida de los estadounidenses- Katie conoce a Charlie Reed (Patrick Schwarzenegger, hijo de Arnold). El flechazo es instantáneo, al igual que la primera mentira que ella dirá sobre su condición. Amor de medianoche no tiene grandes intenciones cinematográficas, pero sí la sensibilidad suficiente para merecer una oportunidad si uno busca disfrutar de una historia sencilla y pasajera.

Sus protagonistas son carismáticos (Schwarzenegger es mucho menos exagerado que su padre) y el mundo en el que habitan parece poco peligroso, más allá de la enfermedad de Katie. Se apela a algún que otro recurso familiar dentro del género romance, pero nada que resulte desesperado. Es una historia agridulce, como lo suele ser el amor.

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