JAVIER ESPADA

La resucitada mirada de Buñuel

Es un especialista en Luis Buñuel que ha realizado tres documentales sobre el tema. Hoy, a las 18:55 en Cine Universitario dentro del Festival de Cine de Uruguay se exhibe su Tras Nazarín, un recorrido por los paisajes de aquella memorable película mexicana de Buñuel.

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Foto: Marcelo Bonjour

—¿Sigue vigente Luis Buñuel?

—Lo que tiene Buñuel es una poética muy personal y muy fuerte que aún estimula, golpea y agita la consciencia del espectador. Y cuando te encuentras con Buñuel —como cuando te cruzas con cualquier gran creador—, te genera esa convulsión que revela la capacidad de estimular la creación que tiene su obra.

—¿El surrealismo es la parte más importante de Buñuel?

—Buñuel era surrealista antes de ser surrealista y fue surrealista después de serlo. Porque ese surrealismo atávico de Buñuel que viene de Goya o El Bosco, seguirá presente en todo su cine. El surrealismo amplía la realidad incluyéndole lo animal, los sueños, lo primitivo, y eso está en toda su carrera.

—Usted dirige el Centro Buñuel en Calanda, su tierra natal. ¿Qué interés encuentran en la gente?

—Allí tenemos un museo dedicado a Buñuel, hacemos exposiciones temporales, hemos creado un archivo donde reunimos materiales dispersos. En México acabo de recuperar los casetes de las entrevistas a Buñuel que le hicieron José de la Colina y Tomás Pérez Turrent, hablando de su cine.

—Era un personaje con contradicciones, era como un gruñón pero con sentido del humor.

—Eso forma parte de su riqueza: las contradicciones de Don Luis, se podría titular. En Tras Nazarín, lo cuentan las actrices: era como un dragón pero a la vez gastaba bromas y se mostraba muy cercano. Había una ambivalencia en la que era difícil de reaccionar. Eso sí, tenía un caracter y una forma de ser que dejaba huella.

—Comúnmente cuando se habla de surrealismo se piensa en Salvador Dalí. ¿Cree que su figura ha sobrevivido más que la de Buñuel?

—Dalí no sólo era pintor, porque como le dijo Max Aub también era un "payaso" en el sentido que también lo era Andy Warhol: era estrella de sí mismo. Y lo de Dalí iba más allá del arte y se apuntó en lo que dio en llamarse fenómenos de masas. Buñuel era todo lo contrario: si veía un periodista huía. Y además el cine de Buñuel no era fácil de ver, entre otras cosas por la censura que sufrió. Dalí es muchísimo más famoso pero los dos son surrealistas. Y nunca se habla de la influencia del cine en Dalí.

—Cuénteme de Tras Nazarín que va hoy en el Festival de Cine del Uruguay.

—Se estrenó hace un año, en el Festival de Cine de Guadalajara, y tuvo la suerte de que muchos festivales la quisieron proyectar. Se ha movido solo. El origen está en una exposición que hice sobre Los olvidados, e investigando en la Filmoteca Española me encontré con una caja de zapatos con unas mil fotografías que no estaba muy claro qué eran. En una reconocí a Juan Luis Buñuel, su hijo, y cuando le pregunté qué eran esas fotos me dijo que su padre las sacaba con la Leika buscando locaciones. Era la mirada de Buñuel. Y me di cuenta que de la película que más fotos había era Nazarín porque estaba ese viaje de esa especie de Quijote. Y vi que había nostalgia allí, y una nostalgia española aunque era mexicana. Lo que hice fue hacer un álbum de fotos e ir a México a buscar los lugares que fotografió Buñuel y que las fotos tomaran vida.

—¿Cuál fue su primer encuentro con Buñuel?

—La primera película que vi de él fue La edad de oro en una proyección clandestina, y al final sonaban los tambores de Calanda, mi pueblo y el de Buñuel, y me di cuenta que era especial: era surrealista pero tenía raíces que salían directamente de mi tierra. Eso me acercó a su cine.

—¿Cuáles serían las tres películas que hay que ver hoy para entender y conocer a Buñuel?

—Hay tres Buñuel: el surrealista, el preocupado por lo social y el preocupado por la religión. Así que Perro Andaluz, Los olvidados, Viridiana y Nazarín. Y con eso ya está.

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