Volver a ver

"Rescatando al soldado Ryan", un clásico del cine americano que se coló en Netflix

Esta semana ingresó a la grilla de la plataforma de streaming, la película de Steven Spielberg ambientada en la Segunda Guerra Mundial y que ganó cinco Oscar.

Imagen de la película "Rescatando al soldado Ryan". Foto: Difusión
Imagen de la película "Rescatando al soldado Ryan". Foto: Difusión

No hay nadie más americano que Steven Spielberg. Nacido en Cincinatti en una familia judía de clase media en 1946, su infancia pasó en el apogeo de la cultura de masas, en los que el clan se reunía frente al televisor todas las noches y en los cines cada fin de semana. En tiempos que Estados Unidos sew reflejaba en una postal de Norman Rockwell y todo parecía tener un brillo de nuevo de paquete.

Así, Spielberg niño estuvo expuesto a dosis importantes de fantasía, entretenimiento, estabilidad y ética de trabajo que luego desarrollaría en una carrera que no demoraría mucho en empezar. No existe educación más norteamericana.

Tras una serie de cortos caseros, estrenó a los 18 años, Firelight, producción casera sobre invasión de platos voladores que a pesar de su modestia tuvo una “premiere mundial” en el Phoenix Little Theater, el 25 de marzo de 1964 como testimonia un afiche a lapicera con la caligrafía del principal involucrado.

De allí, y tras pasar por todas las iniciaciones posibles (clase B, televisión, películas de género) se volvió uno de los grandes en la historia del cine, ganó un montón de montón de dinero y premios de la Academia entre otros honores, y está en el corpus cultural de recientes generaciones.

Tras una serie de cortos caseros, estrenó a los 18 años, Firelight, producción casera sobre invasión de platos voladores que a pesar de su modestia tuvo una “premiere mundial” en el Phoenix Little Theater, el 25 de marzo de 1964 como testimonia un afiche a lapicera con la caligrafía del principal involucrado.

De allí, y tras pasar por todas las iniciaciones posibles (clase B, televisión, películas de género) se volvió uno de los grandes en la historia del cine, ganó un montón de montón de dinero y premios de la Academia entre otros honores, y está en el corpus cultural de recientes generaciones.

A la altura de Rescatando al Soldado Ryan -que en Uruguay se estrenó el 16 de octubre de 1998 y que desde esta semana esta disponible en Netflix- Spielberg, ya tenía conseguido todos esos méritos con películas como Tiburón, Encuentros cercanos del tercer tipo, Indiana Jones, ET, el extraterreste, La lista de Schindler y Jurassic Park. Son apenas una muestra de las razones de su inclusión en el canon de los grandes maestros del cine estadounidense, tradición a la que, además, ha honrado con citas en su estilo y en sus películas.

En el cine, no hay nadie más norteamericano que él.

Por eso parecía inevitable que, con ese abolengo estadounidense, Spielberg quisiera hacer una película bélica.

Rescatando al Soldado Ryan está dedicada a su padre, un veterano de la Segunda Guerra Mundial, cuya primera reacción al ver la película terminada, fue reclamarle a su hijo, el no haber incluido a su escuadrón de bombarderos, el 490. (“Tenés razón, papá, no conté esa historia, pero esto es para tu generación”, fue la respuesta de Spielberg.

Y es la principal razón de ser de Rescatando al soldado Ryan: honrar la tradición patriótica y valiente de la generación anterior. Y se centra en uno de los hitos de esa promoción: el desembarco en Normandía, primer paso en la reconquista de Europa por los aliados.

La película, a partir de un guion de Robert Rodat, sigue el periplo de un escuadrón que debe encontrar, en la vanguardia del avance aliado al soldado James Ryan, único hermano de cuatro que aún sobrevive y, justo, anda por ahí cerca. Un generalato comprensivo decidió que una madre no podía perder a cuatro hijos en una sola guerra y destinó una decena de soldados a rescatar a uno.

La escena en que esa madre recibe la noticia de la muerte de eso tres hijos, es una de las grandes escenas del cine mundial, en la que Spielberg (con encuadre a lo John Ford) consigue transmitir la emoción de la mala nueva y entender el por qué de una misión así de caprichosa.

Esa historia central está precedida por uno de las mejores escenas de batalla de la historia del cine. El desembarco en Omaha Beach es narrado por Spielberg, con una cámara en mano de pulso documental y con una puesta en escena que no escatima crueldad, terror y muerte en un contrato de realismo que conforman un pequeño curso de montaje, sonido, encuadre y logística.

La contradicción entre el mensaje heroico y la brutalidad de momentos como esos, es uno de los grandes logros del producto final.

La escena, que dura 25 minutos y es una película en sí misma, llevó 24 días de rodaje de un método de trabajo de una improvisación premeditada que estaba muy lejos de lo estructurado que uno imagina al director. Spielberg decía tener todo en la cabeza. Por lo visto era verdad.

Gran parte del mérito le corresponde al fotógrafo Janusz Kaminski, que ganó uno de los cinco Oscar de la película. Los otros fueron para Spielberg como director; mejor sonido; mejor montaje y mejor edición de sonido, todos rubros que muestran su calidad ya en los primeros 10 segundos de la batalla.

Un prólogo y un epílogo con todo lo sentimental que puede llegar a ser el estilo de la casa, funcionan como ese saludo generacional, con un veterano cerrando un ciclo de su vida y de la historia de su país en el cementerio estadounidense de Normandía. La música de John Williams acompaña y subraya un momento que hace que el espectador quede con un nudo en el pecho. A eso se lo conoce como la magia del cine.

Rescatando al soldado Ryan, así, rescata, precisamente, a una generación que supo ser heroica y se mantuvo estoica en los valores por los que combatió. Más que una película es una muestra de respeto directa y de símbolos sencillos. Y, así, además se hace un homenaje a un cine y a un héroe que está en el ADN de Spielberg y de todo un país.

A eso ayuda que Tom Hanks esté en el plantel como el maestro de escuela que es jefe y padre de todo un pelotón mulirracial. Su personaje, el capitán John H. Miller, es el producto más noble que dio aquella tierra, un molde que se rompió pero debería seguir siendo un modelo. Es el tipo de papel que antes hubiera sido para James Stewart, y que Hanks resuelve con conocimiento de causa y sensibilidad habitual.

Y es otro de los atributos —aun hoy vuelta a ver en la doméstica experiencia del streaming— su porte de clásico.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error