crítica - terminator genesis

El renacimiento de un robot que ya peina canas

"Terminator: Genesis" (***) Origen: Estados Unidos,2015. Con: Arnold Schwarzenegger, Emilia Clarke, Jason Clarke, Jai Courtney. Dirección: Alan Taylor. Guión: Laeta Kalogridis y Patrick Lussier sobre personajes creados por James Cameron y Gale Ann Hurd.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Arnie vuelve al personaje que definió su trayectoria en el cine.

Los dueños de esta franquicia probablemente estén pensando en cómo entrar en la investigación científica y médica para prolongar lo máximo posible la vida de su Schwarzenegger.

Como Rocky y Duro de matar, la saga de Terminator depende de la presencia del protagonista original para su viabilidad. Schwarzenegger sostiene, casi solo, las dos horas de duración de una película bastante más confusa que Terminator Salvation (2009), la cuarta parte de la historia, una aventura contada con pulso más firme y propósitos más definidos.

Pero claro... en aquella película no estaba Arnie, y eso condenó los aportes de Christian Bale y Sam Worthington a cierto anonimato en el universo posapocalíptico creado en 1984 por James Cameron y Gale Ann Hurd.

Con Schwarzenegger de nuevo en cámara, la avidez por volver a ver al robot asesino más famoso (y querido) del cine es mucho mayor. Y para que no queden dudas de que la casa está en orden, la película arranca con una extensa narración en off que cuenta, otra vez, cómo empezó todo. La génesis de todo este asunto, digamos.

La película no se detiene ahí. Vuelve a tranquilizarnos y asegurarnos de que no habrá desvíos, calcando escenas enteras de la primera película —como la llegada del T-800 al presente desde el futuro en una tormenta de rayos— y el encuentro con los pandilleros que le proporcionarán la ropa. La primera parte es, entonces, la construcción de un santuario a la historia original, una suerte de entronización del relato fundante.

Pero no pasa mucho tiempo antes de que la trama empiece a bifurcarse hacia lugares inesperados, como la existencia de universos paralelos.

Las explicaciones se materializan en largos parlamentos de los actores sobre ejes y paradojas temporales, lo que uno de los personajes sabe en un universo pero no en otro, y cómo eso puede aprovecharse en la resistencia a Skynet, que también cambió. Ya no se trata de un ente inteligente sin forma alguna. Ahora se llama Genesys y viene embebida en miles de gadgets relucientes que se parecen mucho a los de Apple y generan el mismo saliveo pavloviano en millones de consumidores.

La tecnología como enemiga de la humanidad —y la crítica a la comercialización de esa tecnología— es un planteo curioso en una película que depende tanto de ésta para poder ser realizada, pero el film no se detiene a explorar estos asuntos. Los plantea y luego sigue de largo. Entre tanto planteo, uno se pierde y tiene que rebobinar mentalmente no solo las películas anteriores, sino también a lo que se contó recién.

Por suerte Schwarzenegger aparece cuando más se lo necesita y explica, en ese inglés tan teutónico, lo que los otros personajes tienen que hacer. De paso, nos explica a nosotros lo que pasó y lo que va a pasar, y no deja de ser gracioso que el hoy "viejo, pero no obsoleto" Schwarzenegger ejerza de guía supremo en el santuario erigido en homenaje a la narración que él mismo protagonizó.

Si hasta acá no hablé del resto del elenco es porque este, sencillamente, está pintado. Emilia Clarke es mucho más carismática como Reina de Dragones en Game of Thrones, y aún es un misterio por qué alguien pensó que Jason Clarke o —peor— Jai Courtney pueden estar al lado de Schwarzenegger y no quedar como prototipos de un robot, ahora sí, obsoleto.

La película compensa en parte con secuencias de acción espectaculares y estruendosas, pero es la presencia del veterano austríaco la que ilumina a esta vistosa superproducción digital.

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