DEBBIE REYNOLDS

Una reina del viejo Hollywood

Al otro día de la muerte de su hija, Carrie Fisher, falleció la estrella de Cantando en la lluvia.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Debbie Reynolds. Foto: AFP

Al igual que su hija, la actriz Carrie Fisher, Debbie Reynolds también representó un tipo de mujer irreverente y moderna para su época. Pero si Fisher lo hizo a partir de una princesa capaz de liderar una revolución en una galaxia de hombres, Reynolds —quien falleció ayer, un día después de la muerte de Fisher— fue Kathy Selden, una muchacha independiente y de gran voz capaz de encontrar su lugar en un mundo de hombres, Hollywood.

Fue ese papel en Cantando en la lluvia el que volvió a Reynolds una estrella internacional del cine. Y fueron sus matrimonios y la relación de amor y recelo con su hija, lo que la volvió una celebridad. En esos dos campos construyó seis décadas de carrera.

La muerte de Carrie Fisher (fruto de su matrimonio con el cantante Eddie Fisher, quien la abandonó para irse con su mejor amiga, Elizabeth Taylor), fue demasiado para Reynolds. Tenía 84 años y el miércoles había escrito una despedida a su hija en Facebook. "Está con Carrie", dijo ayer su hijo, Todd Fisher, al anunciar el fallecimiento.

Surgida en un concurso de belleza, esta tejana nacida en 1932 llegó a Hollywood y fue elegida para ser la protagonista femenina de la película de Gene Kelly y Stanley Donen que se convertiría en uno de los grandes clásicos del cine, Cantando en la lluvia.

El papel era ideal para una consagración: Kathy Selden era un encanto de muchacha, buena cantante y bailarina y dispuesta a sacrificar sus ambiciones de estrella por amor a su hombre. Reynolds tenía ese aire inocente pero maduro, y una belleza fresca y virginal que le iba más que bien al papel.

Protagonizó allí además un par de escenas clásicas de la película: su encuentro con Kelly (ella saliendo de una torta después de haber despotricado contra lo vacío que era Hollywood) y el número que se monta con Kelly y Donald OConnor cantando y bailando la encantadora "Good Morning".

Nunca pudo equiparar esos niveles en una carrera para la que nunca bajó los brazos. Era un producto de la era de los estudios y halló pocas posibilidades de expandir el registro actoral, más allá de esa primera impresión. No trabajó, además, para directores de aquella talla. Trabajó, sí, para Vincente Minelli (Un amor del otro mundo) y con Tony Curtis (La taberna de las ilusiones), Frank Sinatra (La edad del deseo), Bing Crosby (Divino y profano) y Fred Astaire (El placer de su compañía). Ella solía decir que su papel favorito fue el protagónico de La inconquistable Molly Brown, que le dio su única nominación a un Oscar.

Cuando su tipo de estrella dejó de ser rentable, Reynolds tuvo una larga carrera en televisión, con participaciones especiales en cientos de series. En el cine, terminó repitiendo el papel de madre en Es o no es y The Mother de Albert Brooks o de sí misma como en El guardaespaldas.

Su carrera tuvo un nuevo impulso en la década de 1980, cuando su hija publicó sus memorias ficcionalizadas, Postcards from the Edge, centradas básicamente en el vínculo con su madre. Hubo una versión en el cine, Recuerdos de Hollywood, en la que Meryl Streep interpretó a Carrie Fisher y Shirley McLaine a una diva muy parecida a Debbie Reynolds.

El vínculo con Fisher, lleno de idas y venidas, celos y recriminaciones, fue parte importante de su carrera. Y que haya muerto de dolor por su muerte es como el cierre de una historia de Hollywood, un lugar de fantasía que, muchísimas veces, Reynolds llenó de glamorosa realidad con su vida.

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