CINE

El regreso de la comedia italiana

“No renuncio” es un éxito local gracias al boca a boca.

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Estrella: Checco Zalone, el capocómico italiano de hoy. Foto: Difusión

No renuncio es esa clase de películas que no necesitan ni mucho despliegue publicitario, ni cobertura crítica: permanecen en cartel gracias a un boca a boca entusiasta de sus espectadores. Estrenada a comienzos de agosto, sigue siendo un éxito.

Y le recuerda al público uruguayo, lo bien que se sentía con la comedia italiana, de la que No renuncio es un ejemplo reciente, muy exitoso y que presenta para Uruguay a Checco Zalone, quien aquí interpreta a un empleado público que hará todo lo posible para no perder su empleo público. Trabajar para el Estado es una ambición universal.

Checco Zalone es el nombre artístico de Luca Pasquale Medici. En el dialecto de la Puglia, la región de este cómico de 38 años, significa "menudo rufían". Coherente, al fin y al cabo, con la arrogancia de los récords con los que está asombrando al cine en Italia: a comienzos de año, No renuncio se convirtió en la película italiana más vista en su propio país. Todo ello, en tan solo 15 días.

"Es una película que hace debatir. ¿Cómo es posible que un cómico italiano derrote a las superproducciones americanas?", le dijo a El País de España, el productor de la película Pietro Valsecchi.

"Es una película sobre los defectos de los italianos. Y la gente quiere reírse, también de sí misma. Pero además es poética y toca temas como la ecología, la solidaridad o el amor", lo explica Valsecchi. Con esta película, Zalone batió su propio record de taquilla que había conseguido con su anterior película, Sole a catinelle. No renuncio es la primera película suya que se estrena en Uruguay.

El secreto debe estar en una historia que se escenifica cada día en muchas casas de Italia (y Uruguay): Checcho (Zalone) es un cuarentañero con síndrome de Peter Pan, que vive todavía con sus padres y mantiene un noviazgo que no se atreve a convertir en matrimonio. El otro pilar de su existencia es un puesto fijo de funcionario, pero una reforma de la Administración le obliga a tomar una decisión: o renuncia a su trabajo o lo mantiene, pero a miles de kilómetros de casa. Con el sí a la segunda opción, arranca la odisea de un hombre que pasa de no haber salido de su burbuja a ser enviado incluso al Polo Norte.

En el fondo, el viaje del personaje es tan sorprendente como el de Zalone. Criado en el profundo sur de Italia, saltó a la fama con la parodia de un músico que aparecía con su guitarra al escenario del programa televisivo Zelig. Su ascenso continuó con otro disparate: compuso un himno paródico para el Mundial de Fútbol de 2006 ("Siamo una squadra fortissimi") que fue sumando seguidores a medida que los azzurri avanzaban hasta la victoria final. A partir de ahí, Zalone ganó la seguridad suficiente como para dar el salto al cine. Y no se estrelló: tras un éxito relativo del primer filme, el segundo, Che bella giornata fue la película italiana más vista de la historia.

Hasta que apareció No renuncio.

En base a EL PAÍS, España

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