Despedida

Los recuerdos siempre viven en las salas de cine vacías

El cierre de las tres salas de Cinemateca Uruguaya para mudarse a su casa nueva trae un montón de recuerdos

Sala Cinemateca
Sala Cinemateca, ayer, en su antepenúltimo día

La silenciosa fila en Sala Dos. Las largas y animadas colas de los festivales de Semana Santa. La voz de Manuel Martínez Carril anunciando promociones, ciclos o traduciendo simultáneamente películas en idiomas irreconocibles. La revista. Los comentarios a mimeógrafo. Las caricaturas de Satut. Los carné todos marcados por las películas que veíamos. Las paredes aisladas con hueveras. Las películas que solían trancarse, las copias en estado calamitoso que igual había que ver. Descubrir a Godard. Una cafetería en el subsuelo de Carnelli que nunca parecía estar funcionando. El graffiti “Yo entendí El Dirigible” firmado irónicamente por José Feliciano. El sentido de camaradería. El sentido de militancia.

Como sucede con los símbolos generacionales, un montón de uruguayos tiene una historia para contar sobre las salas de Cinemateca Uruguaya. Este fin de semana, las últimas tres locaciones que alojaban muchos de esos recuerdos cierran sus puertas y lo que es promesa de mejores cosas, también hace revivir una parte importante de la vida de unos cuantos.

Cuando cumplí 15 años, por ejemplo —y perdonen la primera persona del singular— mi mayor orgullo fue tener edad para hacerme socio de Cinemateca. Las dos primeras películas marcaron mi carné fueron Confianza de Istvan Szabo y Los años luz de Alain Tanner, una que me gustaría volver a ver. Recuerdo una larga fila para ver El crimen de Cuenca en Centrocine (que después de tres horas de espera solo soporte cinco minutos, o sea hasta la primera tortura) y otra larga fila en Estudio 3 (una sala que estaba en el antiguo cine York de 18 y Río Branco) para ver Garganta profunda o El diablo en la señorita Jones, en un ciclo de cine porno que tuvo un montón de público que fue por inquietudes culturales. Un exhaustivo ciclo de Bergman y otro de Buñuel y una función en Pocitos de Las señoritas de Wilko de Wajda en la sala Pocitos y que hacía mucho frío. Y que una vez no me dejaron entrar a ver Los Olvidados porque era apta para mayores de 18.

Aún tengo presente la voz de Martínez Carril y unas clases de fines de semana demasiado de mañana en Sala 2 mirando El ciudadano Kane con Guillermo Zapiola o Luis Elbert. Y me gustaría tener algún carné de aquellos que gasté hace miles de años y si busco por ahí debe haber alguno de los programas desplegables que uno analizaba con esperanza siempre colmada.

Hoy al mediodía comienza a una maratón de 24 horas de cine con entrada gratuita para dar cierre a esta etapa. Habrá funciones de cine clásico en Sala Cinemateca y en la Sala 2 (las dos en Lorenzo Carnelli 1311). La grilla completa está disponible en la página web de Cinemateca Uruguaya (www.cinemateca.org.uy).

Así, la noticia de que Cinemateca Uruguay abandona sus salas de Chucarro, Lorenzo Carnelli y 18 de julio para mudarse a un recinto más moderno, propio y a una nueva oportunidad genera sentimientos de todo tipo. Con unas salas más confortables y modernas, el cine tiene nuevas formas de mostrarse. Y eso va a estar buenísimo.

Ayer, Sala Cinemateca, el recinto de muchas de esas historias, tenía todo el aspecto de una mudanza. El subsuelo, donde estaba la desde hoy legendaria Sala 2 y donde siempre estuvo la Galería Cinemateca se veía ganado por jóvenes que arman una feria. Desde el mediodía de hoy y por 24 horas habrá continuado de buen cine y gratis. Y es una buena manera de despedirse del lugar.

Fundada en 1952, Cinemateca Uruguaya dividió su tarea en dos pilares: la conservación de material fílmico y la difusión de un cine que, cada vez más, fue perdiendo presencia. Los cambios de hábitos y de inquietudes culturales fueron mellando su popularidad. Los festivales siguen teniendo un importante poder de convocatoria pero una de las tareas desde estas nuevas salas es volver a recuperar la confianza de un público habituado a otras comodidades.

Sala Cinemateca se inauguró el 18 de agosto de 1978, Pocitos se sumó a la oferta de la institución en el mismo año y la sala grande que alguna vez alojó al cine 18 de julio se integró en 2000; allí está el mural que celebra un canon cinematográfico integrado por Buñuel, Fellini, Hitchcock y la argentina Lucrecia Martel.

Me encontré, ayer, un ratito para despedirme de Sala Cinemateca. Y ahí estábamos todos mucho más jóvenes, llenos de esperanza y con la curiosidad a flor de piel. Hay que ponerse contento porque habrá tres salas nuevas para un cine de calidad. Pero también hay que permitirse un poco de melancolía por esos lugares donde aprendimos a ver cine que es lo mismo que aprender a soñar.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)