Le echan la culpa al presentador, pero tal vez hay otras causas

Las razones de la caída en el rating del Oscar

La entrega de los premios Oscar del domingo, que galardonó al mexicano Alejandro González Iñárritu por Birdman, perdió un 16,3% de telespectadores en Estados Unidos con respecto al año anterior, según datos difundidos el pasado lunes. Unos 36,6 millones de personas siguieron la ceremonia de más de tres horas y media celebrada en el teatro Dolby de Los Ángeles, la peor cifra de los últimos seis años según la cadena ABC. 

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Neil Patrick Harris. Foto: AFP

Los organizadores querían repetir las buenas cifras del año pasado, las mejores de la última década (43,7 millones de personas) con presentación de Ellen DeGeneres. Algunos medios le están echando la culpa al presentador de este año, Neil Patrick Harris.

El diario The New York Times calificó de "poco estimulante" la actuación de Harris, e incluso aseguró que fue "un esfuerzo" seguirla. The Washington Post opinó por su parte que que Harris "no pudo ofrecer toda la emoción necesaria para seguir las tres horas y 38 minutos de gala de los Oscar sin bostezar".

Es cierto que la ceremonia fue demasiado larga y que hubo pocos momentos realmente llamativos (el homenaje a La novicia rebelde a cargo de Lady Gaga, y la posterior aparición de Julie Andrews fue uno de ellos), y hay pocas dudas de que DeGeneres fue más graciosa que Harris, exhibió envidiables dosis de frescura y dominio del escenario, e hizo gala de una informalidad que le permitió meterse entre el público, improvisar sobre la marcha y anotarse varios puntos más a su favor. Sin embargo, no es tan obvio que la principal causa de la disminución del público haya que buscarla en el carácter del presentador.

Para llegar a una conclusión así habría que averiguar por lo menos un dato adicional: ¿cuánta gente comenzó a ver la ceremonia, y cuánta la fue abandonando por el camino? Si la cifra es significativa podría concluirse que Harris (o el conjunto de la ceremonia) aburrió a los telespectadores y estos decidieron dedicarse a otra cosa. Si, en cambio, se constata que hubo menos gente desde el principio, habría que buscar otras explicaciones.

Y hay por lo menos una que resulta bastante persuasiva: la ausencia de grandes "blockbusters" taquilleros entre los candidatos. Con una sola excepción que no ganó (Francotirador de Clint Eastwood, que obtuvo apenas un Oscar secundario) todas las otras películas nominadas han funcionado solo medianamente en taquilla, y tienen más bien un perfil de cine "semiindependiente" que no mueve multitudes. Por lo tanto había menos gente interesada en saber quién ganaba y quién perdía. No en vano una de las ceremonias más vistas de los últimos diez años fue la de 2005, cuando fue premiado el final de la trilogía de El señor de los anillos, película que como se sabe vio todo el mundo. En cambio en 2009 (premio a ¿Quién quiere ser millonario?) hubo cinco millones menos. Es la economía, estúpidos.

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