CINE

Un puente que lleva a un mundo diferente

Es el cuarto documental realizado porMariana Viñoles, una directora poco tradicional que se involucra de forma tal en sus producciones que pasa a ser una protagonista más. Está enfocado en la vida de Carolina, una joven de 20 años con síndrome de Down.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Con 20 años Carolina aceptó charlar frente a la cámara. Foto: Difusión

Cuando Mariana Viñoles se dispone a hacer una película se involucra de manera tan íntima con el tema y sus personajes que se incluye físicamente en las escenas y en varios de los planos, alguna vez mediante su voz, otras utilizando los reflejos de los vidrios o de los espejos, o atravesando el cuadro de forma intencional, como burlándose de las formalidades de la profesión.

Si lo habitual es cuidar que el micrófono no se vea en el encuadre, ella le comenta al entrevistado que lo olvidó en su casa, y listo, no pasa nada: se filma igual. La médula de su narración suele ser material que otro cineasta descartaría. Viñoles no usa luz artificial ni contrata sonidista; descarta de entrada la voluntad de atender a un guión predeterminado. Es la única que filma, y está presente durante todo el proceso de edición.

Su forma de hacer cine es una especie de "anticine" sin artificios que medien entre los protagonistas, la cámara y el espectador. Ese riesgo estético es su gran particularidad, y es valioso cuando el espectador conecta con su método. Otros pueden quedar por fuera.

Es que esta directora decidió que su principal herramienta para hacer cine sería su capacidad de empatizar, de ponerse en el lugar del otro pero para contarlo desde su propia mirada. Por eso Viñoles es tan protagonista de sus películas como sus personajes. Su materia prima es el vínculo que logra con el objeto de investigación, y no tiene reparos en cuestiones de cercanías: en su film más conocido, Exiliados (2011), retrató a su propia familia.

En El mundo de Carolina (su cuarto documental), se concentró en entender el mundo de una joven de 20 años con síndrome de Down. La directora tuvo una hermana que nació con la misma condición y murió siendo bebé: otra vez su universo personal aparece relacionado al que muestra.

El mundo de Carolina tiene la forma de una charla entre amigas. Viñoles utilizó un único plano fijo, sentó a Carolina frente a una mesa, y habló con ella de los temas que fueron surgiendo naturalmente. Como una declaración de principios, a los pocos minutos le dice a la joven que quiere hacerle una pregunta y entonces apaga la cámara priorizando el vínculo con su protagonista.

El acierto en la puesta en escena de Viñoles tiene que ver con elegir un tipo de acercamiento que propició un diálogo franco, emocionante y confesional. La forma en que la cineasta se dirige a Carolina es cariñosa, pero en ningún momento oportunista ni condescendiente. Por eso la joven le habla del divorcio de sus padres, de su novio celoso, de los besos que le dieron, de si tener sexo o no, de cómo convencer a su madre para que le dé el espacio para estar con su novio, de tener hijos, y de los miedos.

"Hay a veces que se me juntan las emociones porque me preocupa mi abuela, por la tos", explica el personaje. También dirá que ella quiere saber qué le pasó a su madre, porque le vio "distintas caras en las fotos": antes y después de su nacimiento, pero que la madre no quiere contarle. "No puede contarme", concluye Carolina en uno de los momentos más emotivos de la película.

Unos meses atrás Viñoles dijo en una entrevista con El País, que nunca se había acercado de esta forma a una persona down porque tenía miedo de no saber cómo interactuar. "Eso genera una distancia que los convierte en víctimas", dijo. Con su película no sólo venció el temor, sino que coloca al público en ese mismo lugar en el que estaba ella.

Es que a Viñoles le gusta provocar. En Exiliados, el espectador podía sentir cierto pudor al estar frente a escenas construidas en base a los dolores de una familia desconocida. Aquí la forma como se presenta a Carolina (hablando de los mismos temas que podrían inquietar a una chica cualquiera de su edad, por ejemplo) incomoda porque justamente la mayoría desconocemos cómo es el comportamiento cotidiano de una persona down.

¿Por qué Carolina parece más tierna que una joven sin su condición? ¿Está bien asombrarse de su inteligencia? ¿El suyo es un caso excepcional?

Quizás hacía falta una mirada distinta, como la que aporta tan brutalmente Viñoles, para cambiar nuestra forma de ver y nuestros preconceptos.

El mundo de Carolina [***]

Uruguay, 2015. Director: Mariana Viñoles. Producción: Stefano Tononi. Fotografía: Mariana Viñoles. Música: Franny Glass. Elenco: Carolina Falciani. Género: Documental. Duración: 72 minutos

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados