CINE

Un pueblo con tradiciones y un pasado misterioso

El molino quemado en Sala B y Cinemateca Pocitos.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
El Molino Quemado, una historia que en Nueva Helvecia conocen muy bien Foto: Difusión

El 7 de marzo de 1881 el molino ubicado en el Paso de la Tranquera en Nueva Helvecia, orgullo de Colonia y del Uruguay, amanece envuelto en llamas. Había sido un punto importante para la zona, encontrándose allí el primer peaje que hubo en el país.

Ese es el recuerdo que mantienen Martín Chamorro y Cecilia Langwagen, quienes se criaron en la zona y codirigieron el documental El molino quemado junto a Micaela Domínguez Prost, a quien conocieron mientras estudiaban en la Escuela de Cine del Uruguay. Domínguez fue la última en sumarse al proyecto que se originó en 2013, aunque comenzó a filmarse en 2015. El documental ya se puede ver en la Sala B del Auditorio Nelly Goitiño (hasta el domingo a las 19:00) y en Cinemateca Pocitos (hasta el 23 a las 19:30 y del 26 al 30 a las 21:10).

El molino quemado comienza presentando a la gente que hoy reside en Nueva Helvecia. Un lugar que mantiene la idiosincracia de esos uruguayos que se sienten europeos, celebrando festividades y realizando danzas tradicionales de Suiza, como si todavía estuvieran en Europa.

Esa sociedad anclada en el tiempo era un punto interesante para comenzar la historia, "porque tienen una añoranza de un pasado ideal. Todos tienen falsos recuerdos de sus ancestros cuando llegaron, guardan recuerdos del pueblito de Suiza de donde vinieron y están atados al pasado. Pero a la vez son conscientes de que ese pasado no fue ideal, sino muy duro para la gente que llegó", dice Domínguez.

Esa añoranza de un pasado idílico fue el punto de partida para comenzar a contar la historia del molino quemado. No es una sola historia, sino la unión de distintas versiones e hipótesis de lo que ocurrió. Y para esos pobladores, la historia del molino es un símbolo de ese pasado perdido, dice Domínguez.

Un símbolo que se fue creando con los años a partir de distintas versiones de una tradición oral, ya que nadie sabe lo que realmente ocurrió allí.

Cada habitante tiene su teoría de lo que sucedió en 1881 y su forma personal de vincularse con el molino. Así hay gente que se acerca a lo ocurrido por el lado histórico, otros buscando la aventura y también están aquellos que buscan algo místico, "porque dicen haber visto fantasmas", en la zona. Aunque lo que es innegable es el sentimiento de pertenencia que todos tienen con el molino.

Es que ese lugar, hoy abandonado y con un acceso complicado para llegar, fue un centro importante que pasó por distintas etapas y es hoy un destino turístico poco explotado. Aunque, como reconoce Domínguez, en los últimos años ha empezado a revitalizarse de nuevo. Es que "todos los niños, desde primer grado, escuchan las historias del molino quemado, los fantasmas y las voces que se escuchan", dice la codirectora.

Y este documental que tiene una buena fotografía a cargo de Joaquín Papich, hace eco de las distintas historias surgidas a partir de ese molino, del que hoy solo quedan algunas paredes en medio del bosque que lo engulló, como el misterio que todavía rodea su incendio.

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