Hay dos aparentes favoritas pero puede haber sorpresas

Un premio extranjero con algunas incógnitas

El espectador uruguayo conoce ya dos de los cinco títulos que compiten por el Oscar a mejor film en lengua no inglesa (Ida del polaco Pawel Pawlikowski; Relatos salvajes del argentino Szifrón), y esta página se ha ocupado con cierta amplitud de otros dos (Leviathan del ruso Zvyagintsev, Timbuktu del mauritano Abderrahman Sissako).

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La candidata no cuenta con las preferencias de la crítica, pero si del público.

Se ha escrito menos acerca de Tangerinas ("Mandarinid"), película estonia escrita y dirigida por Zaza Urushadze, que completa el quinteto. Vale la pena reunir esos cinco títulos en una sola nota y especular (porque en último término es lo único que se puede hacer con ellos) acerca de sus posibilidades de cara al premio.

Quizás para demostrar que la globalización es un fenómeno global, dos de los films candidatos enfrentan turbulencias políticas (y, más específicamente, bélicas) del pasado reciente con una perspectiva pacifista, y una tercera puede ser leída sin mucha dificultad, hasta donde se sabe, como una metáfora sobre el poder autoritario.

En efecto, la acción de la estonia Tangerinas se ubica a comienzos de la década del noventa en la provincia georgiana de Abkhazia, entonces todavía en la Unión Soviética, cuando estalla la guerra por la independencia. El protagonista, un estonio, a diferencia del resto de sus compatriotas que prefieren largarse, decide quedarse para ayudar a un amigo con la cosecha de mandarinas. Al principio, la guerra es una realidad lejana, pero cuando unos soldados heridos lleguen hasta la puerta de la casa en la que habitan los protagonistas surge la necesidad de ocuparse de ellos e, inevitablemente, también, el compromiso.

Otra guerra reciente corre al fondo de la historia de Timbuktu, con la ocupación de la ciudad maliense del título (que suele castellanizarse como Tombuctú) por un ejército de jihadistas que imponen un régimen de terror en el que está prohibido escuchar música, reír, fumar e incluso jugar al fútbol. El protagonista vive en las cercanías con su esposa e hijo, y los invasores no lo molestan hasta que mata accidentalmente a alguien que ha acabado con la vida de su vaca favorita. Es a partir de ese momento el personaje se verá inmerso en la pesadilla de una justicia impulsada por una visión extremista de la Sharia islámica, que improvisa sentencias absurdas y trágicas y trata a las mujeres como seres inferiores. El director y colibretista Sissako, que es musulmán, ha señalado en público que su religión "ha sido secuestrada por un grupo de fanáticos", y su película es el intento de denunciar esa situación.

En esta página se ha dicho ya que Leviathan de Zvyagintsev arranca con una pelea burocrática por la compra-venta de una casa, que lentamente crece hasta convertirse en una alegoría de la sociedad rusa en su conjunto, salpicada en la pantalla por rasgos de corrupción, violencia y alcoholismo. La película ya ganó el Globo de Oro y un premio a mejor guión en Cannes, además del premio a mejor película en los festivales de Londres, Munich y Palm Springs, aparte de varios galardones de diversas asociaciones de críticos.

Su principal rival para el Oscar es, según todas las apariencias, la espléndida Ida del polaco Pawlikowski, que viene de ganar el Bafta y el Goya, y antes se había alzado con premios en los festivales de Varsovia, Minsk, Toronto, Sarasota, Gijón y otros, además de obtener los galardones a mejor film polaco y mejor film europeo.

La primera impresión estaría dejando afuera de combate a Relatos salvajes del argentino Szifrón, aunque hay que ser cautelosos al respecto. No hay dudas (precisión: el autor de esta nota no tiene dudas; puede haber respetables opiniones que discrepen) de que Ida es mejor película que Relatos salvajes, y conociendo los antecedentes de Zvyagintsev casi podría asegurarse que Leviathan también lo es. Pero también conviene recordar lo que pasó el año en que El secreto de sus ojos de Campanella se llevó su Oscar: casi todos los premios europeos y las apuestas previas para la Academia apuntaban a La cinta blanca de Haneke, y se equivocaron. También es cierto que Campanella es básicamente un director norteamericano (lo mejor que ha hecho en su vida han sido teleseries como La ley y el orden UVE, no sus películas, incluyendo El secreto de sus ojos), y que Szifrón no tiene esa conexión con los Estados Unidos. Además, la Academia suele equivocarse menos en el rubro film extranjero que en otros, lo que favorece a Pawlikowski y a Zvyagintsev.

Atención: la opinión del público no coincide


Todo lo que se afirma en la nota adjunta debe ser tomado con un grano de sal. Si se quiere una perspectiva diferente vale la pena echar un vistazo a la encuesta que está llevando a cabo entre sus usuarios el popular sitio web IMDB. Sobre un total de 6.664 votantes, la película estonia Tangerinas de Uru- zhadze se instala cómodamente en el primer lugar, con 5.964 votos. La siguen muy lejos Leviathan (259 votos), Ida (218), Relatos salvajes (159) y Timbuktu (54). Conviene recordar de todos modos que el juicio del público y el de la Academia se han distanciado progresivamente en los últimos años. Hace tiempo que las películas más populares no necesariamente ganan.

En sitios más críticos los favoritismos son muy distintos. La página Awards Watch favorece a Ida, con Levia- than siguiéndola de cerca. La encuesta del sitio web Empire tiene primera a Leviathan, segunda a Ida y las demás muy lejos. Decididamente, hay que esperar todavía unos días.

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