PLÁ SANTULLO

Lo político en un día de furia

La pareja de cineastas uruguayos estrenan hoy su mexicana Un monstruo de mil cabezas.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Santullo admitió que le emocionan "los personajes que se equivocan". Foto: F. Ponzetto.

Los uruguayos Rodrigo Plá y su esposa, la guionista y escritora Laura Santullo, llevan años en Ciudad de México. Dicen que la violencia, la corrupción política, el poder del narcotráfico y de varias corporaciones igual de oscuras, han dejado a los mexicanos en un estado de desasosiego tal, que parecen no saber hacia dónde dirigirse.

Ese ambiente de desencanto se ha ido filtrando cada vez más en la carrera cinematográfica que vienen construyendo codo a codo. La zona (2007), Desierto adentro (2009), La demora (2012) y su nueva película Un monstruo de mil cabezas (2015), comparten la misma médula temática: la ausencia del Estado y la vulnerabilidad del hombre frente a los problemas que lo superan.

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El suyo es un cine político y social, que reflexiona en torno a la decisión y las consecuencias de hacer justicia por mano propia. El resultado siempre es el mismo: un plan desesperado no puede salir bien. Esta es su manera de reclamar, y poner sobre la mesa, la discusión de la necesidad de una intervención responsable de los gobiernos en las estructuras que deberían asegurar la buena convivencia entre ciudadanos y proteger sus derechos básicos.

"Creo que las películas cuando tienen suerte traen en sus espaldas varios niveles de lectura", opina el director. "A mí me gusta pensar a Un monstruo de mil cabezas como la película de una mujer incapaz de hacer un duelo. Ante la inminente muerte del marido, ella sufre una especie de crisis emocional, se bloquea y emprende una batalla tardía contra molinos de viento. Y quizás no está en el lugar en el que debería estar en ese momento: junto a su marido enfermo. Me gusta la idea del ciudadano común frente a la burocracia (del sector privado en este caso), pensar en su desesperación, en su fragilidad, en lo indefenso que se vuelve. Esos son los motores que me interesan", dice.

Esta vez, la dupla plantea el debate de cómo la salud pasó de ser un derecho a convertirse en un servicio y cada vez más en un negocio, que muchas veces maneja reglas que se burlan y manipulan las reglamentaciones políticas.

Al igual que en La demora, el personaje protagónico es una mujer, que rendida por la incomprensión de las autoridades, decide actuar. "Son personajes que se equivocan, que toman el camino errado y meten la plata. Este tipo de reacción genera empatía con el público porque uno puede colocarse con facilidad en sus zapatos", comenta Plá.

"Yo prefiero a los personajes dramáticos. Esta es una mujer que decide usar un arma para lograr su cometido, lo que va en contra de los parámetros comunes del hombre armado", agrega.

Los puntos de vista.

Según Santullo volvieron a repetir el método de trabajo de sus otras películas, es decir basarse en su escritura literaria para luego armar el guión. En un inicio pensaron en trabajar directamente en el libreto, "pero no hallaba las motivaciones de los personajes, y ahí decidí escribir la historia en forma de novela (que acá publicó la editorial Estuario), para ordenarme, para entender qué pasaba con esta mujer".

El personaje central es Sonia Bonet (excelente Jan Raluy), que acompañada de su hijo adolescente (Sebastián Aguirre, que se había destacado en el premiado film mexicano Güeros), busca de forma desesperada conseguir, en 24 horas, el aval de los directivos y accionistas de una corporación médica para que su marido reciba un tratamiento para combatir el cáncer que le fue negado sin ninguna explicación.

El director se fijó como eje narrativo plantear la disyuntiva de si frente a una situación dramática uno es capaz de ver lo que realmente sucedió, o si en todo caso lo que recibe son distintos puntos de vista subjetivos, y por lo tanto contaminados de prejuicios de todo tipo.

"Me di el gusto de reírme de una de las lecciones que te dan en las clases de guión, eso de no abandonar a los personajes secundarios. Acá los personajes entran y salen de la vida de Sonia Bonet y de su hijo", dice Santullo con picardía. Además, la historia tenía la complejidad de manejar dos tiempos superpuestos: vemos transcurrir la hazaña de Sonia Bonet, pero también escuchamos en voz en off segmentos de las declaraciones que los personajes dieron en el juzgado.

"Queríamos que cada espectador se llevara a su casa estos puntos de vista subjetivos y a veces contradictorios entre sí", dice Plá.

Estos realizadores comentaron alguna vez que este film es una mezcla de La zona y de La demora. Si del primero tomó la tensión del thriller, del segundo heredó el lenguaje cinematográfico que Plá diseñó junto a la fotógrafa María Secco (otra uruguaya radicada en México). Por ejemplo, los personajes suelen estar centrados en el encuadre y a veces fuera de foco, dependiendo de cómo recuerde la situación el personaje que oficia de testigo. También maneja unos interesantes pliegues en la edición, encimando una acción con otra, pero desde dos puntos de vista distintos. Los reflejos también son un recurso utilizado con inteligencia para reforzar la idea de que nada tiene una sola lectura. "Quisimos que todo en la película reforzara la sensación de ambigüedad", dice Plá.

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