Crítica

Un policial capaz de hacer un diagnóstico tenebroso

Benicio del Toro y Josh Brolin repiten personajes en la muy buena Sicario: Día del soldado

"Sicario 2"
"Sicario : Día del soldado es un muy buen thriller de acción 

No era sencillo hacerle una secuela a Sicario, la película de Denis Villeneuve que con el tiempo ha permanecido como una de sus mejores obras.

Primero, porque fue el canadiense el que fundó el universo en el que ocurre la aventura: una frontera entre Estados Unidos y México, un territorio que a uno le gustaría que fuera de ciencia ficción pero que tiene todo para ser actual.

También fue Villeneuve quien trazó el conflicto entre difusas organizaciones del gobierno estadounidense y los narcotraficantes mexicanos. Es una guerra en las que las partes se confunden y de la que es imposible salir ileso.

Y también fue él quien presentó la tesis: todo está corrompido y hay intereses creados de ambos bandos para que esa guerra no tenga un final claro; todos somos extras cuando no daños colaterales.

A aquella eficacia de Sicario habría que agregar un guión preciso de Taylor Sheridan y la fotografía de Roger Deakins (quien ganó un Oscar por la última de Villeneuve, Blade Runner 2049); ambos siempre terminan siendo el mayor atributo de las películas en las que trabajan.

Aquel comienzo con una casa repleta de cadáveres y, más tarde, una toma aérea que unía a las dos realidades de los dos lados de la frontera, eran, además, escenas memorables.

Y, claro, estaba el elenco: Emily Blunt, Josh Brolin y Benicio del Toro, cada uno componiendo personajes encantadoramente aterrorizadores.

Mucho de ese plantel no figura en Sicario: Día del soldado, esta temeraria secuela de una película así de grande: no están Villeneuve, Deakins, ni el alivio de la mirada incrédula (que en definitiva era la nuestra) de Blunt.

Quedaron, sí, Sheridan, Brolin y Del Toro que eran justo las zonas más negras de la primera parte. Eso se hace notar: es de las películas más oscuras del cine reciente.

Deja clarísimo desde el comienzo, por ejemplo, que estamos en el peor de los mundos. Sicario: Día del soldado presenta una variante del infierno: uno dominado por una combinación de negocios tan feos como las drogas, el terrorismo y la trata de personas. Todo ocurre en esa frontera que rutinariamente intentan cruzar cientos de personas. El paraíso que amerita tantos sacrificios es una sociedad desigual gobernada por una burocracia sucia que ha hecho metástasis en todo el Estado, asegura la película.

Desde el principio, con un montaje que resume el alcance de un convenio entre los carteles mexicanos y organizaciones como Isis, queda fundado el tono violento de toda la película. Esto es el apocalipsis.

Ficha
Sicario: Día del Soldado * * * *
OrigenEstados Unidos/Italia, 2018
Título originalSicario: Day of the Soldado
Estreno28 de junio

 Dirección: Stefano Sollima. Guión: Taylor Sheridan. Fotografía: Dariusz Wolski. Música: Hildur Guðnadóttir. Edición: Matthew Newman. Diseño de producción: Kevin Kavanaugh. Con: Benicio Del Toro, Josh Brolin, Isabela Moner, Catherine Keener, Mathew Modine, Elijah Rodríguez, Bruno Bichir, Jeffrey Donovan. Duración: 122 minutos

En ese entorno solo puede sobrevivir gente como el Matt Graver de Brolin, un funcionario que jamás refuta una orden de ir al frente aunque sepa lo fútil de la batalla, o el Alejandro de Benicio del Toro, el mismísimo sicario, quien vuelve a portar la mirada de atemorizante desidia de un mercenario con agenda propia: la venganza contra los narcotraficantes que mataron a su familia. Aquí encuentra en Isabela (Isabela Moner, la niña que tiene que secuestrar), un sustituto para su hija muerta, en un episodio que es de los pocos rasgos de humanidad que tiene alguien en Sicario: Día del soldado.

Como en el apocalipsis nada tiene sentido, los dos se embarcan en un plan millonario (y secretamente financiado por Washington) para secuestrar a la hija del jefe de un cartel. La idea es hacerse pasar por sicarios del cartel rival y así desatar una guerra feudal con consecuencias, se supone, beneficiosas para alguien. Como en el apocalipsis tampoco se lleva la lealtad, las cosas salen, previsiblemente mal.

Al igual que mucho cine policial de acción de la década de 1970, hay en el guión de Sheridan -que tiene algunas inconcistencias acercándose al final- un nihilismo tan feroz del que es difícil escaparse. El mundo que pinta es agobiante y algún alivio final, de tan ambivalente no permite olvidar lo atroz del viaje.

A diferencia de lo que hacía Villeneuve que transmitía modernidad en su puesta en escena, el director italiano Stefano Somilla, aquí en su primera película para Hollywood apela a una estética más cercana al William Friedkin de Contacto en Francia o al Michael Mann más armamentista. Está al nivel de esos antecedentes. Hay algo de western, una referencia siempre presente en los guiones de Sheridan.

Es la primera película de Sollima que se estrena en Uruguay aunque puede llegar a ser conocido porque dirigió la serie Gomorra sobre otros mafiosos igual de letales y sobre otro escenario igual de asfixiante.

La opresiva música del islandés Hildur Guðnadóttir, que también se encargó de la de la primera parte y la fotografía del polaco Dariusz Wolski y su uso de la oscuridad y el contraluz, aportan buena parte del agobio.

Aunque la película tiene sincronía con los tiempos que corren aunque cualquier referencia al uso político que hace de la frontera mexicana, la actual Casa Blanca, toda esa línea no está particularmente desarrollada porque tampoco importa más allá de crear el ambiente.

A Sheridan le interesan otras cosas. Hay toda una historia paralela de Miguel (Elijah Rodríguez), un aspirante a delincuente que cumple con todos los requisitos para el trabajo, que suma desazón al asunto, como si le hiciera falta.

Sicario: Día del soldado termina siendo un thriller político, además de una intriga policial en la que todos terminan siendo villanos. Y termina en un doble prónóstico: esto se va a convertir en una franquicia (lo que no sé si está bueno) y, además, se puede esperar poco de las generaciones que nacen en tiempos como estos y ambientes como ese. Y eso es tristísimo.

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