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Otro policía duro para una estrella en transición

Se estrena En defensa propia, una de las últimas películas de Bruce Willis

Bruce Willis
Bruce Willis en "En defensa propia"

Sin necesidad de ser el actor más dúctil del mundo, Bruce Willis tiene una carrera impresionante. Ha sido parte importante de algunas películas de esas que vio todo el mundo como la saga de Duro de matar, Sexto sentido, El quinto elemento y Armageddon. Y ha trabajado con directores importantes, en una lista que debería incluir a Brian De Palma en La hoguera de las vanidades, Quentin Tarantino en Tiempos violentos y Jackie Brown; Terry Gilliam en 12 monos; Wes Anderson en Moonrise Kingdom; Alan Rudolph en Pensamientos mortales y Desayuno de campeones; Robert Zemeckis en La muerte le sienta bien y Walter Hill en Entre dos fuegos.

Gracias a eso, y a su carisma, es una de las grandes estrellas del cine, con una presencia que sabe ser ruda pero a la vez simpática. Su imagen pública es la de un padre de familia capaz de ir a la boda de su exesposa Demi Moore con Ashton Kutcher. Aunque su carrera es larga y sabe de altibajos aún es una de los grandes astros del planeta Hollywood.

Bruce Willis
Trailer de "El vengador anónimo", la próxima película de Bruce Willis

Hoy, Willis tiene 62 años aunque su imagen que no sabe de edades; tiene una de las calvas más notorias del mundo y está casado con la modelo Emma Heming a la que lleva 24 y con la que tiene dos de sus cinco hijos (los otros tres son con Moore). Su última película importante probablemente sea Moonrise Kingdom, donde tenía un papel secundario. Ahora tiene anunciados regresos a territorios conocidos como una nueva de Duro de matar o David Dunn, el personaje que inició en El protegido, tuvo una aparición fugaz en Fragmentado y al que vuelve con Glass, siempre al servicio de M. Night Shyamalan. Estará, además, en la remake de El vengador anónimo, en el papel que hiciera famoso Charles Bronson. Y tuvo un criticado debut en Broadway, con la versión teatral de Misery, la novela de Stephen King que había sido una película con James Caan en su papel.

Pero, al igual que otros actores y estrellas de su calibre (que no hay muchos), Willis se ha dedicado en los últimos años, a dar la cara en proyectos que no parecen a su altura. En defensa propia, que se estrena hoy en Uruguay, juega en esa categoría.

Para la ocasión, Willis vuelve a juntarse con el director Steven C. Miller, con quien ya trabajó en Marauders y The Extraction, dos películas con todo el aspecto de “directo para video”, una categoría poco auspiciosa. Allí también se ubican otras películas recientes de Willis como Precious Cargo, Set up Once Upon a Time in Venice  y Cop Out. Probablemente nunca haya oído hablar de ellas y eso es, créame, un alivio.

Un poco más pretenciosas fueron Los indestructibles, la saga que revitalizó la carrera de muchas estrellas del cine de acción de la década de 1980 o su versión más digna, Red.

Es difícil saber qué ha llevado a Willis a hacer de su carrera un viaje tan irregular. Lo mismo ha sucedido con la elección de proyectos recientes de estrellas como John Cusack o Ethan Hawke quienes se han dejado ver en proyectos de clase B que no parecen acorde a sus ambiciones. Debe haber un código de supervivencia que nosotros, los simples mortales, desconocemos o la aceptación de que se está en medio de un medio de un período de transición hacia nuevos papeles consagratorios; hay quienes piensan que El vengador anónimo lo devolverá a su categoría más estelar.

En En defensa propia, Willis es el centro de una historia policial de esas que ya se vieron otras veces. Acá es un policía de pueblo chico que se cruza con el secuestro de un niño (Ty Shelton) que había ido con su padre (Hayden Christensen, o sea Anakin Skywalker o sea Darth Vader en las Star Wars de la década pasada) de caza como remedio contra el bullying que el niño sufría en la escuela; matar ciervos es la clase de terapia que aprobaría la Asociación Nacional del Rifle. El paseo familiar los convierte en testigos involuntarios de un asesinato entre malvivientes que acaban de robar un banco. Quizás detrás haya una trama de corrupción de la que el sheriff que interpreta Willis —quien atraviesa el papel con un compromiso medio—podría estar implicado. Eso sí que un mal día de caza. La película es la violenta odisea de un padre por rescatar a su hijo en medio de la hostilidad de la naturaleza y de la justicia.

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Trailer de "En defensa propia" con Bruce Willis y Hayden Christensen

Está claro lo que haría (porque ya lo ha hecho) un director como Walter Hill con un asunto como este, pero Steven C. Miller (de quien en Uruguay solo se estrenó Gritos del más allá) es de vuelo rasante. Eso quiere decir que En defensa propia es una película correcta, de esas que se disfrutan cuanto más baja sea la tolerancia al lugar común. La moralidad de la película es la de un ejecutivo de Wall Street (el personaje de Christensen), lo que dice algo sobre la ética de la película. Algunas decisiones que toman los personajes no tiene mayor justificación que la de un guión (un inexperiente Nick Gordon) que no se andan fijando en los detalles. Lo más claro es que ni los malos son tan malos, ni los buenos, tan buenos.

Willis, acá tiene un papel secundario al que aporta, fundamentalmente, su carisma. Ese ingrediente es lo que lo mantiene firme en el pedestal de las estrellas incluso eligiendo películas menores a las que solo alguien como él puede hacer brillar. En defensa propia es un policial como tantos y lo más asombroso es que llegue al cine. Un milagro solo posible gracias a Willis.

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