László Nemes

"No pienso en ganar el Oscar"

Entrevista con el director de “El hijo de Saúl”, nominada a los Oscar.

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"El hijo de Saúl", que es el debut de Nemes se estrena hoy en las salas uruguayas. Foto: Difusión.

El hijo de Saúl, que se estrena hoy en Uruguay, es una de las candidatas al Oscar a Mejor Película en Habla No Inglesa, categoría de las más complicadas de predecir.

A la luz de los antecedente, los criterios por los cuales se guían los votantes de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood cuando evalúan películas consideradas "exóticas", son prácticamente inescrutables. Una de las pocas cosas en las cuales la mayoría de entendidos coincide es que a esa categoría llegan películas que pueden ser desafiantes para un espectador "promedio", pero que casi siempre se trata de películas de alta factura artística. En ediciones pasadas, fueron premiados títulos como La vida de los otros (2006, Alemania), El secreto de sus ojos (2009, Argentina), La separación (2011, Irán), Amour (2012, Austria) o Ida (2014, Polonia). Todas ellas películas muy distintas entre sí. El hijo de Saúl está dirigida por László Nemes, un debutante en el largometraje que aquí cuenta la historia de un hombre sumido en una de las situaciones que menos esperanza ofrece: la de un judío en un campo de concentración, encargado de la tarea de ayudar a los nazis al exterminio de otros judíos. Filmada con actores de varios países, en varios idiomas y con las dificultades propias de ser un primer largometraje, El hijo de Saúl competirá contra El abrazo de la serpiente (Colombia), Mustang (Francia), Krigen (Dinamarca) y Theeb (Jordania). Una vez más, un grupo muy dispar de producciones cinematográficas, unidas solo por el énfasis en los aspectos dramáticos de sus historias. En una conversación telefónica con El País, Nemes dice que tener la chance de ganar un Oscar es motivo de alegría, pero que no se hace ilusiones al respecto. Para él, la película ya es cosa del pasado.

—La película trata un tema, el Holocausto, que ha sido tratado muchas veces. ¿Se propuso un tratamiento lo más distinto posible de lo hecho antes?

—Sí, esa fue la idea: hacer algo que presentara al Holocausto a una nueva generación, y también a futuras generaciones. Una visión que no fuera la percepción clásica de un campo de concentración. Queríamos trasmitir una sensación visceral de lo que era estar en un campo de concentración, estar atrapado en el medio de ese proceso. Así que queríamos encontrar un nuevo lenguaje, un nuevo acercamiento para transmitir eso. La percepción de la audiencia estaba en el centro de esta película, porque queríamos decir cómo se siente un individuo en todo este proceso.

—¿Cómo hizo para lograr una fotografía que resultara tan buena con las limitaciones propias del argumento, dado que casi todo ocurre en sitios cerrados?

—El concepto era hacer una película con un foco muy acotado, y quería trabajar codo a codo con el director de fotografía, Mátyás Erdély, para determinar el look general de la película. Eso fue un proceso que llevó años. Con Erdély hicimos tres cortometrajes antes de esto, y nos conocíamos bien. Tanto así que el trabajo de él y el mío no son distinguibles en esta película. Fue un algo que llevamos a cabo juntos y tuve que aprender mucho sobre fotografía, foco, iluminación. Todo para poder determinar cómo se vería la película.

—Es una película muy dura, ¿piensa que eso le puede restar público, hacerla menos taquillera?

—No, para nada. No debería serlo. La gente va a ver El renacido, una película con una audiencia masiva, y lo que muestra esa película es mucho más duro que lo que se muestra en mi película. Es muy gráfica la violencia ahí. Nosotros dependemos mucho más de la imaginación del espectador, porque mostramos menos. En este sentido, la película es mucho más bajo perfil. Así que no, no pienso en esos términos, en "asustar" a la audiencia. Sí sé de gente mayor que estaba asustada de verla, y que luego la vio y me agradecieron, diciéndome que no la película había desafiado sus expectativas.

—¿Sintió en algún momento dudas artísticas respecto a abordar un tema tan trascendente, sobre todo considerando que es su primer largometraje?

—Creo que al contrario, que especialmente en una primera película hay que tener una intención de ofrecer una visión nueva. Así que dudas artísticas no tuve, pero sí tuve dudas sobre mis capacidades, sobre si podría hacer lo que me había propuesto, tener la coherencia necesaria para poder completar la película, pero nunca tuve dudas del tipo de película que quería hacer, y cómo presentar la historia. Porque realmente pienso que no se puede abordar un hecho de la magnitud del Holocausto de manera práctica. Uno tiene que encontrar una manera radical de abordarlo. Si uno quiere mostrar más, si quiere representar un hecho tan increíble con "más", uno termina con menos, porque termina en un espectáculo, en una sucesión de imágenes. Y nosotros queríamos que el espectador no dependiera de las imágenes, sino de su imaginación. De esa manera, el espectador termina involucrándose a nivel personal. Esa era nuestra meta.

—El tema de la película para usted ¿es concretamente que alguien reciba un entierro digno? ¿O tiene un sentido más amplio y simbólico?

—La idea central de la película es que cuando uno está en el lugar más oscuro posible, donde no existe ni la esperanza ni Dios, incluso ahí puede haber una voz en nuestro interior que nos impulsa a hacer lo correcto. Permanecer humano. Eso es el tema de la película, sobre eso trata.

—¿Piensa en el Oscar, en ganarlo?

—No. La película tiene la oportunidad, porque está nominada. Pero la verdad que no pienso en eso.

—Si la película ganara el Oscar ¿a quién le dedicaría el premio?

—Esta película la hice para los muertos, para todos aquellos que perecieron en el Holocausto y no tienen tumba.

El futuro de un director europeo.

Es bastante común que un director europeo, una vez que alcanza cierta notoriedad, sea tentado para rodar en Hollywood, pero Nemes dice que filmar en Estados Unidos no está entre sus prioridades inmediatas. "No, por ahora seguiré en Europa. Estoy tratando de concretar mi segunda película, que tratará sobre el comienzo de la Primera Guerra Mundial. Sé que en algún momento filmaré en Holly-wood, y tengo ganas de hacerlo, pero por ahora me concentro en lo que será mi segunda película".

Los muchos lenguajes de los sin esperanza.

-En la película se habla en varios idiomas. ¿Cómo fue dirigir a actores que hablaban otras lenguas?

-Bueno, tenía traductores, por supuesto. Y quería transmitir el caos del lenguaje en los campos de concentración, quería decir algo sobre eso. Pero más allá de los idiomas, fue un rodaje que planteó muchos desafíos. Para mí fue duro, porque cada día se presentaba una dificultad distinta. Tomé muchas decisiones de edición mientras filmábamos, pensando que así se nos haría más práctico el proceso de montaje, pero cuando llegamos a esa instancia, descubrí que a pesar de tener opciones limitadas, nos llevó más tiempo del que pensaba. Cada encuadre fue laborioso. Fue un proceso largo.

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