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Las películas de Rocky ahora se pueden ver como si fuera una serie en Netflix

La plataforma de streaming integró a su grilla las ocho películas del boxeador creado por Sylvester Stallone

rocky
Rocky e Ivan Drago, la gran pelea de la Guerra Fría

A Robert Balboa, un muchacho de Pennsylvania que nació en Filadelfia el 6 de julio de 1945, el mundo lo conoció como Rocky, fue campeón del mundo de los pesos pesados y su historia está contada en ocho películas que desde ayer están en la grilla de Netflix.

Rocky es una creación de Sylester Stallone, su único película con Oscar, y que le dio fama y una franquicia autosustentable que ha extendido entre 1976 y 2018. El título mundial solo lo retuvo un rato de la tercera parte y en algunas de ellas está en el rincón o en la tribuna pero su encanto, todo indica, lo ha mantenido inalterable. Es mejor saga que Rambo, la otra franquicia que Stallone ha desarrollado en toda su carrera.

Es, ciertamente, en algunos de sus episodios, algo ridícula, principalmente en la década de 1980 cuando fue vista como una colaboración al espíritu americano de la Guerra Fría. Pero en general sigue siendo el drama de un hombre bueno, un héroe popular que terminó, incluso, con una estatua en su ciudad natal.

Stallone empezó cobrando 23.000 dólares por la primera; 14 años después para Rocky V ya se hizo de 15 millones. Se estima que toda la franquicia recaudó más de mil millones de dólares.

Él mismo escribió las seis Rocky y dirigió cuatro (la dos, la tres, la cuatro y Rocky Balboa, de 2016) y está claro que es un proyecto más personal e interesante que Rambo.

Después de años de papeles en menores (es un bravucón de subte en Bananas de Woody Allen, por ejemplo), Stallone finalmente pudo colocar una historia que había escrito y que se inspiraba libremente Chuck Wepner, un desconocido que peleó Muhammad Ali por el título de los pesos pesados y perdió recién en el último round.

Eso es justo lo que le pasa a Balboa en la primera película de la saga. Un boxeador del montón para abajo tiene la oportunidad de enfrentar al campeón del mundo, el arrogante Apollo Creed. La pelea es pactada para el lucimiento del campeón pero Rocky se lo toma tan a pecho que le aguanta los 15 rounds de pie. Aunque algo atolondrado, tiene tiempo de gritar el nombre de su novia, Adrian (Talia Shire) y el final feliz está asegurado. Stallone escribió el guion en tres días.

Señalado como una de las más flagrantes metidas de pata de la historia de los Oscar (le ganó como mejor película a Taxi Driver, Poder que mata, Todos los hombres del presidente y Esta tierra es mi tierra), a la distancia no está tan mal: es una historia clásica que Hollywood hizo desde siempre, contada con cierto esmero por John G. Avildsen y es una película simplona pero eficaz.

Y la escena en la que sale corriendo de su casa y termina subiendo las escalinatas del City Hall es un gran momento del cine.

“Realmente es una metáfora de la vida”, le dijo Stallone a la revista Variety en 2019. “Era una historia de amor. Rocky se gana la vida boxeando, pero la historia trata sobre su amor por su esposa, Adrian Balboa . El público está del lado del desvalido, y él tenía algo por lo que luchar: ella”.

Aunque la historia de amor seguiría presente incluso después de que Adrian muere de cáncer en 2002 la saga se iría alejando del romanticismo que hace que hoy aquella primera sea la mejor de todas. Las otras son rutinarias, algo tramposas e incluyen rivales históricos como Ivan Drago (Dolph Lundgren), el ruso con el que Rocky libró la batalla más contundente de la guerra fría. En la tercera, Rocky pelea contra Mr. T y ese sí que es otro momento crucial de la década de 1980.

Quizás porque la idea estaba estirándose demasiado, Creed estrenada en 2015 es lo más cercano que está del encanto de la original. Tiene a Ryan Coogler como director (una tarea que por suerte abandonó Stallone) y a Michael C. Jordan como Adonis Creed, el hijo de Apollo, ahora conviertido en pupilo de un Balboa cansado, con tristeza de viudo y manejando su propio restorán. Acompañar al hijo de su amigo muerto (lo mató Ivan Drago en la tercera) es un camino a la redención.

La saga volvería al sendero rutinario y sin gracia en Creed 2 que está más cerca de alguna de las secuelas originales que de un asunto interesante. Aunque estaba de vuelta Ivan Drago acompañado de su letal hijo, Viktor.

La aparición de toda la saga en Netflix permite repasarla como si fuera una serie, lo que no es una mala idea. Es un personaje que, a la fuerza, se volvió entrañable y un poco más humano aunque, vamos, no son ni cerca las mejores películas del mundo.

Pero quién busca eso cuando ve a Rocky sobre un ring con su cara tristona de héroe improbable.

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