corea del norte

Hacer películas a cualquier costo

Editan libro sobre la cinefilia del régimen norcoreano.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
El libro deja bien claro que el amor casi enfermizo por el líder y su potencial.

Es la trama de una excéntrica travesura de Hollywood. Un alto funcionario de un régimen aislado y secretista secuestra a una bella estrella de cine y a un director famoso, y los lleva a su país adonde son obligados a producir películas de propaganda.

El secuestro en 1978 de la actriz surcoreana Choi Eun-hee y su esposo, el director Shin Sang-ok, en Hong Kong, es el centro del entretenido libro de Paul Fischer, Producciones Kim Jong-Il presenta que Océano edita en Uruguay. El cerebro del plan fue Kim Jong Il, un loco del cine que lideró el Ministerio de Propaganda y Cine de Corea del Norte, y luego se convertiría en el líder supremo de su país. (Choi y Shin escaparon en 1986.)

A pesar de que ocurrió hace más de 30 años, la salida del libro en su edición original coincidió con el escándalo internacional provocado por la intención de Sony de estrenar La entrevista, una comedia con James Franco y Setg Rogen, que satirizaba al hijo de Kim Jong Il, Kim Jong Un, el actual líder. La campaña de amenazas consiguió que la película se estrenara en un circuito muy limitado.

Para aquellos que no entendieron por qué pasó eso, el libro de Fischer ofrece información sobre la seriedad con que los líderes norcoreanos se toman el cine. Durante su investigación, Fisher, un productor de cine que creció en París y vive entre Londres y Toronto, vio cerca de 40 películas norcoreanas, incluyendo las propias producciones de Kim Jong Il como Mar de sangre y La chica de la flor.

Fischer pasó una semana en Corea del Norte como turista y visitó los estudios cinematográficos, que redujeron su producción durante la crisis económica y la hambruna de la década de 1990. A pesar de que el país siguió produciendo películas, incluso ganando cierta atención internacional, la industria giró hacia proyectos menos costosos como documentales o dibujos animados.

El gobierno norcoreano ha usado las películas para definir la percepción de un liderazgo divino y benevolente, mientras los extranjeros, particularmente japoneses y estadounidenses, son retratados como amenazas mortales. Bajo Kim Jong Il, los estudios locales estrenaron cientos de películas, dice Fisher.

Las películas eran tan importantes para Kim Jong Il que ordenó el secuestro de la actriz y el director surcoreanos para mejorar su industria. En esos espectáculos nacionalistas, al líder supremo se lo mostraba poco, con la excepción de una biopic hagiográfica. Al actor que hizo de Kim Il Sung, el fundador del país, le hicieron una cirugía plástica para que se pareciera al líder y luego lo mandaron a un campo de concentración cuando terminó el rodaje, cuenta Fisher. Ir al cine era obligatorio. En pueblos sin salas, las películas se pasaban en fábricas y los funcionarios del partido y los espectadores debían debatir tras la proyección.

El gobierno controló las películas que se veían durante décadas, pero su presión sobre el entretenimiento ha caído. Tener material no aprobado tiene pena de muerte. Y sin embargo, los ciudadanos arriesgan sus vidas para acceder a DVD y películas de Hollywood contrabandeadas en puertos USB.

Es una pasión descabellada de la que Producciones Kim Jong-Il presenta, cuenta, de una manera muy entretenida, su episodio más bizarro.

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