Ulises de la Orden

Una película sobre un tema urgente y bastante cercano

El debut cinematográfico de Ulises de la Orden marcó un hito dentro del circuito alternativo porteño. Estrenada en el Malba en 2006, Río arriba estuvo 18 meses en cartel y vendió en ese período 50.000 entradas. La película también funcionó muy bien en España, donde se mantuvo seis meses en el Pequeño Cine Estudio, ubicado en la madrileña glorieta de Quevedo.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
El director.

Con su segundo trabajo en la dirección, Tierra adentro (2011), De la Orden convocó a 20.000 personas. Coproducida por la Universidad Nacional de Tres de Febrero, Desierto verde, su nueva película que se estrena hoy en Montevideo, pone el foco en el problema de los agrotóxicos. El documental tiene un nivel internacional con entrevistas a eminencias en el tema (a favor y en contra) en varias de las grandes ciudades del mundo, y también cuenta la lucha de un pequeño pueblo argentino enfrentado a los grandes productores de soja. Es un muy buen trabajo de investigación.

—¿Cómo se interesó en el tema?

—Cuando estaba terminando Tierra adentro, empecé a escuchar mucho sobre el lado oscuro del fenómeno de la soja. Un historiador de Pergamino que es muy amigo, tiene un nieto que nació con una malformación importante, y lo que aparentemente pasó es que la madre se intoxicó con un agroquímico. Al principio me parecía algo de ciencia ficción, pero a medida que me fui metiendo más en el tema me di cuenta de que estos problemas existen, son graves y merecen atención urgente.

—Los grandes productores de soja dicen que los ambientalistas exageran. ¿Qué conclusiones sacaste vos?

—Parte de la estrategia de las corporaciones es tratar de detener la epidemiología, ya que saben muy bien que la medicina se mueve por estadísticas. Lo cierto es que en diferentes partes de Argentina hubo en los últimos años unos cuantos abortos espontáneos y casos de leucemia y cáncer. Hay un trabajo del Dr. Andrés Carrasco, de la Facultad de Medicina de la UBA, que es muy preciso en cuanto a la toxicidad del glifosato. Y en el resto del mundo hay muchos estudios de este tipo sobre células de animales vivos. Está comprobado que el glifosato es veneno, pero habiendo un negocio multimillonario de por medio, es entendible que éste sea un tema delicado y discutido.

—¿Hay manera de reemplazar los ingresos de la soja?

—No es mi tema, pero este modelo, dicen los que más saben, genera despoblamiento de los campos, pérdida de fertilidad de los suelos, desmonte, contaminación del agua. Y eso redunda en pobreza, que luego es paliada con planes sociales. Si uno contabiliza los problemas que genera este modelo de producción y tiene en cuenta que los beneficios son para un grupo reducido, es fácil concluir que no es muy conveniente. Hay propuestas muy concretas sobre cómo producir alimentos sin contaminar. Lo que no aparecen son propuestas políticas que pretendan modificar este modelo productivo. Por eso es necesario generar conciencia y discusión en torno al tema. Tiene que intervenir el Estado. O, mejor dicho, deben intervenir distintos Estados, porque la soja que se produce en la Argentina se mercadea en Chicago y se la comen los chanchos en China.

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